¿CARIDAD?…NO SIN JUSTICIA

Celebro una vez más los premios merecidos a Cáritas que recientemente ha recibido en nuestra diócesis, mientras contemplo con una mezcla de admiración y de indignación los esfuerzos que se ven obligados a hacer los representantes de las organizaciones de asistencia social para ablandar las conciencias de los socios del Círculo Ecuestre de Barcelona.

Tengo la sensación que con estos actos, que difunden el trabajo de los que se esfuerzan por mitigar los estragos del empobrecimiento que parece no tener fin, contribuimos a que se olviden las causas y se laven las conciencias de los causantes de tanta miseria. Yo mismo tengo mala conciencia porque creo que si estamos en esta situación es porque hemos sido demasiado tolerantes con las injusticias que nos han llevado hasta aquí.

El estado da dinero a los bancos y tú aki haciendo cola!” Es el texto de la pintada que contemplan los parados ante la puerta del INEM. Para calmar su indignación por la televisión les explican teorías sobre la imprescindible estabilidad del sistema financiero.

Pero sabemos que los dirigentes de la banca han perdido la vergüenza hace mucho tiempo. Ellos se blindan sueldos y pensiones astronómicas (uno de ellos el que fue director de nuestra Caixa de Manresa), mientras han jugado cómo si el país y el mundo fueran un gran casino y las ganancias acumuladas están protegidos por un sistema fiscal injusto o muy administrado en los paraísos fiscales y siguen circulando por los santuarios de blanqueo de dinero como la City londinense.  Y en vez de exigirlos responsabilidades, contemplamos pasivamente como siguen cambiando de silla.

Nos predican “todos hemos estirado más el brazo que la manga”, pero sabemos con certeza que los que aspiraban a satisfacer su legítimo derecho a la vivienda caían en manos de los banqueros y de su codicia. “¿No quiere ampliar el crédito para los muebles y para el coche?”. Y ahora les quitan el piso, los dejan en la calle y continúan entrampados por toda la vida.

¿Todos somos responsables?. Es cierto que nos hemos dejado tentar por el consumismo sin darnos cuenta que resulta absolutamente inviable para el planeta que todos los humanos lleguen a nuestros niveles de derroche de recursos. Es cierto que nos hemos tapado los ojos para no ver que el enriquecimiento de unos pocos era la causa del empobrecimiento de la mayoría. Es cierto que no hemos querido sentir los clamores de las víctimas de la opulencia del primer mundo.

Cuando menos, somos responsables por omisión.

Pero no podemos dejar de constatar que las responsabilidades son asimétricas, porque para llegar al actual estado de cosas, dirigentes económicos y gobernantes han aprobado las leyes y han tomado las decisiones que han dejado las manos libres a los usureros y a menudo han sacado provecho ellos mismos y sus amigos.

Hemos permitido que la usura se convierta en el motor de las decisiones económicas, y los que decían que querían refundar el capitalismo cuando empezó la crisis financiera, han sido cómplices de la gran mentira que se esconde detrás de los “mercados”, el déficit y la deuda.

Nos podemos sentir responsables, al menos de no haber reaccionado a tiempo, y ¡mira que nos habían advertido! En todas las iglesias cristianas hemos sentido muchas veces: No podéis servir a Dios y al dinero (Lc 16, 13). Aquello de los ricos, el camello y el agujero de la aguja (Mt 19, 23-30)… y que Dios está de parte de los pobres (Mt 11, 5; Lc 4,18) y no de parte de los gobernantes de las naciones, que las gobiernan dictatorialmente y las oprimen (Mt 20, 25).

Pero si no os gustan los sermones dominicales cristianos podéis leer lo que nos decía Hans Jonas: “obra de tal forma que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica sobre la tierra” [1]. Jonas, que nos llama a la responsabilidad como deber moral para orientar todas las decisiones, y es más exigente con la responsabilidad de quienes tienen el poder, fue un judío que tuvo muy presente su madre muerta en Auschwitz. Tendremos que subvencionar su lectura en estos tiempos en los cuales el miedo que nos paraliza es capaz de hacer crecer el fascismo y la xenofobia.

Son éstas la razones por las que no podría sentarme junto los que presiden las entregas de premios y sonreír amablemente sin decir lo que siento: Nos roban los derechos, nos niegan el pan y esperan que reparemos los daños, que ellos han causado, con la beneficencia.

Si no estáis parados o no sois de los que os recortan el sueldo y las condiciones laborales, con el miedo en el cuerpo debido a la reforma laboral, haced el esfuerzo de poneros en las alpargatas de los que remueven contenedores, de los desahuciados, de los enfermos que ya han sufrido en su salud o han pagado con su vida los recortes, o de las familias enteras que hacen cola en las oficinas del paro, o de los que van a buscar cada semana la bolsa de comida a Cáritas. Si lo hacéis, creo que podréis entender lo que pretendía decir: agrandemos la solidaridad pero no nos olvidemos de denunciar la injusticia.

Rufí Cerdan

Manresa 11 de mayo de 2012

Fuente:  http://www.cristianismeijusticia.net/bloc/?p=7068&lang=es

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