SOLOS, BAJO LA LLUVIA ÁCIDA por Antoni Puigverd

No parece ni conveniente ni saludable anunciar a cada instante la próxima llegada de un ejército de nuevos jinetes del Apocalipsis. Estamos en crisis, sí, pero no estamos en el infierno. Una cosa es la información de la crisis y otra muy distinta es la adicción al desastre, la neurosis destructiva, la atracción del abismo. Una cosa es informar y otra muy distinta cultivar la depresión colectiva. Sé que de nada sirve afirmarlo. En la sociedad de la información se produjo hace ya años un colapso. Deberíamos llamarla sociedad de la excitación. Son tantos los soportes y los canales que, si uno quiere destacar en el inmenso gallinero mediático, tiene que gritar como un poseso. Tan sólo obtiene verdadero impacto el grito que causa miedo. Quien grite “¡Incendio!” en una discoteca abarrotada tendrá éxito seguro, aunque también provocará un tumulto, con las víctimas consiguientes.

Muchos medios gritan a todas horas “¡Incendio!”, sin estar seguros de ello. Deberían modular, contextualizar, contrastar. Sin pensarlo, gritan: “¡Incendio!” (es decir: corralito). He ahí el resultado: mientras la crisis machaca a una parte creciente de la ciudadanía, la otra está aterrorizada. Todo esto sucede en una sociedad que, no puede olvidarse, ha sustituido la plaza pública por los medios. En el ágora de los medios cristalizan las emociones colectivas. Por tal razón, inevitablemente, las emociones tremendistas (el miedo al Apocalipsis) nos dominan.

Ahora bien, si en una discoteca abarrotada se produce realmente un incendio, ¿hay que callar la noticia para evitar el trágico tumulto? Callar no es la solución. Es imprescindible informar. En las discotecas existen, al menos en teoría, servicios de seguridad y megafonía. En la discoteca trabaja, supuestamente, un personal preparado para afrontar situaciones extremas, que conoce y debe poner en marcha un plan de evacuación. Si el plan existe y el personal está preparado, el público que abarrota el local podrá salir sano y salvo. Bastará que la operación se geste con claridad y sangre fría. Por supuesto, todos los evacuados deben tener la impresión de que el personal encargado de la evacuación está tratando a todos por igual, sin favoritismos ni discriminaciones. En caso contrario, y a pesar del plan, el tumulto será inevitable, pues los discriminados decidirán ganar una salida por su cuenta, sin respetar las normas, creyendo, con razón, que el plan que a unos privilegia, a otros condena.

Permítanme convertir la comparación en metáfora. Supongamos que la discoteca en la que se ha producido el incendio es la sociedad española. ¿Las instituciones políticas tenían preparado un plan de evacuación? No. Los gobiernos de la burbuja (último González, todo Aznar, el primer Zapatero) fueron incapaces de idear una alternativa al insensato crecimiento basado en la especulación en el ladrillo (que descapitalizó la industria), en la deuda de las familias y en el gigantismo de cajas y bancos con pies de barro. De la misma manera que bancos y cajas prestaban a 30 años (como mínimo) a pesar de obtener en el extranjero préstamos para sólo un par de años, los gobiernos (también en Catalunya, como el resto de autonómicos) hincharon hasta el delirio los servicios públicos y las nóminas de funcionarios y de entes políticos. Lo que banqueros, políticos y familias alzaban sólo podía pagarse si la burbuja seguía hinchándose hasta la eternidad. Los gobiernos no quisieron o no pudieron idear una alternativa. Y, por supuesto, cuando la burbuja de la deuda estalló, nadie tenía un plan alternativo. Ni siquiera un plan de salvación.

No lo tenía Zapatero, que enervó incluso a sus fieles con sus palos de ciego. Pero resulta que tampoco lo tiene el Gobierno de Rajoy, que contó con cuatro años para prepararlo. En pocos meses, el Gobierno del PP ha intentado hacerse algunas trampas al solitario. Atrasar el presupuesto que reclamaba Europa para intentar ganar en Andalucía; dejar pudrir Bankia, contagiando desconfianza a toda la banca española; proyectar hacia las autonomías (es decir al gasto social: sanidad, escuelas) la exigencia de ahorro. Son trampas zapateriles. Con el agravante de cierta sospecha de discriminación social (dan la sensación de favorecer a unos más que a otros: sean banqueros o funcionarios). La desconfianza de Europa y de los mercados es total. Rajoy implora el favor de Europa, cuando lo que debería buscar es la unidad de todos en este momento tan grave, para protegernos mejor de la diaria lluvia de fuego.

¿La unidad es posible o es un brindis retórico? Es mera retórica, si el Gobierno no da muestras claras de que no aprovechará la circunstancia para aupar intereses propios. Es difícil la unidad ante la dificultad, porque son muchos en España (y, reactivamente, también en Catalunya) los que creen que la crisis es el momento ideal para zanjar viejos ideales aplazados: homogeneizar; separar. Si los gobiernos de Rajoy y Mas no consiguen llegar al final, esta confrontación será inevitable.

Los ciudadanos, por lo tanto, están solos ante los peligros del momento. Solos y desconfiados. No es algo nuevo en nuestra cultura mediterránea: las familias, las organizaciones caritativas y solidarias, los vínculos locales y las iniciativas mutuales son el único sostén tradicional. Que renovará su fuerza. El espíritu de concordia y el sentido comunitario que anidan en el corazón de nuestras gentes fructificarán en los espacios que la política abandona.

http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20120521/54296318779/antoni-puigverd-solos-bajo-la-luvia-acida.html

4 thoughts on “SOLOS, BAJO LA LLUVIA ÁCIDA por Antoni Puigverd

  1. A ver Xavier, que no tengo yo la más mínima necesidad de que Antoni Puigverd le dé o no un palo al actual PP, lo que digo es que Rajoy y una buena parte (casi todos, practicamente) de los que hoy están en su Gobierno y en puestos de responsabilidad en la administración o en el propio PP vienen de la época de Aznar, aquella en la que la fiebre constructura, generadora de la burbuja ladrillera, alcanzó su más alta cota. Ese es el antecedente del actual gobierno. Lo cual no sería del todo preocupante si ahora estuvieran corrigiendo los errores del pasado y sentando las bases de un futuro distinto y prometedor.

    Dicho esto también convendría escribir, sobre todo ahora que no está Zapatero y ya no puede interpretarse esto como una defensa del político liberal, que la crisis es mundial. Y dentro de ésta la europea es especialmente grave, ya que los europeos, todos, nos estamos jugando el futuro. Y eso quiere decir que nuestros hijos y nietos tendrán unas oportunidades u otras en función de lo que ahora se haga. Pero también que debemos dejar ese deporte tan nuestro (de los españoles sin distinción, digo) de darnos palos unos a otros con sumo placer. Ejercicio doblemente irresponsable, porque rebela nuestra capacidad de odiarnos unos a otros y de cargar nuestros errores sobre las espaldas ajenas.

    Hoy mismo nos has traido un artículo que termina así:

    “La intervención será la única forma de devolver la política económica española a la racionalidad y eso, a medio plazo, beneficiará a todo el mundo.”

    Es decir, en España no hay racionalidad por ningún lado, los políticos y hombres de negocio españoles son tan inútiles que necesitamos la ayuda externa, que ponga orden y concierto en el berenjenal español. Y eso es, como mínimo, incorrecto. Y no porque los responsables políticos y financieros españoles lo hayan hecho tan bien que merezcan nuestra confianza, sino porque los de fuera lo han hecho, como mínimo, tan mal como aquí. Y ahí seguimos. Además, no hay un solo país que hay sido intervenido, ahora o en el pasado, cuya sociedad (todo el mundo que dice el autor) haya salido beneficiada. Todo lo contrario.

    “Los ciudadanos, por lo tanto, están solos ante los peligros del momento. Solos y desconfiados.” Esta frase de Puigverd referida a nosotros es perfectamente aplicable a muchos ciudadanos europeos o de otras latitudes.

    “las familias, las organizaciones caritativas y solidarias, los vínculos locales y las iniciativas mutuales son el único sostén tradicional. Que renovará su fuerza. El espíritu de concordia y el sentido comunitario que anidan en el corazón de nuestras gentes fructificarán en los espacios que la política abandona.”

    Esto, nuevamente, es aplicable más allá de nuestras fronteras. Porque la opinión que tienen de sus políticos u hombres de negocios o de sí mismos como sociedad no difiere en otros pagos de la que nosotros tenemos aquí de los nuestros y de nuestra sociedad. Y es por eso que los vínculos familiares, las organizacions caritativas y solidarias, así como los vínculos locales e iniciativas de ayuda mutua están teniendo una presencia y un protagonismo importante. ¿Puede estar ahí el germen de lo nuevo?

  2. Yo este artículo los desmenuzaría en varias partes. Primero Puigverd, se demuestra totalmente desengañado de la prensa a la que acusa de su alarmismo y quizás de la falta de equidad.
    Esto pasa tanto aquí como allá.
    Falla la intelectualidad, que son quienes son capaces de interiorizar, analizar y razonar, y eso es muy parecido a lo que nos pasó en los años 30, Julián Marías ya nos lo dejó escrito, y los grupos con poder mediático van a ser los culpables de lo que nos pueda pasar, aquí y allá.
    Sin ser un analista político, no hace falta, nos indica lo que cualquier persona medianamente avisada ya se ha percatado, créditos bancarios a largo con dinero a corto plazo, inflacción de la administración, la incapacidad para cambiar nuestra economía en unos años en que hemos estado subvencionados por Europa…
    Luego también nos habla de la falta de programa de Rajoy, si Gonzalo, también da un palo al actual PP y de la falta de unidad entre los partidos para salir a flote, unos quieren homogeneizar y los otros separar.
    Pero Puigverd, a quien respeto sin conocerlo, dedica sus últimas frases a la ciudadanía y nos dice :
    “El espíritu de concordia y el sentido comunitario que anidan en el corazón de nuestras gentes fructificarán en los espacios que la política abandona.”
    Y en eso yo creo

  3. Puigverd és un progresista desencantado, es un antiguo “activista” y la palabra la escojo con todo su significado de lucha, pasión y creencia, del PSC que en mi época revolucionaria en el Instituto lo tuve como profesor de catalán. Mantengo la relación con él porque sigue viviendo en Girona y durante mucho tiempo bastante cerca de donde yo vivía y es un tipo dialogante, preclaro, analítico y conciliador.

    El artículo que ha traido Xavier lo había leido esta mañana, los que escribe Toni son de los que me leo siempre, junto con los de Juliana y Marc Alvaro, tres corrientes de pensamiento completamente diferentes a los que les encuentro el nexo común de la moderación, del seny. A mi me ha parecido uns descripción muy acertada del fenómeno del “pelotazo” desde sus orígenes hasta hoy. Explica de manera clara y directa la incapacidad de España y por ende de los españoles de ser un poco como Alemania o Francia, de ser europeos en definitiva y de que el pilleo que ya se ensalzaba en la literatura clásica sigue vigente en nuestros días encumbrando como importante el triunfo social y confundiendo ser feliz con tener dinero.Y además otra cosa que hace tiempo que comento en el blog, una falta de liderazgo brutal que es el principal mal que todos padecemos.

  4. Antoni Puigverd es un tipo comedido y que cuando habla da la impresión de que ha reflexionado lo que dice. Es uno de los pocos tertulianos que puedo ver sin que me suba la tensión, incluso cuando lo que dice no cuadra con lo que yo pienso. No es un alborotador ni un insultador pendenciero como tantos otros. Pero en su artículo encuentro ciertas contradicciones.

    Veamos, si Zapatero, primero negando la crisis y luego dando palos de ciego hasta provocar su suicidio político y un estropicio a su partido que no ha podido ser arreglado ni por los fontaneros del mismo ni por los medios de comunicación que le sirven de soporte desde el inicio de la cultura de la transición, es responsable del desastre económico, en la medida que le toca (pues el propio autor mete al último González, a todo el periodo de Aznar y al primer Zapatero, es decir, el que consintió el desarrollismo ladrillero), por no haber sabido inventar otro tipo de modelo productivo, Rajoy, en la medida que formó parte del los gobiernos de Aznar, es tan responsable como los demás del modelo de desarrollo burbujero-especulativo, de modo que poco se puede esperar de él. No sé si esta reflexión es catastrofista o apocalíptica, pero a mí me lleva a la siguiente conclusión: no hay motivo para la calma.

    Si dejamos de mirarnos el ombligo y alzamos la vista hasta Europa, veremos que “los mercados”, esos que ahora nos exigen sacrificios, tuvieron un comportamiento temerario en el pasado y poco les importó que el modelo económico español estuviera asentado sobre una mentira a la hora de facilitar créditos y más créditos para que la maquinaria constructura ladrillera y burbujera no dejara de hincharse.

    El plan para sacarnos de la discoteca en llamas no solo es injusto y discriminatorio, sino inútil. Nos abrasaremos. Puede que suene catastrofista o apocalíptico, pero dados los antecendentes, teniendo en cuenta quienes son los responsables del plan y probado ya sobre el terreno, no tengo motivos para la calma o el optimismo.

    Finalmente, cuando está en juego el futuro de toda Europa y el papel que tendrá en un mundo cambiante, acotar los problemas a si España saldrá de una pieza o troceada de esta crisis es un ejercicio minimalista.

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