ANTIPATÍA de Antoni Puigverd

De vez en cuando, veo el serial de TV3 de sobremesa y constato que siempre que dos personajes discuten, acaban mandándose al cuerno. La mayor parte de las conversaciones se resuelven con uno de los personajes marchando enfadado y dejando al otro con la palabra en la boca. Los culebrones costumbristas pretenden reflejar los usos sociales más corrientes y es muy posible que los guionistas de este serial hayan llegado a la conclusión de que, en nuestros pagos, es cada vez más difícil mantener una discusión razonable o una conversación discrepante que no acabe con la desautorización mutua y radical de los oponentes. Esta tendencia a la negación radical del otro encuentra en los días de lluvia un correlato metafórico. Circular por la acera con el paraguas abierto se ha convertido en una experiencia literalmente chocante: muy pocos peatones tienen en cuenta que los demás también llevan el paraguas abierto. O bien chocas contra ellos; o bien ladeas constantemente el paraguas a fin de que ellos puedan pasar sin ceder un pelo.

Cada individuo va por la calle conduciendo un tanque. No ve más que enemigos a su alrededor. No está dispuesto a ceder el paso; no tolera que alguien ose sugerirle que ceder el paso sería bueno, sensato o pertinente. Esto también ocurre en ámbitos más íntimos: cada vez es más difícil cenar en paz con amigos de ideas políticas diferentes a las tuyas. En Catalunya, en los últimos tiempos, se está imponiendo una nueva ley no escrita: mejor no hablar de política. “¡Pero si todo el mundo habla de política!”, me dirán. Sí, pero sólo cuando están seguros de contar con el clima favorable. Se habla de política sólo en los búnkers y trincheras.

En este contexto, no puede extrañar la evolución de la política catalana: la lenta pero visible desaparición de los grandes partidos centrales. Convergència magnetizada por ERC; y el PSC cada vez más sugestionado por Ciutadans. Los partidos o corrientes pequeños que, por definición son monocolores, ideológicamente puristas y muy dogmáticos, ahora están cobrando fuerza. Y, en cambio, los grandes grupos, tradicionalmente ambiguos y matizados, ahora tienden a achicarse fagocitados por los dogmatismos de los partidos menores. El proceso de merma de los grandes partidos y de crecimiento de los pequeños convertirá la gobernación catalana en un objetivo más difícil todavía; pero éste no es el problema. El problema es otro. A pesar de que en Catalunya se consolidan cada vez más partidos, crece la orfandad de aquella franja civil que, según las encuestas, sigue siendo la mayoritaria: la que quisiera encontrar el camino del medio, aunque esté muy emboscado. La claridad y el purismo ideológicos han tenido siempre prestigio, pero, en sociedades complejas y plurales como las nuestras, generan más problemas que beneficios. Son corsés que comprimen las carnes plurales y ambiguas del país y nos encaminan hacia una sociedad muy sincera y confrontada, sí, muy deseosa de ser sólo española o sólo catalana, sí, pero en la que imperará, más que la libertad, la antipatía mutua.

http://www.caffereggio.net/2013/06/07/antipatia-de-antoni-puigverd-en-la-vanguardia/

One thought on “ANTIPATÍA de Antoni Puigverd

  1. nuncamàis

    Si, senyor Puigverd, Però vostè oblida que, de tan estirar la corda, TRAMPA RERA TRAMP, els lladregots de Ponent, fins i tot han convençut a persones de Centre com al senyor Jordi Pujol de que amb els lladres NO ES POT FER ALTRA COSA QUE ENFRONTAR-SI D’UNA PUTA VEDADA ABANS DFE QUE ACABIN ROBANT-NOS EL MÍNIM IMPRESCINDIBLE.

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