La noche que pude dormir tranquilo


EL CRISOL    –    Pascual Mogica Costa

             

    “Ahora ya no se utilizan los ERE para despidos de poca monta, ahora, gracias a la reforma laboral, se hacen despidos a lo grande”

    Creo que es justo reconocer que los medios de comunicación, ni tan siquiera esos a los que se denomina la “caverna mediática” y que defienden a capa y espada todo lo que hace el Gobierno, han tratado con mucha indiferencia la entrevista de media hora que le hicieron a Rajoy en TVE el pasado lunes, día 10, al día siguiente en la prensa escrita se hablaba más de Ryanair, de la nueva página web de la Casa Real y de los seis goles que la Sub 21 le endosó a Croacia. Prácticamente se puede decir que ha pasado casi desapercibida, en algunos periódicos figuraba en un pequeño recuadro en primera página.

    Cierto es que Rajoy no se mostró especialmente resolutivo y que a las preguntas de los periodistas respondió y dijo lo que le daba la gana sin centrarse en la pregunta, pero hay que reconocer que era su debut en televisión, de ahí que en algún momento se le notara fatigado y se veía que le faltaba rodaje, para mi esta entrevista fue más una especie de precalentamiento que de otra cosa. No está acostumbrado a que unos periodistas sentados ante él le hagan preguntas, aunque hay que reconocer que los cinco periodistas no se mostraron excesivamente duros con el presidente. Aunque en aras de la verdad hay que decir que Rajoy no tiene el porqué saberlo todo y por tanto responder abierta y directamente a cualquier tipo de pregunta y quedar bien y que le halaguen, para eso ya tiene a esos que todos los días le pasan la mano por el lomo, los cortesanos, y le dicen eso de: “Mariano, tú sí que vales”.

     Lo que más me impactó fue la respuesta que dio cuando le preguntaron si estaba satisfecho con los resultados de la reforma laboral. Rajoy respondió que la reforma laboral había funcionado muy bien, que en el caso de los expedientes de regulación de empleo (ERE) se había conseguido que estos no fueran utilizados para despedir a los trabajadores si no que ahora servían para llegar a pactos con los empresarios y evitar los despidos y cierres de empresas. Estoy de acuerdo con él, ahora ya no se utilizan los ERE para despidos de poca monta, ahora, gracias a la reforma laboral, se hacen despidos a “lo grande”, por ejemplo aquí en la Comunidad Valenciana tenemos el caso de Canal Nou que va despedir a 1.300 empleados, de la CAM que va a despedir a 1.700 empleados más a 441 de sus filiales y del Banco de Valencia que va a cerrar 200 de sus oficinas lo que puede suponer el despido de más de mil empleados. Podría extenderme más dando un repaso a otros puntos de España donde la reforma laboral está funcionando “tan bien”, pero creo que cada cual sabe lo que pasa en su comunidad, por tanto no lo considero necesario.

      Después de ver como se están haciendo las cosas a “lo grande” y escuchar a Rajoy decir que en cuanto pueda va a bajar el IVA y el IRPF y que no va a tocar las pensiones, a pesar de que cuando le preguntaron sobre esto último tardó un poco a responder, soltó un ¡eeeeeeh! antes de asegurar que no las va a tocar. Después de oírle todo esto pero principalmente lo de las pensiones que es el tema que por mis circunstancias personales más me preocupa, me fui a la cama con la certeza de que por fin esa noche iba a dormir sin que nada me sobresaltara ni que me preocupara por mí futuro y por el de los míos. Las pensiones no se tocan, el IVA y el IRPF están para bajar de un momento a otro, la reforma laboral funciona bien, los ERE pueden afectar a todos y no a unos pocos y ya se sabe eso que dice “mal de muchos consuelo de tontos”. Esa noche dormí a pierna suelta como hacía meses que no lo hacía, pero, desdichado de mí, me olvidé de que Rajoy suele decir una cosa y reaccionar de forma contraria y lo recordé nada más levantarme de la cama, por lo que presiento que mi insomnio va para rato.

CATALUNYA EN LA ENCRUCIJADA de Antoni Puigverd


¿Los riesgos de una ruptura parecen a las clases medias catalanas más atractivos que el penoso presente?

Artículos | 10/09/2012 – 00:00h

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España ha vivido los 30 años más fértiles, confortables y democráticos de su triste historia. Pero el fracaso de su capitalismo popular, basado en la especulación inmobiliaria, ha sacado a relucir los límites y vicios del sistema. Centrémonos, por falta de espacio, en el apartado autonómico. El sistema no es federal, pero funciona como si lo fuera, al tener las autonomías responsabilidad en la gestión de servicios esenciales como sanidad, protección y enseñanza. Los gobiernos autónomos no pueden ahora sufragar estos servicios y es perfectamente lógico que algunos de ellos respondan con un argumento federal: el flujo de dinero recaudado en Catalunya sirve para pagar en otras comunidades servicios que no se pueden atender en la propia Catalunya. Lo mismo sucede en Valencia y Baleares; también en Madrid, que tiene, sin embargo, la formidable compensación de su capitalidad.

En Alemania resuelven estos problemas en el Bundesrat: racionalmente, con datos y cifras. Hablan con naturalidad de lo que unos pagan y otros reciben. Pero en la España de tradición hidalga hablar de dinero es vergonzoso. Por consiguiente, la retórica (y la confusión sobre los datos) envuelve una situación que es injusta de raíz. Más aún. Según diagnostican los expertos, no es sólo el sistema de bienestar catalán el que sufre, también el futuro económico de Catalunya. Por dos razones de antiguo recorrido: por la política de infraestructuras, ideológica y antieconómica (en lugar de favorecer el desarrollo lo frena); y por la escasa visión industrial de las élites que, con PP o PSOE, acceden al gobierno de España. Atada de pies y manos, Catalunya, la comunidad más exportadora, ¿debe aceptar sin rechistar un sistema que la condena a la decadencia económica? ¿Ser buen español consiste en eso?

Responde a estas preguntas la propuesta de pacto fiscal, que Artur Mas defiende con el práctico apoyo de todos los partidos catalanes, incluido el PP de Alicia Sánchez-Camacho, que no subscribe el proyecto pero incorpora la idea de la inviabilidad del actual sistema (forma parte del humo de la política que la propia Sánchez-Camacho sostenga que el gasto televisivo y de representación es parte del problema: sabe que no estamos hablando de anécdotas sino de magnitudes).

Aunque la afición de cierta prensa de Madrid es caricaturizar a los catalanes con aquellos vicios que antes se atribuían a los judíos, el consenso es muy alto en Catalunya sobre el tema económico. Hasta el punto que se habla de un nuevo nacionalismo, superador de la matriz romántica. Un nacionalismo del bolsillo, que la izquierda (González, Chacón) describe como populista, y la derecha como disgregador. El previsible fracaso del pacto fiscal da alas a una corriente independentista que crece como la espuma desde que la sentencia del TC se cargó la posibilidad de una visión asimétrica de la Constitución. La del Estatut fue una aventura destinada al fracaso. Los errores catalanes son obvios en este punto. Pero también es obvio que sin la revisión ideológica de la Constitución que Aznar impulsó en su segundo mandato, cabalgando a lomos de la razón moral contra ETA, la reacción catalana no se hubiera producido. La aventura del Estatut fracasó doblemente: evidenció que el anticatalanismo visceral rinde mucho en España. Ha quedado claro que los españoles desean diluir lo que para muchos catalanes es vital. Pero el ganador del proceso estatutario no es la conllevancia orteguiana, sino el cansancio y el aborrecimiento mutuo. La franca antipatía. La cultura inclusiva española está herida de muerte. Víctima colateral del Estatut es el PSC, antaño rótula indispensable, pero incapaz ahora de ofrecer una alternativa.

El independentismo -decía- crece como la espuma. La manifestación de mañana retratará su fuerza. Muchos estarán en la calle convencidos de que la independencia está al caer. También lo cree algún militar. Y numerosos articulistas de la prensa de Madrid. El más lúcido y analítico de ellos ha llegado a abogar por la salida serbia: “Divide, rompe a una sociedad para imperar en ella”.

¿Se está moviendo la historia en Catalunya? ¿Los riesgos y la incertidumbre de una ruptura con España parecen a las clases medias catalanas más atractivos que el penoso y antipático presente? Algunos factores coadyuvan a interpretar el momento como histórico: España está de nuevo sumida en sus complejos de inferioridad y la crisis económica tardará más de una década en encauzarse.

¿Quedan restos de pegamento? Nadie, ni en Madrid ni en Barcelona, puede sustraerse al reto de este nuevo y convulso escenario. Mientras el PSC y la izquierda en general están atrapados en su propio laberinto, incapaces de influir en el proceso, una gran masa anónima catalana no participa del ambiente rupturista. Una enorme bolsa interna catalana, formada en su mayoría por castellanohablantes (entre los que abundan los parados y los que han abandonado los estudios), parece tener su propio código de señales: entusiasmo por la roja, cultura Telecinco, fricciones con la nueva inmigración. ¿Cómo se comportará este segmento de la sociedad catalana que no participa de los valores y emociones catalanistas? ¿Quién lo articulará políticamente? Mañana la corriente rupturista mostrará su musculatura. Pero siempre que ha sucedido algo así en la historia (octubre de 1934) acaba apareciendo una corriente imprevista, espontánea. En 1936 no hubo explosión catalanista, sino anarquista.

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