Desastres sin autor

EL CRISOL – Pascual Mogica Costa
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Título: Desastres sin autor
“Ha tenido que ser gracias a uno de esos periodistas honestos, profesionales y conscientes de que las cosas hay que situarlas dentro de ese contexto de transparencia que todo acontecimiento anormal requiere”.
Afortunadamente los españoles aún podemos guardar la esperanza de que los medios de comunicación serios y la profesionalidad de algunos periodistas nos informen con toda claridad de lo que acontece en este país al propio tiempo que consiguen que casos que los políticos o la justicia resuelven con bastante opacidad y en muchos casos con una gran dosis de oscurantismo que en ocasiones suele ser escandalosos, puedan aflorar de nuevo y que estos vuelvan a ser revisados con la amplitud y la diligencia que el caso merece. Uno de estos casos fue el del Yak-42 en cuyo accidente, hace unos pocos días que se cumplieron 10 años del mismo, evitable si se hubiesen tenido en cuenta las denuncias de los militares que se veían obligados a viajar en aquellos ataúdes volantes, cuyas tripulaciones y aviones no estaban en condiciones para volar con un mínimo de seguridad. No hubo culpables, no hubieron responsables, la cosa se zanjó condenando a un general y a dos de sus subordinados, no por haber alquilado esos aviones llenos de problemas técnicos y humanos, sino por haber entregado 30 cuerpos, de los 63 militares que fallecieron, a sus familias habiendo sido identificados erróneamente. Como siempre hubo un chivo expiatorio: El general condenado y no los responsables políticos, que alguna responsabilidad deberían tener, claro que en España las responsabilidades políticas no existen.
Otro tanto ocurrió con la tragedia del accidente del Metro de Valencia donde fallecieron 43 personas, en este caso el “culpable” fue el maquinista que falleció en el descarrilamiento. Como es sabido en las Cortes Valencianas se formó una comisión de investigación que no sirvió para nada. Posteriormente la justicia también archivó el caso aunque tres meses después lo reabrió sin que se avanzara ni un palmo en el esclarecimiento del porqué se había producido tan fatal desenlace. Ha tenido que ser gracias a uno de esos periodistas honestos, profesionales y conscientes de que las cosas hay que situarlas dentro de ese contexto de transparencia que todo acontecimiento anormal requiere, me refiero a Jordi Évole, el cual con su entrevista a un extécnico de los Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana (FGV) salió a la luz el manual que FGV encargó a una empresa de comunicación y que el exempleado conservaba, y basándose en el mismo, los “responsables” de FGV establecieron una serie de “clases lectivas”, a la que acudieron aquellos empleados de la empresa que iban a ser llamados a declarar ante la comisión sobre lo que tenían que responder y que como es sabido se dio el caso de que todos respondían lo mismo a las preguntas de sus señorías. La cosa quedó “clara” y la comisión se cerró y como era de esperar no encontró responsable alguno, salvo al malogrado maquinista. Posteriormente “profesores” y “alumnos” se fueron a “zamparse” una mariscada pagada con dinero público para “celebrar” la “victoria”. Ante esto yo puedo comprender las razones que llevaron a algunos a prestarse a declarar según el manual, a lo mejor, es posible, se les amenazó con plantarlos en la calle, pero lo que no tiene disculpa alguna es que se fueran a comer marisco por lo “bien” que habían quedado en el “examen”. Eso es una sinvergonzonada. Quiero resaltar le “entrevista” que Jordi Évole, le hizo en la calle al actual presidente de las Cortes Valencianas Juan Cotino, que jugó un papel importante en aquellos días posteriores al suceso, el lugar era el correcto, el que correspondía: la calle, es en la calle donde se instalan los escaparates para que todo el mundo pueda ver la “calidad” y el “diseño” de las “prendas” que se exponen al público para que este se percate del “pelaje” del “género” que se expone.
Sabido es que los familiares afectados han estado luchando en solitario durante muchos años para que se esclarecieran los hechos, pero a raíz de lo que se vio y se oyó en el programa “Salvados” el apoyo ha sido masivo y miles de personas se manifestaron en la calle apoyando a los familiares y pidiendo que se aclare la verdad de lo que sucedió. Porque algo extraño sucedió, sino el porqué de ese “manual de instrucciones”. ¿Tenían los responsables de FGV algo que esconder? ¿Por qué ese miedo? Cuando las cosas están claras y se han hecho de forma correcta no hace falta aleccionar a nadie para que declare aquello que pueda ser cierto. Quien huye algo teme. Cuando el PP ganó las elecciones autonómicas ese portento llamado Esteban González Pos, declaró el 16-06-07 que “su victoria –la del PP- el 27 de mayo zanjó la culpa política en el accidente del metro”. Cuando dijo esto los valencianos no sabían lo que ahora conocen. Ante todo esto la fiscalía ha reabierto el caso, veamos si a la tercera va la vencida.
Acabo dando las gracias a esos periodistas honrados y muy profesionales que trabajan y luchan a diario buscando la verdad, y mi repulsa a esos otros que, según los veo yo, son precisamente los que con su actitud dejan en muy mal lugar a tan digna como hermosa profesión.

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