La soberanía nacional


EL CRISOL    –    Pascual Mogica Costa

     

    “Es lamentable la maniobra que se ha orquestado desde el ministerio del Interior elaborando informes policiales que el juez ha rechazado por considerarlos improcedentes”

    De todo lo dicho a raíz del auto decretado por el juez Pedraz me quedo con la parte que se refiere a los insultos hacia el magistrado tachando a este de “pijo ácrata”, esto nos da la medida de la categoría y del nivel político y verbal del que los profirió que no es otro que el portavoz derechista Rafael Hernando. Me quedo también con lo dicho por juez cuando se refiere a la “decadencia de la denominada clase política” opinión con la que estoy totalmente de acuerdo. Se me ponen los pelos de punta cuando pienso como se hubiera desarrollado el proceso de transición de la dictadura a la democracia si a los actuales actuantes del circo político les hubiera tocado “actuar” en esa época. A estas horas es muy posible que aún anduviéramos dándonos de bofetadas unos a otros. La mediocridad es la nota imperante entre los actuales políticos.

    Me quedo con lo de la decadencia política y con lo dicho por responsables del Sindicato Unificado de la Policía (SUP) que han censurado la utilización de la policía como “un muñeco de pim, pam, pum” al que “le están cayendo todos los golpes”, mientras que ningún cargo política está asumiendo la responsabilidad de lo que está sucediendo en el país”. Tienen toda la razón estos representantes sindicales.

     Me choca que el portavoz del PP, Rafael Hernando, advirtiera que hacía responsable al magistrado de cualquier acto o agresión a los representantes de la soberanía nacional, cuando en realidad esto no se ha producido ni por asomo. En ningún momento hubo una intención, y así lo ha visto también el juez, de asaltar el Congreso y menos de agredir a alguno de sus miembros. La convocatoria era para “rodear el congreso” no para asaltarlo como interesadamente lo está intentando “colar” el Gobierno a través del ministro del Interior. Aquí el único que agrede, al margen de los insultos de Hernando hacia el juez, es el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ciscándose en la cara de los representantes de la “soberanía nacional” principal y únicamente en los de la oposición, que ha decidido pasarse la “soberanía nacional” por sus partes pudendas y ha anunciado que durante un mes no piensa hacer acto de presencia en el Congreso de los Diputados. Eso si es una agresión a la “soberanía nacional”.

     Es lamentable la maniobra que se ha orquestado desde el ministerio del Interior elaborando informes policiales que el juez ha rechazado por considerarlos improcedentes ya que en los mismos se acusa a los detenidos de un delito contra las instituciones del Estado que, a juicio del juez, y las imágenes lo han dejado claro, no ha existido. En cualquier caso queda claro también, al menos para mí, que muy posiblemente se diera orden a la policía de hacer lo que un sindicalista policial apuntó de “leña y punto” para disolver la manifestación y como advertencia para aquellos  que se habían quedado en sus casas viendo lo que sucedía a través de sus televisores, de que lo mejor era quedarse en casa. La policía cumple órdenes y los manifestantes plantean sus quejas en la calle porque la ciudadanía en general lo está pasando mal, muy mal,  y lo peor de todo es que este Gobierno ha mostrado su incapacidad para resolver la situación.  Lo que no entiendo es que a los funcionarios de la policía se les haya quitado la paga de Navidad y les hayan congelado el sueldo y haya algunos de sus miembros que se emplean tan a fondo en las tareas de represión. No lo entiendo.

    Para ponerle la guinda al pastel Rafael Hernando ha dicho que lo de la “decadencia de los políticos” es una expresión antidemocrática. Ahora va a resultar que decir lo que se ve o se piensa o se critica sobre los políticos es antidemocrático. ¡Pero este quien se ha creído que es! Corren aires de totalitarismo, lo de la Cristina Cifuentes referente a modificar la Ley que autoriza las manifestaciones no se planteó de forma gratuita, saben por dónde van y lo que quieren y eso no es bueno para los españoles.

FUNCIÓN DE LA CARICATURA por Antoni Puigverd


Detecto en bastantes medios de comunicación catalanes (especialmente en los audiovisuales) más autocomplacencia que determinación, más vanidad que fortaleza, más ensoñación que pedagogía. En la nube mediática catalana, la fantasía campa por sus fueros, pero la ventana de los problemas, herméticamente cerrada, impide que se hable de las dificultades que nos esperan en el nuevo camino. Son ellos los que nos hablan de los problemas y las dificultades: usan la táctica del miedo, se dice. Se olvida que la obligación de aquel que quiere abrir un nuevo camino no es alardear de su ilusión, sino estudiar las características del terreno. Antes de adentrarse en la espesura, hay que analizar los previsibles obstáculos, inconvenientes y espejismos. Inconsciente de los obstáculos, despreciando las dificultades, el caminante tiene muchas posibilidades de perderse.

Hay portavoces del independentismo o del soberanismo que argumentan con solidez y rigor. Pero, como ocurre con todas las corrientes ganadores, ahora se ha puesto de moda en los medios catalanes una especie de catalanismo banal y pretencioso, que da por hecho que la batalla interna está ganada. Es un catalanismo encantado de haberse conocido que se dedica al monocultivo de las perlas grotescas de España. Es verdad que la parte más sonora y repelente de la reacción española al reto catalán proviene de la grotesca síntesis de liberalismo y falangismo. Pero un análisis más atento a las reacciones españolas permite detectar silencios inteligentes, matices federales, conciencia de la gravedad y argumentos críticos fundamentados en el patriotismo constitucional de Habermas. De todo, hay; como en Catalunya. También existen planes, que por supuesto no se explicarán. A pesar de la crisis, el aparato del Estado es colosal.

Tomando la parte grotesca por el todo, se puede describir España no como el poder real que es, no como la sociedad plural y compleja que es, sino como un personaje de comedia: un macho posesivo, decadente y arruinado. Ahora bien: caricaturizar el show celtibérico es fácil, pero romper los lazos con España es una empresa hercúlea.

Bromear sobre la intemperancia de los castellanos tiene el éxito asegurado: provoca el silencio de los catalanes que no ven claro el nuevo camino. Y sin embargo: ¿hay que recordar, una vez más, que la profunda crisis del PSC deja un amplio segmento de catalanes huérfanos de referencia política? Quien pretenda empezar de verdad a avanzar hacia una ruptura con España tiene que ganarse a estos huérfanos. ¿Con caricaturas, va a hacerlo? Las caricaturas tienen capacidad disuasoria, no convincente.

Todo el mundo, en Catalunya, habla de lo mismo, estos días. Pero sólo se oye un tono. El de los que están convencidos de que todo el mundo piensa como ellos. Los otros hablan a media voz, o callan. Pero votan. La manifestación de verdad será el día de las elecciones.

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