LA ESPAÑA SONROJADA

Anoche soñé que inauguraba un aeropuerto sin aviones. Llevaba puesto un elegante traje -del que no tenía las facturas- y lucía una sonrisa de nácar que forzaba hasta que se me saltaban los empastes. Algún asesor de imagen me había enroscado un casco de obra amarillo y brillante que me quedaba impropio así vestido. Que me quedaba como el culo. Entonces sucedió: mi mano pizpireta y grácil cortó la cintilla de tela entre una nube de flashes y aplausos. Y fui incluso manteado por ustedes mientras yo les decía que vivían por encima de sus posibilidades. ¡Qué pesadilla!

No me desperté sudando porque los que inauguran no sudan. Pero pasé un mal rato. Y es que vivo obsesionado con no hacer gastos innecesarios y hasta sueño con el derroche. Un fúnebre sentimiento de culpa me asalta si no comparo el precio de los cereales en tres supermercados o si no me compró la ropa interior en el mercadillo. Dudo hasta de si debo chupar el chóped para no comerlo de una vez. Y es que al final lo han conseguido: de tanto decirnos que hemos derrochado, nos lo hemos creído.

Es una de las consecuencias de la crisis: ha hecho aflorar otra vez las dos Españas: la que vivía por encima de sus posibilidades (ustedes y yo) y la que no lo hizo, porque sus posibilidades no tienen límites.

Hay una técnica infalible para identificarlas:

Miren las fotografías de arriba. A la izquierda, los presidentes de Bankia: “Aquí no hay que devolver nada”, decía uno de los 23.000 millones de dinero público que va a recibir su entidad debido al agujero dejado por el otro. Miren en el centro a la ministra Ana Mato, que ayer anunciaba la desaparición de ciertos medicamentos para sustituirlos por “alguna cosa natural” (puede que el Ministerio de Sanidad se acabe llamando el Ministerio de Quitar el Mal de Ojo). Y fíjense en la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que ha pasado de decir a los inmigrantes que en España nos lavamos todos los días, a plantear la recogida de basuras de vez en cuando. ¿Qué ven en sus caras? Exacto, nada. Les presento a la primera España: la que es inmune al sonrojo.

Luego está la otra, ésa que sabe a ciencia cierta que no tiene un Jaguar en el garaje. Es numerosa pero difícil presentarla en sociedad. Pregunté por ahí dónde podría hallarla y me dijeron que estaba en la página de subastas y embargos de Hacienda y la Seguridad Social. Allí el Estado tiene montado un Ebay macabro dónde se exhiben los restos del naufragio de familias arruinadas. Un local, un coche, una casa… un escaparate de despojos ordenadito para que los tiburones profesionales se disputen la pernada. Entrar allí es pujar por tarros llenos de sudor ajeno. Y en ese escaparate han sido expuestos Tati, Juan Carlos y Pedro.

Ellos son tres pequeños emprendedores. La primera es una mujer arruinada: hipotecó su casa para pagar a los pocos trabajadores que tenía y ahora necesita la ayuda de sus hijos para sobrevivir. Parecida es la historia de Juan Carlos, antes autónomo y después parado: no puede jubilarse porque el Estado se niega a pagarle la pensión de menos de 800 euros que le corresponde, al tener una deuda de 2.800 euros con la Seguridad Social (“Búsquese la vida”, dijo amablemente el funcionario de cobros que lo atendió). El tercero es Pedro, que no da detalles porque se le caen las lágrimas. Por supuesto, ninguno de sus nombres es el verdadero: prefieren el anonimato porque sienten vergüenza de su situación. Junto a cinco millones de parados y miles de pequeños autónomos en quiebra, forman la España sonrojada. De cuerpo presente. La que no merece amnistía alguna.

Hasta ahora por este blog ha pasado gente importante: presidentes del Gobierno, ex banqueros que fueron ministros, ministros ex banqueros con pintas de ex ministro, presidentes del Supremo… En definitiva: la España sin límites que no sabemos si es real o son marionetas que interpretan un papel cuando las fuerzas ocultas tiran de los hilos. Por eso hoy quería hablarles de una España de carne y hueso y tripas y músculos. La otra. Muda y sonrojada. Ésa a la que le tiras de los hilos y se le saltan las costuras.

Fuente:  http://blogs.publico.es/jesus-moreno-abad/2012/06/26/la-españa-sonrojada/

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