CÁDIZ (1812) Y CATALUNYA

Catalunya hace ya 200 años disponía de una fuerte percepción de autogobierno e identidad en una coyuntura histórica de emergencia

Artículos | 22/03/2012 – 00:00h

Gran ensayo del catedrático balear Román Piña Homs (Los diputados catalanes y mallorquines) en la magna obra colectiva Cortes y Constitución de Cádiz. 200 años, dirigida por el académico José Antonio Escudero, editada por Espasa y financiada por la Fundación Rafael del Pino. Es la obra definitiva, más plural y caleidoscópica sobre los avatares previos, debates y aprobación de la Constitución de Cádiz de 1812, en la que participan más de cien expertos de distinto origen territorial e ideológico. Hay que aludir a la tesis de Piña Homs para entender que, por un lado, Catalunya hace ya 200 años disponía de una fuerte percepción de autogobierno e identidad en una coyuntura histórica de emergencia, y así se trasladó al debate constituyente, y por otro, que los delegados del Principado asumieron la nación española entendida como “un pacte entre ciutadans lliures per a la construcció d’un marc que assegurés els drets polítics i civils de tots els espanyols”, en expresión que el ensayista toma de la obra de Josep Maria Fradera sobre el liberalismo en Catalunya.

Piña Homs señala cómo los representantes catalanes tenían dificultades de expresión en castellano (demostrando el arraigo del idioma catalán), salvo algunos como Antonio de Capmany, Ramón Lázaro de Dou y el muy catalanista Felipe Aner d’Esteve, y cómo el mandato con el que acudieron a Cádiz consistía en “recobrar los privilegios de que disfrutó Cataluña en el tiempo que ocupó el trono español la augusta Casa de Austria”, en defender las medidas económicas proteccionistas para su industria y comercio y en mantener sus instituciones. Lo que hace escribir al autor que la respuesta catalana en aquel momento histórico -fundacional de la soberanía nacional española- no es una “singularidad del pasado”, ya que refleja “el espíritu permanente de Cataluña con todas sus virtudes y defectos”. Cierto es que en la Catalunya de 1810-12 convivían afrancesados con integristas y liberales, pero aquella diversidad ha sido constante, si bien con las reformulaciones ideológicas de cada capítulo histórico. La conclusión: pragmatismo y equilibrio. Convivencia difícil con el conjunto de España, pero posible mediante una larga tradición pactista.

Si este ensayo en esta obra colectiva se enlaza con el elaborado por el profesor Gregorio Monreal Zía sobre los diputados vascos y navarros en aquellas históricas Cortes, se llegará a la consecuencia de que la afirmación, en tiempo verbal presente, de “tenemos un problema” con Catalunya y el País Vasco es engañosa, porque el tal problema es anterior, un elemento constitutivo de España que es el resultado del equilibrio de energías distintas, unas centrípetas y otras centrífugas. Contemplar esta situación histórica y actual como una patología conduce a políticas equivocadas (victimismo y ensimismamiento, unos, intolerancia y hartazgo, otros), en tanto que si se contempla como un dato original de nuestra convivencia, ensayaremos de continuo políticas de recíproca satisfacción enmarcadas en las posibilidades jurídicas y económicas de un Estado en la era de la globalización. Esa es una de las lecciones de Cádiz.

http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20120322/54275031486/jose-antonio-zarzalejos-cadiz-1812-y-catalunya.html

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