Los resultados de una mala gestión


EL CRISOL    –    Pascual Mogica Costa

      

    Lo malo, lo injusto de todo esto, es que van a pagar justos por pecadores, los malos gestores, los que han llevado a estos bancos a la ruina han salido de ellos con su futuro más claro, se han ido de rositas y con su situación económica resuelta.

    Los banqueros, esos que se asignan sueldos e indemnizaciones por jubilación multimillonarias, van salir “vivos” de toda esta debacle que con su mala gestión han ocasionado. Ya no se trata solamente de que el Gobierno ha tenido que meter mucho dinero del contribuyente a la hora de proceder a su intervención a fin de que esta especie de “cura financiera” permita el que algunas entidades puedan seguir caminando, lo que hay que tener muy en cuenta son los  miles de empleados de las mismas que se van a ver en la calle. En lo que se refiere a la CAM, absorbida por el Banco de Sabadell, van a ser 1.773 empleados del  ahora denominado Banco CAM y 441 de sus filiales, 2.234 empleados en total, los que se van a ver afectados por un expediente de regulación de empleo (ERE) cuyo fuerte impacto piensa amortiguar el Banco de Sabadell con prejubilaciones y traslados, aunque no ha concretado estas posibles medidas. La prejubilaciones ya sabemos lo que son, habrá empleados a los que les vendrá bien y a otros no, en cuanto a los traslados, será algo así como “esto son lentejas si las quieres las comes y si no las dejas”, si los afectados no se las quieren comer, trasladarse, ya sabemos lo que esto va a suponer, que se van a ver en la calle, habrá alguno o algunos que sean solteros o casados sin hijos y que no les importe un traslado, pero a los que tengan hijos el mover a toda una familia es una cuestión muy seria eso de tener que integrarse en una sociedad extraña en la que no todos suelen acomodarse.

    Por otro lado tenemos el Banco de Valencia que ha anunciado el cierre de más de 200 de sus oficinas y de Bankia, de Novacaixagalicia o Catalunya Caixa que voy a decir.

    Lo malo, lo injusto de todo esto, es que van a pagar justos por pecadores, los malos gestores, los que han llevado estos bancos a la ruina han salido de ellos con su futuro más claro, se han ido de rositas y con su situación económica resuelta, y los que se van a ver en la calle o con los sueldos reducidos como consecuencia de haber sido mal dirigidos se quedan con lo puesto. Lo más increíble de todo esto es que este Gobierno haya aprobado una reforma laboral, en la que solamente sale perjudicado el trabajador pero no  aquel empresario que con su mala gestión haya llevado a sus empleados a la más pura miseria. Para los que componen el conjunto de la patronal la reforma laboral no ha dispuesto nada que les haga pagar su nefasta conducta para con la empresa en cuestión, en el caso de haber investigado la forma de hacer de algunos banqueros muy posiblemente alguno de ellos hubiera podido ir a parar a la cárcel o a perder sus bienes aunque quien así actúa suele tener esos bienes muy a cubierto “por lo que pueda pasar”.

     En fin, de lo siempre, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Los que “cascan”, los que la “palman” siempre son los mismos,  los de abajo, para estos solo hay ajo y agua.

EL PRECIO DEL DESCAFEINADO de Antoni Puigvert


Nos han expulsado del paraíso, ni más ni menos; habrá que volver a ganarse el pan sudando

Artículos | 19/08/2012

 

Un coro de llorones se lamenta cada día, histéricamente, de las malditas cosas que nos pasan. No me refiero, por supuesto, a los parados o a los trabajadores que este mes no cobrarán, que acostumbran a vivir el drama en la intimidad o buscando, a lo sumo, apoyo familiar, caritativo o solidario. No: los cantores del catastrofismo lo son de oficio. Son políticos en la oposición, funcionarios de la protesta, periodistas y tertulianos emborrachados de aquella máxima funesta: “cuanto peor mejor”. Pasan el verano levantando espuma en la piscina de los desastres.

Muchos de ellos exigen milagros. Ahorro, sí, pero ni un recorte (quince días atrás oíamos su descripción de los fuegos del Empordà: los causó la reducción presupuestaria). Exigen una solución mágica. Un remedio rápido e indoloro para la enfermedad de la deuda. “¡Que aflojen la mosca de una vez, los alemanes!”. Los hay menos fantasiosos, que reclaman recetas ancestrales: un líder fuerte, una personalidad magnética y sin manías, un Superman que resuelva el lío con unos cuantos gestos contundentes -recentralizadores, por supuesto-. Si unos esperan el milagro, los otros reclaman un salvador. La variante catalana de esta fantasía proclama la inminencia del gesto épico definitivo: el portazo. La separación, identificada con el retorno a la felicidad pura y primigenia. Continua llegint “EL PRECIO DEL DESCAFEINADO de Antoni Puigvert”