UN PAÍS TAN VIVO COMO DESGARRADO por Antoni Puigverd

CiU y PSC, agotados y heridos, ¿sabrán reconstruir la mutualidad y la convivencia?

Elecciones catalanas | 26/11/2012 – 00:00h

Catalunya es una sociedad muy viva, discutidora y deliberativa (lo que no impide que en su interior, como en América, exista un núcleo de ciudadanos ausentes, más que absentistas). Desde que Pujol se jubiló y desde que el PSC estropeó el gran paraguas del proteccionismo social, esta sociedad en constante discusión sobre qué es, cómo debe ser y adónde quiere ir, no ha creado ni un nuevo liderazgo ni una gran estructura capaz de articular a sus fragmentos sociales y culturales. Mas se ofreció como líder al viejo estilo. Ha fracasado. La sociedad catalana es demasiado compleja para un discurso unívoco.

La crisis ha golpeado a CiU. No se contaba con ello, porque la ola catalanista eclipsaba el malestar social. Un malestar que ha pasado por encima de la personalidad (liberal, además de nacionalista) de quien pedía las manos libres para llevar el país a un puerto nuevo. Catalunya acaba de decir que no tiene gran confianza en Artur Mas. El líder de CiU sale de esta prueba con la espada casi tocándole el corazón. El rumbo de Catalunya ya no depende de él, sino del aliado que elija (o que pueda elegir). El malestar social ha pesado mucho en estas elecciones (como sucede en toda Europa). Y la caída lenta del PSC, así como el techo de ICV, dejan este malestar en manos de sectores nuevos. Una radical fraternidad, la CUP, llama a la puerta de la política catalana. Idealista y filantrópica, que entronca con el primer anarquismo.

La manifestación del Onze de Setembre ya dejó claro que el catalanismo camina solo, tiene prisa y no se anda con chiquitas. ERC ha salido con gran vigor del pozo del tripartito. Ha recuperado la llave perdida. Pero la vía hacia la independencia que exigirá Esquerra (partido contrario a la austeridad impuesta por el directorio europeo) sitúa a CiU ante un rompecabezas. O bien opta por abrazarse a los republicanos dejándose ir por un tobogán que no controla; o bien busca una difícil alianza con el PSC, partido que, a pesar de haber obtenido un triste resultado, está en condiciones de hacer más política que nunca (si sus dirigentes saben jugar bien las cartas). El ascenso fenomenal de Ciutadans, sumado al buen resultado del PP, demuestra que teníamos razón los que definíamos el PSC histórico como un airbag.

Ahora el cojín es tan delgado que el choque de trenes en el interior de Catalunya entre españoles y catalanes empieza a ser verosímil. Es más posible hoy que ayer y menos que mañana. En un extremo están Ciutadans y PP; en el otro Esquerra y la CUP. En su lógica, estos dos polos tienden a un antagonismo fratricida. ¿Tendrán energía CiU y PSC, las fuerzas centrales, ahora agotadas y heridas, para reconstruir el espacio de la mutualidad y la convivencia?

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