Este es un país de desmemoriados

EL CRISOL – Pascual Mogica Costa
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“¿Por qué sonreía la esposa de Urdangarín? Ella sabrá. Hay a quien los nervios le provocan la risa o la sonrisa. Quién sabe”.
Que va a decir un modesto aficionado como yo ante lo que ya han comentado prestigiosos comentaristas sobre la comparecencia de la Infanta Cristina, ante el juez José Castro, poco, muy poco, pero me gustaría comentar algunas de las cosas que se han dicho y escrito por parte tanto de los protagonistas, la Infanta y sus abogados, y algún periodista. Comienzo por el final y a este respecto me parece oportuno resaltar una frase de Matías Vallés, en la que dice: “Si todas las personas tan ignorantes como se proclama la Infanta, son inocentes, hay que vaciar las cárceles”. La frase no tiene desperdicio y sí, mucho acierto y una enorme carga de lógica.
Con esta declaración ante el juez Castro, ha resurgido de nuevo el sentimiento amoroso y sobre todo el que la princesa dispensa a su esposo Iñaki Urdangarín, pero tal y como yo lo veo o creo entender, se puede decir eso de que “hay amores que matan”, el caso es que tal y como se desprende de las manifestaciones de la hija menor del Rey ante el juez, creo que se nos plantea una interrogante que en mi opinión no es otra que la de formularse la pregunta de ¿quién ha matado a quién?, porque la verdad es que la Infanta ha dejado a su esposo, no ya solamente al pie de los caballos como muy bien han dicho muchos columnistas, y “más solo que la una”, pero por otro lado el causante de la muerte, o de dejar en grave, gravísimo estado de salud, a la Monarquía, ha sido, qué duda cabe, el antiguo jugador de balonmano que ha lanzado un “tiro a puerta” que ha dejado muy maltrechas las puertas del Palacio de la Zarzuela.
Otra cosa que me ha llamado la atención ha sido la entrada de la Infanta a los juzgados de Palma luciendo una encantadora sonrisa, como si la cosa no fuera con ella. Yo recuerdo que cuando la actual alcaldesa de Elche, Mercedes Alonso, me planteo una querella, en defensa de su honor y de su imagen, por cierto la planteó asistida por su abogado, que por cierto era y es su esposo, previa investigación de los bienes que yo poseía, esto se puede comprobar en el acta del acto de conciliación que se celebró en su día. No sé porque lo harían pero me lo figuro. Mi abogado estaba seguro de que aquella querella no iba a ninguna parte, efectivamente el juez la archivó, pero ello no evitó el que yo me presentara en el juzgado preocupado y por tanto sin mostrar la única parte que se ve de nuestro esqueleto: los dientes. Hay una cosa de la que muchos se olvidan y esto le ha ocurrido a la Infanta: No saber, al menos, guardar las formas. ¿Por qué sonreía la esposa de Urdangarín? Ella sabrá. Hay a quien los nervios le provocan la risa o la sonrisa. Quién sabe.
Pero centrándome en el título de este comentario, he de poner de manifiesto la sorpresa que me produce la facilidad con que todos y cada uno de aquellos que se sientan en un banquillo para ser interrogados por un juez, pierden la memora, “no recuerdan”, “no les consta” “no saben nada de eso”, y lo mismo le ha ocurrido a la Infanta. Hace ya muchos años recuerdo que en las farmacias se vendía, no sé si se expedirá aún, un fármaco que se conocía con el nombre de “Fósforo Ferrero”, era un reconstituyente del que se decía que entre sus propiedades se encontraba la de “reforzar” el cerebro y mejorar la memoria. Creo que caso de que ya no se fabrique debería recuperarse. La pérdida de memoria es algo que se está convirtiendo en un problema serio que afecta a personas que siempre han demostrado tener una mente clara y una memoria prodigiosa. Digo esto porque a Miquel Roca, para mí una mente brillante, defensor de la Infanta, dijo después del acto judicial que la Infanta ha colaborado con la Justicia “sin ningún tipo de privilegio ni aforamiento”. Mal va de memoria el señor Roca, pues él, que fue uno de los “padres” de la Constitución, debería saber que el artículo 102.1 de la CE cuando habla sobre el aforamiento dice lo siguiente: “La responsabilidad criminal del presidente y de los demás miembros del Gobierno será exigible en su caso ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo”. El aforamiento solo es un privilegio, que por cierto no veo el porqué de ello, de los miembros del Gobierno y de los cargos electos que pertenezcan al Senado, al Congreso de los Diputados y a los diputados autonómicos. Por tanto está claro que la Infanta no tiene derecho a ese privilegio que, insisto no debería existir, si es cierto eso de que “todos somos iguales ante la ley”, cosa que yo pongo en duda. Por tanto al señor Roca o le falla la memoria, o ha querido confundirnos o se ha excedido en lo que a su celo profesional se refiere al intentar defender la inocencia, la buena imagen y la buena disposición de su clienta a no hacer uso de un privilegio que en absoluto le corresponde. Me ha desilusionado el señor Roca.

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