SOBRAN LAS PALABRAS

Hoy El Roto le pone imagen a una idea que hace tiempo que reitero en mis charlas: el Estado de Bienestar ha dejado de ser funcional al capital y, por lo tanto, gracias a que ha conseguido desarticular y desclasar a la clase trabajadora, superando con ello el tiempo en el que ésta contaba con las fuerzas suficientes como para cuestionar la propiedad de los medios de producción, aquél se ha lanzado decididamente a desmantelar y mercantilizar todo lo que un día tuvo que ceder a los trabajadores en forma estructuras de bienestar. Se acabaron las concesiones.

Fuente: http://www.albertomontero.com/2012/05/03/548/

2 thoughts on “SOBRAN LAS PALABRAS

  1. Estos días se comenta en varios medios que se va ha producir un retroceso de 30 años en el tema del aborto pues Alberto Ruiz Gallardón, ese que creíamos que era el más moderado, pretende volver a los supuestos terapéuticos por lo que la mujer que quiera abortar necesitará sí o sí el aval de un médico que certifique que ella o el feto corran algún peligro.

  2. La consecución de la jornada laboral de 8 horas costó la vida a muchos trabajadores. “Las concesiones” tenían este altísimo precio. La existencia de la URSS, que algunos parecen querer condenar al olvido, también ha tenido mucho que ver en “la concesión” de lo que en Europa Occidental se ha conocido como Estado del bienestar. Y, claro, no se pueden entender las relaciones laborales y sociales, hasta la fecha, de esta parte del mundo sin la citada URSS (el desmontaje del Estado del Bienestar estaba en la cabeza del capital y se ha venido acelerando desde el mismo momento que se desvaneció la URSS) y sin la Segunda Guerra Mundial, tan costosísima en vidas humanas y creadora de una nueva conciencia. (Que dió origen a las luchas emancipadoras de la mujer, de las minorías, etc).

    Hoy, desarmada la clase trabajadora, derrotada ideológicamente por el capital y sus fuerzas de combate (políticas, económicas, sociales, de propaganda [Mass Media]), está a punto de caramelo, justo en el punto en el que el capital siempre aspiró a tenerla. Eso sí, con la inestimable colaboración de la socialdemocracia, ese invento cuya finalidad era atraer a la clase trabajadora, arrancándola de las garras del comunismo y la idea de emancipación de clase, y que se justificó durante varias décadas ante los trabajadores por las “conquistas sociales” y ante el capital por su importantísimo papel de desclasamiento y desideologización de los trabajadores. Hoy, también sobra, no tiene papel a jugar en el nuevo escenario. Su huida hacia adelante, cayendo de bruces en el socialiberalismo, contribuye decisivamente al desánimo de los trabajadores que, incapaces de definir y articular sus intereses, se entregan fatalmente al derrotismo o a la búsqueda de una salida individual al modo de “sálvese quien pueda”.

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