ALGUIEN TIENE QUE PASAR MIEDO AHÍ ARRIBA


Ayer, una señora que hoy tenía prevista una operación en la que le iban a extirpar siete tumores en el Hospital de Bellvitge, recibió una llamada que le comunicó que su operación había sido cancelada porque los recortes habían provocado el cierre de toda una planta del hospital, y no era posible atenderla. Estamos ya llegando al punto en que las listas de espera que según los políticos no existen se están transformando en una dejación clara de la prestación de servicios públicos -incluso esenciales, como la sanidad- por parte de las administraciones que tienen la obligación de prestar dichos servicios.

Los servicios públicos no son, como pretende hacernos ver la ralea clasista de diferente calaña que gobierna nuestras comunidades autónomas y nuestro estado, un regalo que nos dan desde su magnanimidad, ni una gorda teta a la que nos agarramos los ciudadanos, siempre tan aficionados a la sopa boba. Los servicios públicos -el estado del bienestar- es algo que nos hemos ganado por dos vías: la histórica, mediante luchas y guerras contra la reacción llevadas a cabo por la clase obrera, y la contemporánea, mediante el pago de nuestros impuestos.

Las fuerzas sociales a las que representan los partidos políticos que hoy gobiernan en nuestras comunidades autónomas y nuestro estado, históricamente han resistido a la creación del estado del bienestar y a la universalización de los servicios públicos porque ello suponía la pérdida de privilegios y de riqueza ilegítimamente conseguida. Posteriormente, se han negado insistentemente a colaborar en su mantenimiento institucionalizando un fraude fiscal vergonzoso que aún es una rémora para el progreso económico de España. Ahora están intentando desmantelarlo.

No nos engañemos: la lucha de clases es algo real, palpable. No es una anticualla, ni un residuo del pasado: abran el periódico, la verán por todas partes. Ustedes no son de clase media, eso no existe. No tienen nada que perder: ya lo han perdido todo, porque arriba ya han tomado la decisión de quitárnoslo todo. Da igual el puesto que ocupe usted en su empresa (en muchos casos, da igual incluso que sea el dueño), o su estatus social. Incluso dan igual su patrimonio y sus rentas. Simplemente, póngase ante el espejo, échese agua fría en la cara para despertarse del sueño dogmático del pensamiento único, y decida a solas consigo mismo si es usted explotador o explotado, piense cómo sería su vida sin la existencia de los servicios propios del estado del bienestar, y sin los derechos sociales y sin las libertades políticas que conseguimos en el último siglo. Y no caiga en la tentación de pensar que puede salvarse usted sólo. No va a poder. Continua llegint “ALGUIEN TIENE QUE PASAR MIEDO AHÍ ARRIBA”

LOS MERCADOS FINANCIEROS CONTROLAN EL PRESUPUESTO DE ESPAÑA


La remuneración de los máximos ejecutivos de las empresas del índice CAC-40 de la Bolsa de París aumentó un 34 % en 2011 según Proxinvest.

Presupuestos del Estado español y deuda

La deuda del Estado español o, como los mercados financieros controlan el presupuesto del Estado

Según las estadísticas oficiales, la deuda del Estado español no parece ser un gran problema. No obstante, la especulación en contra de la deuda española no para. Si bien es verdad que el contexto europeo facilita esta especulación, también es importante determinar cuál es la carga de su deuda para el Estado español. Este artículo pretende sacar a la luz esta carga, en un contexto europeo de campañas para auditar las deudas públicas de varios estados.

Contexto europeo

La figura 1 presenta el volumen de deuda pública para cada estado de la Unión Europea en función de su PIB (Producto Interior Bruto), extraído de datos proporcionados por Eurostat respecto al año 2010, el cual es el dato más reciente proporcionado.

En este gráfica, España (en naranja) aparece con una deuda pública ligeramente por encima de los 60%, límite fijado por el tratado de Maastricht, cuando este límite esta alegremente sobrepasado por el conjunto de la Unión Europea y, de la zona euro. Según datos más recientes del Banco de España, el endeudamiento del Estado español estaría en torno al 70% de su PIB a finales de 2011.

No obstante, este nivel de endeudamiento está muy por debajo de los niveles alcanzados por los pesos pesados de la Unión Europea que son Alemania, Francia, Bélgica o Gran Bretaña, a pesar de que la especulación en contra la deuda de estos países sea mucho menor que en el caso del Estado español.

Figura 1. Deuda Pública 2010 en porcentaje del PIB. En rojo los Estados que sobrepasan el límite impuesto por Maastricht, en verde los que lo respetan. Fuente: Eurostat.

Mecanismos de endeudamiento

Para identificar la carga de la deuda en el presupuesto del Estado español, es necesario entender primero los mecanismos de endeudamiento. Si miramos el presupuesto general del Estado para 2011 (figura 2), vemos que los gastos previstos para este año están en torno a los 150 mil millones de euros, cuando los ingresos previstos apenas superan los 100 mil millones de euros. La diferencia entre ambos es el déficit del Estado, el cual se financia por emisión de deuda.

Figura 2.    Presupuestos generales del Estado español para 2011.

Fuente:  Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

La emisión de deuda se puede hacer bajo forma de Letras del Tesoro (con vencimiento a 3, 8, 12 o 18 meses), de Bonos del Estado (a 3 o 5 años) o de Obligaciones del Estado (a 10, 15 o 30 años). Según datos proporcionados por el Tesoro Público, el total de deuda en circulación a finales de 2011 era de 90 mil millones de euros en Letras del Tesoro (corto plazo), casi 150 mil millones de euros en Bonos del Estado (medio plazo), y más de 340 mil millones de euros en Obligaciones del Estado (largo plazo).

Para poder entender bien la deuda, resulta imprescindible diferenciar lo que es la emisión de deuda por parte de un estado, de lo que es contraer un préstamo por parte de un particular o una empresa. Cuando un particular o una empresa contraen un préstamo por un cierto periodo de tiempo, esta entidad recibe a la firma del préstamo el dinero acordado, y durante todo el periodo de tiempo elegido, pagará los intereses generados por el préstamo además del reembolso de la suma de dinero acordado (capital). Es decir, cuando acaba el plazo no queda nada para pagar ya que todo (intereses mas capital) ha sido reembolsado.

En el caso de emisión de deuda por parte de un Estado, solo se pagan los intereses durante el periodo acordado, mientras que el capital se reembolsa a final del periodo (vencimiento). En este caso, el Estado emisor de deuda tiene que encontrar una suma equivalente al capital a la fecha del vencimiento. Lo que suelen hacer los estados en este momento es volver a emitir deuda, lo que les permite recibir nuevamente el capital necesario, y aplazar el reembolso en el tiempo.

Y puesto que la emisión de deuda corresponde al vencimiento de las deudas antiguas, este mecanismo permite hacer desaparecer estas cantidades de los presupuestos del Estado, ya que el dinero recibido por la nueva emisión de deuda es igual al dinero pagado por vencimiento de la anterior. Por lo tanto, el capital de la deuda del Estado reembolsado cada año no figura en los presupuestos del Estado, y la cantidad correspondiente al apartado “Deuda Pública” en estos presupuestos solo se refiere al pago de intereses (27400 millones de euros para 2011, o sea un 18% del presupuesto total). Tampoco aparece la emisión de deuda como una fuente de financiación.

Reembolso de capital

Si estudiamos los presupuestos generales del Estado español a partir de los “libros amarillos”, accesibles desde la web del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, es posible identificar los reembolsos de capital asociados a la deuda del Estado español (ver tabla 1).

Si sumamos intereses y capital reembolsados (o sea lo que constituye el servicio de la deuda) últimamente, vemos que entre 2000 y 2010, el Estado español ha reembolsado más de 3 veces lo que debía en 2000, y sigue debiendo casi el doble.

año

2000

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2000-10

total deuda pública del Estado

305

307

312

309

319

319

313

307

358

475

552

552

Intereses pagados

17

17

18

20

19

19

17

16

17

17

23

200

Capital reembolsado (amortización)

55

56

61

73

70

66

61

59

65

108

146

820

Servicio deuda: intereses+capital

72

73

78

92

89

85

79

75

82

125

169

1020

Tabla 1. Características de la deuda del Estado español en miles de millones de euros. Fuente: Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

Si consideramos los presupuestos del año 2011, podemos ver la repartición de gastos por sección según las cifras proporcionadas por el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas (figura 3). En este presupuesto, la carga de la deuda (en este caso constituida solo por el pago de intereses) corresponde a 18% del presupuesto, mientras se dedica tan solo un 2% del presupuesto a sanidad o educación.

Pero si integramos el reembolso de capital a este presupuesto (ver figura 4), vemos como este corresponde a la mitad (50%) del presupuesto total, al cual cabe añadir el pago de intereses (9%), mientras sanidad y educación se quedan con casi nada (1% para cada ministerio). Por lo tanto, la carga de la deuda del estado español corresponde al 59% del presupuesto total!

También se puede integrar la emisión de deuda dentro de los ingresos del Estado (ver figura 5). En este caso, nos damos cuenta que entre la financiación del déficit y el reembolso de los vencimientos de capital, la emisión de deuda corresponde al 62% de la financiación del Estado! En comparación, impuestos (directos e indirectos) y cotizaciones sociales solo corresponden al tercio de los ingresos (30%).

Estas cifras permiten ver la importancia que tiene la deuda pública en los presupuestos del Estado. La figura 6 opone el reembolso de capital de la deuda a los presupuestos para los años 1995 a 2011. Esta comparación permite evidenciar el aumento drástico de los reembolsos desde el principio de la crisis financiera, aunque los reembolsos de capital hayan sido del orden de o mayores a la mitad del presupuesto de gastos desde 1997 (primeras cifras disponibles).

Figura 3. Presupuestos generales de gastos del Estado español por sección para 2011. Fuente: Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

Figura 4. Presupuestos generales de gastos del Estado español por sección para 2011, una vez integrado el reembolso del capital de la deuda. Fuente: Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

Figura 5. Presupuestos generales de ingresos del Estado español por sección para 2011, una vez integrada la emisión de deuda. Fuente: Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

Figura 6. Presupuestos generales de gastos del Estado español homogeneizado por sección entre 1995 y 2011 y reembolso de capital. Pago de intereses y reembolso de capital aparecen en rojo. Fuente: Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

El futuro previsible

Si miramos hacia 2012, los reembolsos de capital ascienden a más de 130 mil millones de euros (figura 7), es decir, una cantidad de dinero del orden de los que será el presupuesto total de gastos (una vez aprobado). Además, los dos tercios de estos vencimientos corresponden a la deuda a corto plazo, por lo que es muy probable que estos vencimientos se repercutan para 2013 a través de la emisión de nueva deuda a corto plazo para hacer frente a los vencimientos de 2012.

Figura 7. Perfil de vencimientos de deuda del Estado español entre 2012 y 2041. Fuente: Tesoro Público

Además, si consideramos la tendencia actual a la socialización de las deudas privadas, puesta en práctica por el antiguo gobierno y avaladas por el actual, a través de garantías, avales, préstamos y ayudas a los bancos, es muy probable que la deuda total del Estado español vaya a aumentar en un futuro próximo, con un aumento paralelo de los reembolsos de capital correspondientes.

Y estas decisiones no tienen nada de extraño, si nos fijamos en que los mercados financieros proporcionan cerca de la mitad de los ingresos del Estado (casi dos tercios en 2011), muy por delante de los ingresos proporcionados por la ciudadanía (menos de un tercio en 2011). Y por lo tanto, tienen todo el poder de negar al Estado una financiación si sus deseos no se ven cumplidos.

Un futuro alternativo

Ante esta situación de confiscación de las decisiones del gobierno de turno por los mercados financieros a través de una deuda que nunca se acaba de reembolsar, la ciudadanía puede reaccionar. Porque existen instrumentos jurídicos para calificar si la deuda del Estado español es legítima o no, y el derecho internacional permite, y aconseja, no pagar deudas reconocidas como ilegítimas.

Para ello, no hace falta más que auditar la deuda del Estado, mirando las condiciones en las que se emitió la deuda desde el Estado y a que sirvieron las sumas obtenidas. Desde Patas Arriba, consideramos que tal auditoria debería ser ciudadana, es decir, compuesta por ciudadanas y ciudadanos, y no solamente personas expertas, por tres razones:

Primera, permite a la ciudadanía empoderarse en cuestiones del Estado, en las que no suele participar, y como tal, contribuye al avance de una democracia participativa.

Segunda, permite acostumbrar a las administraciones públicas a estar bajo la mirada de la ciudadanía, lo cual también ahonda en la cultura de la participación ciudadana.

Tercera, permite recuperar parcelas enteras de la democracia que se han dejado en mano de las finanzas, aunque para conseguirlo de manera duradera, harían falta otras medidas económicas como impuestos a las transacciones financieras, la supresión de los paraísos fiscales, y la creación de banca pública (lista no exhaustiva).

Por otra parte, también es necesario valorar el carácter ético de pagar una deuda cuando este pago se hace en detrimento de la población, a través de recortes en servicios públicos por ejemplo (educación, sanidad, etc.), ya que según el derecho internacional el bienestar de la población de un Estado es prioritario a cualquier otra necesidad, incluso el pago de deuda.

Para poder conseguir todo esto, no hace falta más (ni menos) que un apoyo contundente de la ciudadanía a la auditoria de la deuda del Estado español. Desde varios colectivos, están naciendo en todo el Estado iniciativas para llevarla a cabo, complementadas por las voluntades de auditar las administraciones locales y autónomas. Juntas, podemos!

Yves Julien

PATAS ARRIBA – Valencia

http://patasarribavlc.blogspot.com/

Desgargar el pdf (con figuras grandes)

En nombre de los castigados


Publicat a LVD

Artículos | 22/06/2011 – 00:00h

El año 2004, todavía estaba lejos la crisis global que nos golpea, Michael Hardt y Antonio Negri publicaron el libro Multitud. Guerra y democracia en la era del Imperio. Negri fue, durante los años sesenta y setenta, uno de los ideólogos principales y más activos de la extrema izquierda italiana. En 1979, fue detenido, procesado y condenado como inspirador de las Brigadas Rojas, aunque él negó tener vínculos con los terroristas. Después de unos años de cárcel y de exilio en Francia (protegido por el presidente Mitterrand), volvió a primera fila en medio del trauma posterior a los atentados del 11-S, reconvertido en pensador de cabecera de los grupos alterglobalizadores. En el libro mencionado, se puede encontrar la doctrina que inspira las consignas del movimiento de los indignados o 15-M: “La autonomía de la multitud y sus capacidades de autoorganización económica, política y social usurpan cualquier función de la soberanía. Así pues, tras haber dejado de ser terreno exclusivo de lo político, la soberanía ha sido desterrada de la política por la multitud. Cuando la multitud es por fin capaz de regirse a sí misma, la democracia se hace posible”. Entendámonos: donde Marx y Lenin escribían proletariado Negri pone multitud. Y la democracia que “se hace posible” es la que querrían aquellos que sostienen que la presente democracia no lo es. Clarísimo.

Si se lee con atención el párrafo de la obra de Negri y Hardt, se pone de manifiesto que (como algunos hemos intentado explicar desde hace días y mucho antes de los hechos violentos contra el Parlament y los diputados) la base ideológica de este fenómeno es la descalificación frontal de las instituciones democráticas en nombre de una masa (la multitud en red) que protagoniza un supuesto proceso insurreccional/revolucionario que trata de fundamentar una nueva legitimidad a partir de cero. Un acampado me lo resumió en otras palabras: “Nosotros no crearemos un partido político ni nada parecido, porque estamos construyendo una nueva realidad donde todo lo que tú defiendes ya no tendrá ningún sentido”. Esta ideología no es nueva, aunque algunos están convencidos de que sí. Lo que es nuevo es el formato en el que se presenta, mediante tecnologías de la comunicación que convierten todo receptor en emisor. La multitud –la masa que dirían Ortega y Gasset o Canetti– no tiene centro, ni portavoces estables, ni una dirección clara, sino que se limita a ocupar el espacio público, literalmente. Así lo hicieron con las plazas, en medio de la simpatía general. Cuando lo quisieron repetir con el Parlament, fueron víctimas de su propaganda emocional y de un cálculo táctico erróneo. Hay una palabra que sirve para denominar el poder de la masa: oclocracia. Como es evidente, todo esto no tiene nada de progresista, es pura nostalgia por un estadio primitivo de pureza ideal en que los individuos, en asamblea permanente, establecían un gobierno perfecto, liberados para siempre de los intereses oscuros de los poderosos.

Continua llegint “En nombre de los castigados”

Amb vidre a la sang


Pulicat a l’ara.cat

ANNA GRAU | Actualitzada el 21/06/2011 00:00

Amb vidre a la sang Mira que escric, jo, molt sovint i de tot, i en canvi dels indignats he procurat escriure’n poc, canviar sempre de tema. Per què? Per una barreja de tendresa, avorriment i angúnia. Això d’estar a la flor de la vida té avantatges i té inconvenients. Avantatges: els veus a venir d’una hora lluny. Inconvenients: els veus a venir d’una hora lluny.

Recordo el primer cop que em vaig adonar del pas polític del temps. Va ser quan la Colla Tripartida duia la seva proposta d’Estatut a Madrid, i els veia sortir del Congrés encantats de la vida, convençudíssims d’haver triomfat. I jo que em desesperava i em deia: però de debò ningú no veu que això acabarà com el rosari de l’aurora? No podríem saltar a l’abisme amb qualsevol altre tema?

Els indignats m’inspiraven més tendresa que els tripartits perquè són les víctimes, no pas els culpables, d’una esquerra espanyola -també catalana, Carod, em sap greu; sisplau, no tornem a Perpinyà- que no va ni amb rodes. Els indignats són els estafats per Robert, la Cabra and cia. Els fills o les tietes del rock’n’roll que els van dir que tenien dret a tot pel simple fet de néixer i s’ho van creure. Que es van empassar que tots som iguals i és el mateix treure’n que posar-hi, esforçar-se més o menys, anar a classe o al bar. Els indignats em cauen bé perquè tenen raó en un profund sentit màgic, el sentit de qui va mamar flors i violes i utopia, que la Mama Estat hi seria sempre, i ara de sobte els han tret el mugró de la boca, i és terrible la gana, però sobretot és terrible la desil·lusió. El pànic orfe.

Continua llegint “Amb vidre a la sang”