¿Qué es lo que está en crisis?

La crisis que desde 2007 sufren muchos de los países avanzados ha sido achacada a múltiples causas: desregulación del mercado financiero, hipotecas subprime, expansión del crédito, modelo económico basado en el ladrillo, políticas neoliberales, concesión de créditos de alto riesgo, excesiva liberalización de muchos sectores, los Bancos y algunas otras más.

Lo que parece claro, dada la profundidad de la crisis es que el modelo actual, sea el que sea, está en entredicho y las soluciones pasarán por no volver a repetir los mismos errores y buscar un rumbo distinto al actual Pero ¿qué modelo tenemos? ¿qué es lo que está en crisis? Las más de las veces, lo que se oye desde la mayoría de medios de comunicación, así como en la calle es que las políticas neoliberales que introdujeron Reagan y Thatcher son las que están en el origen de la crisis. Se ha hablado de crisis del capitalismo. Todos los movimientos populares tienen como objetivo a combatir este liberalismo salvaje, deshumanizado, que ha dejado el poder en los grupos económicos y no en los parlamentos y por tanto el giro debería devolver el poder a la democracia fortaleciendo las políticas sociales desde el poder público para redistribuir mejor la riqueza y los costes de la crisis.

Pero yo me pregunto: ¿de verdad ese es el mundo en el que vivimos? ¿de verdad las políticas que rigen el mundo son las del neoliberalismo (palabro que se me antoja incomprensible y en el que cabe toda conducta inmoral en el sistema privado)? ¿o las de los liberales? ¿es el capitalismo y el liberalismo lo que está en crisis?

Acerquémonos a algunas de las premisas básicas de los liberales para la economía y comparemos con la realidad. El liberalismo (en una bibliografía profusa se puede consultar) propone poca intervención del Estado, impuestos bajos, el sistema de precios como gran regulador de la economía, voluntad de las partes como eje de los contratos, igualdad ante la ley, defensa de la propiedad privada, equilibrio presupuestario, Estado de tamaño pequeño, poca burocracia para la empresa y el ciudadano, defensa del Patrón Oro por parte de una de sus más importantes escuelas liberales, separación de poderes muy clara (véase “En busca de Montesquieu” de Pedro Swartz), libertad de elegir (gran libro de Friedman) en los sectores más sociales y esenciales como la educación y la sanidad, atención a la oferta frente a la demanda, asunción de los beneficios, pero también de los costes por los riesgos incurridos y otras más, de menor envergadura, que sería muy prolijo enumerar.

La realidad nos muestra un panorama que parece bastante alejado de estos principios. El Estado maneja entre el ¡¡40 y el 55% del PIB!! dependiendo de los países. Incluso en el supuestamente liberal Estados Unidos, el peso del sector público es superior al 40% del PIB. Los impuestos, lógicamente son altísimos y están entre el 18 y 56% de la renta; el 20% del consumo, el 30% a las empresas + el 27% a los dividendos. El ahorro está castigado con tipos impositivos altísimos. No hay sector que no esté intervenido por los gobiernos. La normativa y legislación representan millones y millones de documentos y bucear en ese mar de burocracia y requisitos se convierte en una carrera de obstáculos. Están intervenidos los precios de innumerables sectores, entre ellos los estratégicos. Las subvenciones están a la orden del día. La sanidad y la educación son eminentemente públicas y cualquier apertura a la libertad de elegir es castigado severamente por la opinión pública como diabólica privatización y aniquilación de la única manera aceptada de gestionar estos sectores. El Estado, en la educación, impone en la mayoría de casos el temario, la metodología, el reparto de horas, la lengua, aprueba los materiales y tiene el monopolio de la oficialidad de títulos El sistema político en muchos países está totalmente alejado de la separación de poderes. El sistema de pensiones es en su mayoría público y de reparto (excepción hecha de Chile y algunos países nórdicos). Hay diversos sectores rescatados y subvencionados que no asumen el coste de los riesgos incurridos aunque sí los beneficios. El déficit público está a la orden del día y excepto en momentos críticos como el actual está aceptado como estructural con datos moderados. Las relaciones laborales están totalmente reguladas e intervenidas. Las operaciones urbanísticas necesitan la aprobación política cada vez, una a una sin un marco libre en el que moverse (oferta totalmente intervenida por el sector público), dando a los políticos un poder inmenso que ha degenerado en una corrupción enorme (¿liberalización del suelo y del sector?). Podríamos seguir y seguir, pero no hay espacio suficiente.

Pero, vayamos más allá y acerquémonos al sector que ha estado en el ojo del huracán: el financiero. Por supuesto, hace tiempo que el patrón oro, defendido por muchos liberales fue erradicado. El Estado a través de los Bancos Centrales fija el precio del dinero (tipo de interés), la oferta monetaria, emite el dinero, decide quién puede ser entidad financiera y quién no. Es decir interviene totalmente en todos los aspectos esenciales del sector. La normativa es extensísima (circulares de Banco de España, Basilea I, II y III, miles de leyes referentes al sector). Esa normativa creada por los políticos fija los criterios que permiten crear dinero a los bancos con soporte de depósitos (de ciudadanos) y otros pasivos no sustentados con ahorro (¿hay mayor afrenta a la propiedad privada?), los bancos son rescatados y nacionalizados con dinero de todos sin asumir las consecuencias de sus acciones (riesgo moral) y en España hasta hace bien poco, el 50% del sector (Las Cajas) estaba dominada en sus Consejos de Administración por políticos, sindicalistas y otras clases liberadas. No se me ocurre un sector más intervenido.

Visto lo visto, parece claro que no puede estar en crisis un modelo económico que no es el que tenemos. Más bien están en crisis las políticas que el liberalismo combate. Está en crisis el keynesianismo, la socialdemocracia y el matrimonio entre políticos (Estado) y sector financiero que hace tiempo esquilma a los ciudadanos para mantener en el poder a los primeros a base de permitir financiar un aparato gigantesco que les ayuda a perpetuarse y privilegiar (lo contrario del liberalismo) a los segundos, permitiéndoles generar beneficios viviendo en quiebra continua con la propiedad de los ciudadanos, para luego ser rescatados con los ingresos futuros de esos mismos ciudadanos. La suma de esos políticos, banqueros y dirigentes de sectores estratégicos (energía y comunicaciones) intervenidos forman la casta que junto a la cantidad de intereses y ciudadanos atrapados en su juego (subvencionados, votos cautivos, liberados, funcionarios políticos…) anquilosa el potencial de una vida mejor para los ciudadanos a través de la Sociedad Civil.

Algunos países, como Suecia, se dieron cuenta hace tiempo y sin salir del sistema, sí ha cambiado ciertas políticas mirando hacia un sistema diferente. El peso del sector público sigue siendo altísimo (mucho menor que antaño), pero se han introducido algunos conceptos como la libertad de elegir, la participación de la sociedad civil en la provisión de servicios y la creación de entornos cómodos para la empresa que han permitido a Suecia capear mejor el temporal. No es sólo economía, es justicia, es derecho, es libertad, es responsabilidad y eso no implica que no se puedan buscar caminos conjuntos y comunitarios para la solidaridad.

Por desgracia, las propuestas de los grupos que surgen para dar una solución (15M entre otros) ahondan más en lo que creo que son los males: más Estado, más política, menos libertad de elección, menos responsabilidad.

¿Hasta cuándo?

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