JUEGO DE TRONOS

Toni Bolaño
El presidente catalán se ha envuelto en la bandera –dudas de si es la senyera o la estelada- y ha prometido a los catalanes la tierra prometida. Henchido de mesianismo se apropia de todo el pueblo de Catalunya como si todos pensáramos igual. Ha convocado las elecciones, dice, que por nosotros, por nuestro futuro.Sin embargo, el presente no apunta en esta dirección. Menos maestros, más alumnos, menos prestaciones sociales, menos servicios sanitarios, menos salarios en la administración, más impuestos –menos para los que más heredan y más tienen-, más tasas en la universidad, más pagos por medicamentos, más paro –y eso que se comprometió a reducirlo a la mitad-, menos economía, más listas de espera, menos quirófanos, menos centros de asistencia primaria, menos ambulancias, menos médicos, menos enfermeras, más deuda…

Este es el balance que presenta la legislatura más corta desde la reinstauración de la Generalitat. Un balance que sería mucho peor si Mas hubiera seguido. Se ha envuelto en la bandera y se ha puesto la venda en los ojos para evitar una piedra más en su zapato: la presentación de unos presupuestos que serán un nuevo hachazo sobre los sufridos catalanes.

Hoy vivimos peor que hace dos años y a pesar de que el ‘Mesías’ Mas nos apunta un camino hacia una gran victoria, la cruda realidad nos dice que el camino distará mucho de ser una senda de rosas. Habrá más recortes, más palos a la clase media, menos recursos públicos para los más necesitados. Eso sí, tendremos más épica nacional, más épica independentista. Nos apunta un gran camino pero lo debemos afrontar sin hoja de ruta, sin brújula, sin conocer los peligros que nos acechan, sin ningún tipo de garantías y sin recursos. Estos largos viajes están condenados al fracaso y a la frustración.

Hasta ahora el presidente Mas sólo nos ha ofrecido derrotas. No ha ganado ni un solo pulso político y ha sido derrotado, estrepitosamente, en el pulso social y en el económico. Su gestión es manifiestamente mejorable cuando no se tiene que calificar, simplemente, de fracasada. Pero Mas, ha sido hábil. Ha pillado en fuera de juego a sus adversarios y ha convocado elecciones. En elecciones, no hablaremos de la realidad del presente, sino del camino a seguir para el futuro. Padeceremos los recortes y hablaremos de aventuras. Quizás a Mas le salga bien su juego de tronos, pero a los catalanes nos irá mal. Dice que no se volverá a presentar cuando Catalunya haya alcanzado sus objetivos nacionales. Bien, es una manera de asegurarse el futuro porque tenemos candidato Mas para rato.

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