Vuelven los ‘mortadelos’

Antonio Fernández. Barcelona

El Confidencial

Los mortadelos vuelven. Para quien no los hubiese conocido en su momento, los mortadelos eran un grupo especial dentro de los Mossos d’Esquadra que funcionaban al margen de los demás grupos operativos durante los años 80 y 90, asimilados a una brigada de Información que dependía directamente del director general de la Policía Autonómica catalana. Su cometido era espiar todo y a todos. Disuelto el grupo especial, nunca más se había oído hablar de ellos.

Pero se han vuelto a poner de actualidad porque ahora los mortadelos son agentes que dependen de la División de Asuntos Internos de los Mossos. Y su cometido es más concreto que el de sus predecesores: vigilar a los propios policías, lo que les ha granjeado el rechazo de la mayor parte de la plantilla de los Mossos.

“Les hemos cazado filmando a los agentes que acuden a los actos públicos del presidente Artur Mas y del consejero de Interior, Felip Puig, para protestar contra los recortes. Incluso hemos hecho contravigilancias y les tenemos fotografiados. Además, hay compañeros que forman parte de ese grupo y que extraoficialmente nos han confirmado que reciben órdenes para seguir y controlar a los policías que protestan”, dicen a El Confidencial fuentes de los sindicatos de los Mossos d’Esquadra.

La tensión interna que vive el cuerpo policial catalán se acrecienta por momentos. Un miembro de la cúpula de un sindicato señala a este diario que “Asuntos Internos no debería estar para vigilar si se protesta o no contra los recortes. Su cometido debería ser investigar delitos, faltas o el trabajo mal hecho, pero no el control de los sindicalistas”. Y un dirigente de otra central advierte que “lo que están haciendo es control político. No puede ser que destinen efectivos y recursos para vigilar lo que hacen otros policías en el desempeño de sus funciones normales y legítimas”.

Los sindicalistas lo tienen todo planeado. Un grupo denominado Escamot 19 (Comando 19) se encarga de presentarse en los actos oficiales a los que acuden Mas y Puig para dejar patente el malestar de los mossos d’Esquadra con los recortes. El nombre no fue escogido al azar: cualquier reunión que aglutine a 20 agentes ha de comunicarse por escrito y ha de solicitarse permiso a los superiores para realizarla. Por tanto, el comando de protesta está formado siempre por 19 agentes, que soslayan así los trámites burocráticos.

“Es que a nosotros nos afectan más los recortes que a otros colectivos de funcionarios. A la rebaja de sueldos y de efectivos [se han eliminado casi 500 coches patrulla por falta de dinero para pagar el renting de los vehículos] se unen otras medidas. Por ejemplo, la Generalitat quiere eliminar los vales comedor. Pero el 70% de los vales son del cuerpo policial, ya que es un servicio que se presta durante las 24 horas. Y su eliminación nos supone, de media, más de 100 euros mensuales, que se han de añadir a los demás recortes”.

Espiados desde una ventana

Las vigilancias se realizan siempre que se detecta una reunión de agentes. Este lunes, cuando tres sindicalistas fueron citados en la comisaría de Les Corts por sendos expedientes que se les habían abierto, hubo concentración de policías delante de las dependencias donde prestaban declaración. Y desde una ventana, algunos mortadelos grababan con cámaras a los concentrados. ”No sé porqué pierden el tiempo, porque nosotros no quemamos neumáticos ni somos piquetes violentos. Ni siquiera insultamos, aunque sí nos hacemos oír”, dice un agente presente en esa concentración.

Desde los sindicatos se denuncia una persecución sin precedentes a los policías. Uno de los agentes a los que se abrió “información reservada” es la responsable de Acción Sindical del Sindicat de Policies de Catalunya (SPC), àngels Bosch. La acusación que se le hacía, en un principio, era usurpación de identidad, pero ninguna pregunta de sus interrogadores se refirió a ese tema. La acusación oficial fue de que habló con el juez de Puigcerdà diciendo que iba de parte del comisario jefe de los Mossos d’Esquadra. Con la información facilitada, presuntamente, quería ayudar a su marido, agente de la comisaría de aquella localidad.

Sucintamente, el problema que hubo fue que el marido de la sindicalista no acudió al trabajo un día diciendo que estaba enfermo. Su intención era desplazarse hasta el vecino principado de Andorra para participaren un campeonato de tiro. Pero ser bueno en algo tiene sus inconvenientes. Tuvo la mala suerte de ganar el torneo. Y claro, la prensa local difundió la noticia, con fotografía del ganador incluida. El responsable de la comisaría de Puigcerdà vio la noticia, ató cabos y llegó a la conclusión de que su subordinado le había mentido, por lo que le abrió expediente.

Amenazas a agentes

“Nada de eso es verdad. El secretario general del sindicato, David José, le encargó a àngels que mirase ciertos problemas en Puigcerdà, porque había noticias de roces entre el juzgado y la comisaría. Ella fue allí, se identificó como secretaria de Acción Sindical del SPC, dejó incluso su tarjeta y habló con la secretaria judicial. Luego, la llamó el juez para comentar más cosas del tema. Pero los mortadelos se sacan de la manga que visitó a un juez diciendo que iba de parte del comisario de los Mossos. Todo falso. Lo que pasa es que, después del informe que hizo, hubo un tirón de orejas al responsable de la comisaría por su actitud y por su gestión”.

Otra cosa son los otros dos sindicalistas a los que se les abrió expediente por supuestos insultos a los policías que vigilaban la Vuelta Ciclista a Cataluña. “Jamás se insultó a nadie. No es nuestro estilo. Sólo se les llamó esquiroles”, dicen los sindicatos”. Desde la Administración, no obstante, se justifica el trabajo de los mortadelos porque “algunos agentes recibieron amenazas e insultos por teléfono incluso a altas horas de la madrugada. La familia de uno de ellos incluso recibió una llamada informando que el agente había sido ingresado en un hospital. Incluso destrozaron el coche de un sargento”, dicen las fuentes consultadas. El tema, pues, es serio.

Desde el lado contrario, se desmiente esta información. “El sargento de la Vuelta Ciclista a Cataluña se comportó de manera chulesca, pero nadie le hizo nada a su coche. Sin embargo, sí que apareció roto el parabrisas trasero de un coche del sargento de Gerona. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Intentan involucrar a los sindicalistas de la Vuelta con un tema que no tiene nada que ver. Además, no es la primera vez que el coche de ese sargento aparece dañado, porque ya se lo rompieron al menos en otra ocasión. Lo que están intentando hacer es criminalizar a los sindicalistas más activos”.

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