¿Qué van a comer los trabajadores?

EL CRISOL – Pascual Mogica Costa
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“Esto es caballa, companaje de batalla para el trabajador que sufre y calla”.
Desde tiempos remotos hasta los años 60, los trabajadores siempre han soñado con comerse un buen “bocata” de jamón, aquello era algo de ensueño por lo caro que resultaba este producto porcino. De siempre, en unos tiempos los esclavos y el pueblo, los trabajadores, han subsistido gracias a los salazones, aún quedan vestigios de grandes instalaciones de la época romana en distintos lugares de nuestra geografía donde se salaba el pescado que era lo que alimentaba al pueblo. En nuestro país los salazones han “matado” mucha hambre, era un producto barato al alcance de las maltrechas economías del populacho y por tanto era el alimento base. Recuerdo un verso de un poeta ilicitano, de Elche, cuyo nombre lamento no recordar, que decía mostrando un trozo de caballa salada: “Esto es caballa, companaje de batalla para el trabajador que sufre y calla”. Si el bocata de jamón era algo inalcanzable en cambio los productos del mar en salmuera y salados secos, estaban al alcance de todos los trabajadores, del pueblo. La mojama, la hueva, el bonito, el bacalao, la caballa, el atún, salados y secados al sol, las anchoas en salmuera, las sardinas saladas, el atún y las anchoas en aceite, era algo que el exhausto bolsillo del trabajador podía asumir, aunque las urticarias y los salpullidos por el consumo de estos productos eran muy frecuentes, pero o se comía eso o se pasaba hambre. De jamón nada de nada.
Pero los tiempos han cambiado y la comida de los pobres, los salazones, han pasado a ser productos solo al alcance de los económicamente pudientes. Esos que antes he enumerado han pasado a ser alimentos de lujo prohibidos para los trabajadores, que sólo pueden adquirir pequeñas porciones “aunque sólo sea para probarlo” solemos decir. A los trabajadores se les ha quitado hasta su alimento tradicional por su precio altamente prohibitivo. Le cuento, querido lector, y esto es rigurosamente cierto, que allá por 1980 sufrí unos problemas de salud y el médico me diagnosticó que mi dolencia era la hipertensión. Esto fue a principios de verano, época en la que por estos pagos solemos, solíamos, “pegarle” a la mojama y a la hueva de atún y le pregunté al doctor si podía comer algo de ambas cosas, la respuesta del galeno fue la siguiente: “Si te lo puedes comprar, sí”. Esto nos da una idea del precio alcanzado por lo que durante siglos fue el alimento de los trabajadores, del pueblo.
Pero llegó un tiempo en que el populacho pudo ver realizado su sueño de poder comerse un buen bocadillo de jamón, fue cuando los ricos descubrieron que los salazones eran tanto o más sabrosos que el pernil y se inclinaron por los productos del mar. El jamón, no el “ibérico”, claro, sino el “normal”, bajó su alto precio hasta una cota más o menos asequible para los bolsillos de los ciudadanos de a pie. Se cumplió el deseo, aunque el jamón no fuera el de “lujo”, el “bueno” de verdad y todos pudimos hincarle el diente a aquel, durante siglos, soñado bocata de jamón. Pero en cambio los trabajadores perdieron el placer y el “privilegio”, forzado “privilegio”, de tomarse una buena y fresca cerveza, un fresco “Ricard” o una “paloma”, agua fresca y aguardiente, acompañados de unos trozos de mojama o de hueva de atún. Este fue uno de los primeros “privilegios” que perdieron los trabajadores, después y muy recientemente, se han perdido otros muchos y los que se perderán y que alguno de ellos tiene mucho que ver con la pérdida de su poder adquisitivo. Lo malo de esto último es que aquel “companaje de batalla” del que hablaba el poeta ilicitano ya ha dejado de serlo para convertirse en un regalo de lujo para el paladar.
He dicho todo lo anterior porque leo en un periódico que Esperanza Aguirre, la expresidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, publicó en Twiter una foto en la que a través de una ventana se veía a un hombre cortando un jamón y al fondo se podían ver las siglas de Comisiones Obreras. Junto a la imagen Aguirre escribió: “Afinando el violín” el sarcasmo y la intención no hace falta describirlo, por lo visto nos quieren dejar también sin el bocata de jamón. Entonces… ¿Qué van a comer los trabajadores? Incluyo también a los que votan a la derecha.

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