Madrid-Bayern, lo que nos pasa


Publicat a elperiodico

Por Albert Sáez

Muy lentamente, la opinión pública autóctona va entrando en el fondo del debate sobre el alcance y la verdadera naturaleza de la actual crisis económica. Empezamos pensando que se trataba simplemente del reflejo local del shock financiero internacional derivado del hundimiento de la deuda inmobiliaria en Estados Unidos. Después creímos que estábamos en una de las crisis cíclicas de crecimiento. Finalmente entendimos que nos había estallado en la cara la burbuja inmobiliaria. Pero atribuímos los males a los perversos mercados financieros que desangraban nuestra riqueza con tipos de interés desproprocionados. Hasta aquí todos estos males estaban agravados por la impericia y la ingenuidad de Zapatero. Tras la llegada de Rajoy, entramos en el núcleo del asunto como ha explicada en este bloc Joan Manuel Perdigó : vivíamos por encima de nuestras posibilidades -individual y colectivamente- y pagábamos a crédito. Hoy ya sabemos que con Rajoy el grifo del crédito sigue cerrado. Crecimos a base de comprar dinero a bajo precio y con ese crecimiento equilibramos artificialmente las cuentas públicas y pagamos los servicios del Estado del bienestar. Y encima lo hacíamos encareciendo el precio de las cosas.

La eliminatoria de la Champions entre el Bayern y el Madrid nos da una clara oportunidad de ver lo que nos pasa. La entrada más barata en el Arena Stadium costará 40 euros. En el Bernabeu, 70. La más cara costará en Munich, 120 euros mientras que en Madrid se pagarán en las taquillas oficiales hasta 325 euros. Al partido de ida irán 65.000 espectadores. Al de vuelta, 85.000. Las entradas serán un 40 por ciento más caras de media en Madrid y el aforo será un 20 % mayor. El presupuesto del Real Madrid es cuatro veces superior al del Bayern. En cambio, el PIB de Munich es de 117.000 millones de euros mientras que el de Madrid es de 79.000 millones. En Madrid viven 3,2 millones de personas y en Munich 1,3. Como consecuencia, la renta per cápita es de 30.000 euros anuales en la capital de España y de 53.000 euros en la capital de Baviera. Sin embargo, un madrileño está dispuesto -y tiene la posibilidad- de pagar un 1% de su renta para ir a la semifinal mientras que el bávaro no gastará en ningún caso más del 0,2 % de lo que gana cada año. Vamos que se puede llegar a semifinales de la Champions gastando una cuarta parte y pagando por las entradas una quinta parte. Esa es la diferencia. Sustancial. Porque parece bastante evidente que los seguidores del Madrid y los directivos del Madrid tiran de la Visa para pagarse la fiesta.

En el conjunto de España, la diferencia en 2011 entre lo que ahorramos y lo que pedimos prestado al exterior fue de 711.000 millones de euros. No lo pasen a pesetas porque se marearán. La cadena perversa se ha roto. Los bancos ya no consiguen dinero barato con el que financian hipotecas astronómicas con las que pagamos impuestos de primera división. De ahí nace la desconfianza que los bancos, las administraciones y las empresas generan -por este orden- en los mercados financieros que nos obligan a pagar más por vivir a crédito porque se fían menos de que podamos devolver lo que ya debemos y ya nos hemos gastado. Llegados a este punto solo hay tres caminos posibles: recuperar confianza, ser intervenidos por la UE o abandonar el euro. La tercera posibilidad sigue siendo una quimera. La segunda un deshonor. Y la primera el camino que tuvimos la oportunidad de iniciar en 2008 o en 2010 y que el PP no quiso tomar por una suerte de avaricia electoral que ahora ha pagado con el estropicio en Andalucía. El peligro es que el PSOE le quiera pagar con la misma moneda. España no se lo puede permitir. PP, PSOE y CiU junto a la CEOE y los sindicatos UGT y CCOO deberían ponerse de acuerdo en al menos cuatro cosas: hay que dejar de vivir a crédito, tanto los particulares como las administraciones; hay que crear empleo y romper el mercado laboral dual, ajustando los beneficios de las empresas y los salarios de los trabajadores a la riqueza neta generada prescindiendo del crédito; hay que preservar el estado del bienestar, como mínimo en los niveles de gasto y de prestaciones del año 2003, último ejercicio con una proporción razonable entre crédito y ahorro; hay que remodelar el sistema productivo en dos fases: primero creando ocupación de menor calidad para después dar entrada a actividades de mayor valor añadido. Si los mercados no perciben que España seguirá este plan mande quien mande y sin romper la cohesión y la paz social, la senda de la intervención solo tendrá como alternativa salir del euro y, por lo tanto, del mundo desarrollado.

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