Dime con quién andas…

EL CRISOL – Pascual Mogica Costa
“No se trata, no pretendo, en absoluto, desenterrar los fantasmas del pasado, sino de desenterrar, eso sí, a los que no disfrutan de una sepultura digna y tratarlos como personas que como tales, son merecedoras del máximo respeto”.
El pasado día 10 se cumplieron 17 años del secuestro de Miguel Ángel Blanco perpetrado por la banda terrorista ETA, el cual fue encontrado gravemente herido falleciendo dos días después, el 12 de julio de 1997, como consecuencia de los disparos efectuados por esos desalmados. Miguel Ángel Blanco era concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Ermua y a su muerte tenía 29 años de edad. Su asesinato dio lugar al nacimiento del llamado Espíritu de Ermua, un movimiento de condena unánime a la violencia terrorista, aunque todos los españoles de bien hemos ejercido esa unanimidad en cada ocasión en la que ETA asesinaba. La banda terrorista exigía a José María Aznar, en aquel entonces presidente del Gobierno de España, como condición para poner en libertad a Miguel Ángel Blanco, el acercamiento de los presos etarras a cárceles del País Vasco. Aznar no cedió a esta exigencia y ETA asesinó al joven secuestrado. A lo largo de 1997 Aznar autorizó el acercamiento de 15 etarras a las cárceles vascas y el 19 de diciembre de 1998 nueve de los más peligrosos y violentos terroristas etarras también disfrutaron de ese acercamiento. Como se puede ver Miguel Ángel Blanco podría estar hoy entre nosotros a poco que Aznar hubiera actuado como lo hizo cuando ya la cosa no tenía remedio.
En estos pasados días con motivo del aniversario de la muerte del malogrado joven, algunos medios de comunicación han recordado este salvaje asesinato, aunque nos lo suelen recordar muy a menudo, tanto es así que hay momentos en los que pienso si es que las demás víctimas de la barbarie de unos locos no cuentan, pero este recordatorio me ha traído a la memoria a algunos que fueron secuestrados y posteriormente asesinados por ETA. Personas tales como: Ángel Berazadi, Javier Ybarra, Alfredo Ramos, José Ustarán, José María Pérez y José María Ryan. Todos ellos son dignos de mención por la similitud de las circunstancias de su muerte con la de Miguel Ángel Blanco, secuestrados y asesinados, pero quiero referirme en particular a la del ingeniero José María Ryan asesinado por ETA el 6 de febrero de 1981 después de que fuera secuestrado el 29 de enero, fue encontrado en un camino forestal atado y amordazado y con un tiro en la cabeza. Ryan tenía 38 años, era una persona joven y tenía cinco hijos, era el ingeniero jefe de la construcción de la central nuclear de Lemóniz y ETA exigía a cambio de su liberación la paralización y demolición de las obras efectuadas. Tras unos años aplazadas las obras, estas fueron definitivamente paralizadas en 1984. Pero se actuó, como en el caso de Miguel Ángel Blanco, tarde y mal. Los cinco hijos de Ryan no recuperarían a su padre. Como se puede ver el caso de Ryan es casi un calco de lo que le ocurrió al joven concejal del PP, sin embargo no se menciona, nunca se ha hecho, el aniversario de tan trágico asesinato. Ni el de Ryan, ni el de algunos cientos de víctimas más, todas ellas dignas del recuerdo, ocasionadas por una banda de descerebrados. Ambos asesinatos el de Blanco y el de Ryan se hubieran podido evitar cediendo el Gobierno de turno a su debido tiempo. Cosa que hicieron poco tiempo después de haberse producido. En 2001 el Gobierno de Aznar le concedió a Ryan una medalla.
Brevemente citaré el inadmisible agravio comparativo que sufren los que en nuestra Guerra Civil murieron defendiendo la legalidad de la II República, estos permanecen indignamente enterrados en las cunetas de las carreteras y en fosas comunes mientras los que murieron a las ordenes de los golpistas, los considerados como “Gloriosos caídos por Dios y por España”, están, como corresponde a todo ser humano, dignamente enterrados a lo que no tengo nada que objetar. No se trata, no pretendo, en absoluto, desenterrar los fantasmas del pasado, sino de desenterrar, eso sí, a los que no disfrutan de una sepultura digna y tratarlos como personas que como tales, son merecedoras del máximo respeto. A más del sufrimiento y de la frustración que esto produce a sus familiares hay que añadir las malintencionadas palabras de uno de los voceros del PP, el diputado Rafael Hernando, un sujeto cuya catadura moral él mismo pone en tela de juicio al decir, entre otras barbaridades, que los familiares de las víctimas del franquismo solo se acordaban de sus padres desaparecidos durante la Guerra Civil y la dictadura cuando hay subvenciones. Menos mal que al parecer no se acordó de que los familiares de las víctimas de ETA también reciben subvenciones, si no es muy posible que se hubiera referido también a ellos. Vamos, creo yo que lo hubiera hecho.
En fin, como señala aquel dicho: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. No, no lo digo en el sentido peyorativo que siempre se le suele dar a esta frase, lo hago en función de la diferencia en el trato que supone el pertenecer a un partido político u otro o a ninguno, o haber ganado o perdido una guerra. Aunque se dice que ante la muerte todos somos iguales, también se afirma que posteriormente las pompas fúnebres se encargan de restablecer las diferencias que entre unos y otros existieron a lo largo de su vida. Ya lo he dicho en otra ocasión: Dicen que todos somos iguales, pero hay algunos que son más iguales que los otros.

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