La barba de Rajoy

EL CRISOL    –    Pascual Mogica Costa

      

    No, no eran las frías aguas del Atlántico Norte, ni el barco era el mítico “Titanic”, las aguas eran las del rio Michigan a su paso por la ciudad del mismo nombre y el barco era de los conocidos como “golondrinas” y se dedica a pasear a los turistas por los canales de Chicago y se llama el “First Lady”. Allí se encontraron Ángela Merkel y Mariano Rajoy. No creo, por las características de la pequeña embarcación, que ambos se subieran a la barandilla de proa y con los brazos abiertos se entregaran a soñar con la cara al viento. Creo que tampoco se dio la circunstancia de que Rajoy dibujara a Ángela Merkel, echada sobre un diván completamente desnuda, tal y como hizo Leonardo de Caprio con Kate Winsles (Jack y Rose, respectivamente en la película Titanic).

    La escena principal de este encuentro se contempla en la popa del “First Lady” y en ella se veía a una multitud de personas que supongo formarían parte, todas ellas, del séquito de los dos jefes de Gobierno, por lo que se puede llegar a la conclusión que no hubo escena romántica alguna aunque el paseo pudiera resultar un tan idílico dado el lugar, el río y los canales, y lo novelesco que suele resultar siempre un viaje en barco.

    Lo que ha trascendido de este encuentro es lo dicho por Rajoy en el sentido de que ha afirmado, una vez más, que Merkel apoya su política y por otro lado se ha sabido también que la primera ministra alemana le ha presionado para que haga más recortes. No sé lo que le habrá respondido Rajoy a los recortes, pero no creo que se haya comprometido mucho a llevarlos a efecto puesto que lo único que le queda a Rajoy por recortar es su propia barba. Tampoco se sabe si Rajoy ganó el billete de embarque en el “First Lady” en una partida de póquer, dada la mala situación económica, al igual que lo hizo Jack en la película. En cualquier caso y dado que iba mucha gente a bordo de la “golondrina”  y si como es de suponer formaban parte del acompañamiento de ambos políticos el alquiler del barco debió de costar una buena “pasta”, aunque como en el caso de Rose, adinerada ella, a lo mejor el gasto corrió a cargo de Ángela Merkel que en este caso es la económicamente “pudiente”.

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