RESPECT DE GEORGE GALLOWAY REVOLUCIONA LA POLÍTICA BRITÁNICA

El contundente triunfo electoral de George Galloway en la elección parcial de Bradford [ciudad del norte de Inglaterra] ha sacudido el mundo petrificado de la política inglesa. No se esperaba, y por esa razón gran parte de los medios de comunicación (con la excepción honorable de Helen Pidd de The Guardian) trató la campaña de Respect como un espectáculo disparatado marginal.

Un adulador de la BBC y presentador de un programa televisivo electoral local que intentó insultar y burlarse de Galloway debería ahora comerse sus sucias palabras. El escaño de Bradford, feudo del laborismo desde 1973, se consideró seguro y el dirigente laborista Ed Miliband había planeado una visita para celebrar la victoria a la ciudad hasta que se filtró la noticia a las dos de la madrugada. Ahora Ed Miliband vuelve a concentrarse en su propio futuro.

El laborismo ha pagado el precio de su fracaso como oposición; creyó que sólo tenía que esperar a que cayera el premio. La situación política en Escocia debía hacerles reflexionar. Quizá este último acontecimiento en la política inglesa lo haga, aunque lo dudo. Galloway se ha orinado sobre los tres partidos. Los liberal-demócratas y los conservadores explican su descenso alegando que votó demasiada gente.

La campaña de Respect movilizó a miles de jóvenes infectados de apatía, desprecio y hastío por la política convencional. Galloway es incansable en estas ocasiones. Nadie más en el terreno político puede competir con él y no solamente porque es un orador hábil, aunque no se debe infravalorar su destreza.

El impacto causado en los jóvenes es consecuencia de las verdades anodinas repetidas diariamente por el gobierno y los políticos de la oposición. Fue el contenido político de la campaña lo que galvanizó a la juventud.

Los defensores de Respect y su candidato hicieron hincapié en los desastres de Irak y Afganistán. Galloway exigió que se juzgue a Blair como criminal de guerra y que se retiren las tropas británicas de Afganistán sin más demora. Arremetió contra el gobierno y el partido laborista por las medidas de austeridad de las que son blanco los pobres y enfermos y por las nuevas privatizaciones en educación, sanidad y el servicio postal. Fue todo esto lo que dio a Galloway una mayoría de 10.000 votos.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Después del colapso del comunismo en 1991, la noción de Edmund Burke [escritor y político irlandés] de que “en todas las sociedades donde hay distintas clases, algunas de éstas son necesariamente predominantes” y que “los apóstoles de la igualdad sólo cambian y pervierten el orden natural de las cosas” llegó a ser la sabiduría racional de la era. El dinero corrompió completamente la política.

En el corazón del capital fuimos testigos de la emergencia de coaliciones eficaces: como siempre, los republicanos y demócratas en Estados Unidos; New Labour y los conservadores en el Estado vasallo de Gran Bretaña; los socialistas y conservadores en Francia; las coaliciones alemanas de algún signo u otro, donde los verdes se diferencian por su defensa de las relaciones con Estados Unidos; y el centro-derecha y centro-izquierda escandinavos con pocas diferencias entre sí pero que compiten en cobardía ante el Imperio.

Prácticamente en todos los casos el sistema de dos o tres partidos se transformó en un gobierno nacional. Un nuevo extremismo de mercado entró en escena. La entrada del capital en los dominios más santificados de la cobertura social se consideró una reforma necesaria. Las iniciativas financieras privadas que castigan al sector público llegaron a ser la norma y los países (como Francia y Alemania) que no se encaminaban lo suficientemente de prisa hacia el paraíso neoliberal se denunciaban en The Economist o The Financial Times.

A aquél que cuestionaba este giro, defendía el sector público y la propiedad pública de los servicios esenciales o desafiaba la liquidación de las viviendas municipales se le consideraba un dinosaurio.

El consenso que estableció Margaret Thatcher durante las décadas de penuria de los años 80 y 90 ha gobernado la política británica, ya que New Labour aceptó los principios básicos de Thatcher (su modelo fue el abrazo de los Nuevos Demócratas de Reagan). Ésas fueron las raíces del centro más recalcitrante que engloba tanto el centro-izquierda como el centro-derecha y ejerce el poder con medidas de austeridad que privilegian a los adinerados y apoyan las guerras y ocupaciones en el extranjero.

El Presidente Obama no está solo en la esfera política euro-estadounidense. En la actualidad están surgiendo nuevos movimientos que desafían la ortodoxia política sin ofrecer una alternativa. Constituyen poco más que un grito de auxilio.

Respect es diferente. Ofrece un programa socialdemócrata de tendencia más izquierdista que desafía el statu quo y condena en voz alta las fechorías imperialistas. Es decir no le asusta la política. Su triunfo en Bradford debería obligar a algunos a repensar su pasividad y a otros a darse cuenta de que los Occupiers de antaño pueden ayudar a romper el punto muerto político.

Fuente:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=148284

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