UNA DE HISTORIA


La empleomanía crece con fuerza y emparenta la democracia de 1978 con la de la España de la Restauración, en la que pocos se rasgaban las vestiduras porque un ministro convirtiese a su barbero en bibliotecario de El Escorial.

Quien ha pagado los platos rotos de la desmesura no ha sido sino la propia democracia y el crédito que los españoles otorgaron a sus representantes, día a día más castigados por el escepticismo y la abstención.

La crisis económica se instala en España y sacude con fuerza los cimientos de la cultura especulativa y financiera, que se ha impuesto a la empresarial, haciendo nacer una generación de hombres de negocios, especializada en operaciones mercantiles rápidas con gigantescas plusvalías.

Este texto es un estracto del Álbum de la Historia de España, del historiador Fernándo García de Cortázar  (jesuita él). ¿A qué época está refiriéndose? ¿De qué crisis habla?

De Europa llegan ahora los cierres de fábricas, la ruina de la agricultura o las limitaciones a la pesca. Europa exige tantos sacrificios, que muchos comienzan  dudar de una Europa bajo la tiranía del Banco Central Europeo.

Mismo texto, mismo autor. ¿De qué época se trata?

Con el pretexo de Europa, el Gobierno se decide a practicar abiertamente la política neoliberal que siempre desearon aplicar y se ganan el aplauso de la banca y los empresarios. Por el contrario, los sindicatos discrepan y organizan una huelga general.

El paro no cesa de subir y mientras  al cabeza de familia lo echan de su empresa, la mujer acepta un trabajo mal pagado y los vástagos, muchos de ellos con carrera universitaria, esperan con ansiedad el primer empleo. Son la generación mejor preparada de la historia de España, que se pudrirá en las largas listas del paro.

Como antídoto del ocio forzoso, el gobierno impulsa una política de contratación temporal  (Reforma laboral), con la intención de aliviar el panorama, a cambio de empleo de bajo calidad y mal remunerado. Trabajadores de segunda clase, con todas las facilidades para ser despedidos si la situación de la empresa lo aconseja.

¿Qué época de la Historia de España refleja el autor? ¿Qué reforma laboral está enjuiciando? ¿A qué Huelga General hace referencia?

De acuerdo con la moda desamortizadora, los gobiernos de Isabel II echan el ojo a la propiedad municipal, que desde el siglo anterior los ilustrados observaban. Como premio a la lucha contra el invasor francés, las Cortes Gaditanas habían decidido repartirla entre los vecinos, pero se adelantaron los notables lugareños obligando a los ayuntamientos a saldar la deuda que mantenían con ellos a cambio de los terrenos comunales.

Sin dejar de afirmar que pudo haberse hecho mejor, la desamortización logró casi todos sus objetivos. Una cuarta parte del suelo entró en los circuitos comerciales a unos precios baratos pero no regalados, la deuda se redujo a límites soportables y las expropiaciones en masa contribuyeron al desarrollo productivo.

Sin embargo, las ventas no lograron modificar el mapa español de la desigualdad y las tierras siguieron, más o menos, en poder de los de siempre, agigantándose los latifundios en Andalucía, la Mancha y Extremadura, de acuerdo con una tendencia que se acelera en el reinado de Alfonso XIII, al tener que malvender sus bienes los labradores arrruinados por la crisis de final de centuria.

Tras un siglo de revueltas agrarias, los latifundistas sureños controlaban gran parte de la superficie cultivable, gracias a sus alianzas con el gobierno y a los beneficios comerciales derivados de la neutralidad española en la Guerra Mundial.

Los campesinos resultaron los más perjudicados de los nuevos aires capitalistas al perder el escudo que los comunales ofrecían y quedar sometidos al juego de la oferta y la demanda en los contratos de trabajo y en el arrendamiento del suelo.

Ironía de vivir en la despensa de España y no tener con qué dar de comer a sus famílias. Son los pobres de la desamortización, gente desesperada dispuesta a incorporarse a las filas del carlismo o tomar el camino de las ciudades para hacerse proletaria de la nueva industria.

Esta última parte es bastante explícita por lo que no haré preguntas.

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LA TRANSICIÓN CONTADA A NUESTROS PADRES


Hay algunos que dicen que por qué no le dijimos a Fraga lo que pensábamos de él mientras vivía. Siempre lo hemos hecho. Desde que tenemos memoria. Recuerdo cuando protestamos, como estudiantes, en la Universidad Complutense de Madrid, en la Facultad de Políticas, en su clase de despedida.

El tipo que obligó al ABC a publicar unos falsos diarios para encubrir el asesinato del estudiante Enrique Ruano no tenía derecho, entendimos, a despedirse como si hubiera sido una persona de bien. No le bastó querer presentar el asesinato como suicidio, sino que amenazó a sus padres diciéndole que a su hija podía pasarle lo mismo.

Fraga era un franquista, mal tipo, energúmeno, oportunista, agresivo y cómplice de asesinato. ¿Celebrar qué?

Dejo aquí el artículo que salió en Público en abril de 2010. Para los desmemoriados.


A la memoria de Pepín Vidal Beneyto

Mil veces oímos una petición de silencio que hoy resuena con cuento de furia y ruido: “Abuelo, deje de contar batallas”.

Ignoraban los guardianes de los tiempos apacibles que la verdadera batalla no era esa que los viejos apuntaban. Era otra, apenas susurrada, que se contaban a ellos mismos en un silencio de décadas, con complicidad de café, trinchera y cuitas compartidas.

“¡Deje de contar batallas, abuelo!”. Y los apaciguadores, al tiempo, contaban incontables veces su cuento incontinente: “La democracia nos la inventamos nosotros”. Lo dijeron, lo escribieron, lo repitieron, lo exportaron y, quizá –sólo quizá–, hasta se lo creyeron.

Sociólogos corrieron a decir que antes de la Transición no hubo democracia y que, de pronto, ya éramos iguales al resto de Europa; filósofos cambiaron panfletos contra el todo por panfletos por lo que me caiga; historiadores oficiales dieron el pasado como inocuo pasto abierto sólo a anticuarios; sabedores de la política hicieron taxonomías borgianas para que encajara la democracia con un campo sembrado de fosas comunes y desmemoria; matemáticos trazaron la topología que permitía transitar en vez de retornar a la democracia perdida; periodistas y filólogos encontraron en el decir “consenso” una palabra mágica que contentaba a tirios y troyanos (a unos porque no cuestionaba ningún fruto de su victoria; a otros, porque les entregaba una excusa perfecta para explicar por qué eran tan vociferantes y tan poco consecuentes). Burlón este espíritu de la Transición democrática.

La Transición redujo la explicación dolida del pasado a un problema de derechos humanos. En la distancia, todos somos bienintencionados. Por eso era relevante explicar aquella época como una locura colectiva fruto del calor y los tiempos duros. Otras explicaciones sacan el hilo al ovillo y llegan hasta palacios reales, catedrales, cámaras bancarias y mansiones donde siguen los que nunca se fueron. Continua llegint “LA TRANSICIÓN CONTADA A NUESTROS PADRES”

A LA VENTA Y SIN CAMBIOS EL “DICCIONARIO BIOGRÁFICO” DE LA ACADEMIA DE HISTORIA


 

La Real Academia de la Historia volvió a poner a la venta el Diccionario Biográfico Español la semana pasada sin anunciar ningún cambio y con serias disensiones en el núcleo de la institución sobre los trabajos que está realizando la comisión encargada de modificarlo.
El Congreso de los Diputados dio de plazo hasta el pasado mes de octubre para que la academia revisara una obra que, tal y como adelantó Público en mayo de 2011, incluía una hagiografía de Franco y que costó al erario público 6,4 millones de euros.

Desde que el pasado mes de junio se designara la comisión de revisión del diccionario, varios acontecimientos han provocado las quejas de algunos académicos que no están conformes con la labor que se está realizando.

“Parece ser que se ha desistido de incluir voces alternativas y se van a mantener las conflictivas. Es decir, que la entrada de Franco va a seguir igual”, revelaba un académico ayer a este periódico.

La comisión de revisión estuvo compuesta inicialmente por Miguel Artola como presidente, Carmen Sanz como representante de la RAH y un historiador externo, Juan Pablo Fusi. Sin embargo, según revelaron fuentes de la institución, en septiembre se anunció la dimisión de Artola como presidente y una nueva configuración de la comisión.

“No hubo explicaciones. Oficialmente, se habló de que Artola se había roto una pierna, pero parece ser que no estaba conforme con el enfoque que se le estaba dando al proceso de modificación”, reveló el académico.

La comisión se reconstruyó. Sorprendentemente, no se sustituyó a Artola como presidente por Carmen Sanz, sino por otro académico, Faustino Menéndez Pidal. Además, se añadieron más integrantes: Carmen Iglesias, Vicente Pérez Moreda y otro historiador externo a la academia, José Varela Ortega.

Desde el mes de septiembre, la comisión no ha transmitido ni un solo informe del progreso de los trabajos en las reuniones semanales de los académicos. “Había rumores de que hoy [por ayer] informarían, pero finalmente no se dijo nada”, explicó dicho académico.

Comisión con candado
El silencio se ha convertido en la norma. Ayer por la mañana, Juan Pablo Fusi se limitaba a confirmar que siguen “trabajando en la revisión”. “Es mucho trabajo, son más de 40.000 voces. Aunque no se revisan todas, nos está llevando mucho tiempo”, reveló, sin querer añadir detalles sobre qué cambios se van a realizar.

La información a los académicos llega con cuentagotas. “Ha habido rumores de que están constatando que había demasiados militares fachas y que había que compensar, pero poco más. La comisión trabaja sin decir nada y sin que los académicos tengamos acceso”, señaló la misma fuente de la RAH.

En su momento, el presidente de la RAH, Gonzalo Anes, se cerró en banda a cambiar ni una coma del diccionario, alegando que la responsabilidad de los textos es de cada autor.

Sin embargo, tras la presión de la opinión pública (historiadores, catedráticos de universidad, asociaciones por la memoria histórica…) e incluso del exministro de Educación Ángel Gabilondo habló de la posibilidad de que se creara un anexo con biografías alternativas y con correcciones en la versión digital.

“Del anexo se ha desistido, no va a haber Franco bis”, señaló el académico.

La academia se comprometió en junio a presentar “un primer informe en el mes de octubre”. Sin embargo, el informe nunca llegó. “Tantos meses sin saber nada es excesivo”, concluyó dicha fuente.

Mientras tanto, en la web de la academia, http://www.rah.es, una límpida fotografía de los tomos anuncia el regreso a la venta de la obra, por 3.500 euros.

Fuente: http://www.publico.es/culturas/421494/el-diccionario-biogra-co-a-la-venta-sin-cambios

Deporte, Política y Hegemonía: El Caso de Las Olimpiadas de Berlin


En 1936 la organización de los Juegos Olímpicos correspondía a Berlín, capital de la Alemania nazi. Para hablar de esto hemos de situarnos en un contexto histórico en el que Hitler no era visto como hoy en día. Eran muchos en todo el mundo los que aun no siendo nazis simpatizaban con él: desde políticos derechistas hasta grandes empresarios aceptaban aquellas leyes represoras y racistas a cambio de frenar al movimiento obrero y de hacer grandes negocios.

Imagen de los juegos olímpicos de 1936, en el Berlin nazi.

Hitler no pensaba dejar pasar la oportunidad y quería aprovechar los Juegos Olímpicos para mostrar al mundo el ejemplo del sistema nacionalsocialista, la superioridad de la supuesta raza aria, y sobre todo ofrecer la visión de Alemania como un país más, con sus problemas como cualquier otro lugar, pero un país más.

Precisamente esa era la justificación del Comité Olímpico Internacional para que el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) organizase estos juegos: Alemania era un país del mundo más y quienes se oponían a sus Olimpiadas estaban mezclando deporte y política. Sí, porque también hubo oposición. Continua llegint “Deporte, Política y Hegemonía: El Caso de Las Olimpiadas de Berlin”