¿QUÉ CLASE DE ESPAÑOLES SOMOS?


El encaje de Catalunya en España

¿Qué clase de españoles somos?

La doble identidad catalano-española se encuentra asediada por el neocentralismo y el soberanismo

Joaquim Coll Historiador

«El gran problema para nosotros no es saber desde cuándo somos catalanes, sino desde cuándo somos españoles y qué clase de españoles somos», se preguntaba el historiador Ramon d’Abadal, en 1966, en correspondencia con Américo Castro, en ocasión del envío de su prólogo al volumen XIV de la Historia de España, dirigida por Menéndez Pidal. Mientras la primera pregunta, desde cuándo somos españoles, permite respuestas múltiples en función del momento histórico que privilegiemos, la segunda cuestión que planteaba Abadal me parece más sutil e interesante. Es cierto que los catalanes pudimos dejar de ser súbditos de la monarquía española en el siglo XVII, siguiendo los pasos de Portugal, pero no fue así y en los cuatro siglos siguientes las élites sociales y políticas catalanas no tuvieron otro empeño que el de lograr, por vías diversas, un mayor peso de Catalunya en la gobernación española. Esto se expresó con mayor fuerza a finales del siglo XIX, y a lo largo del siguiente, con la aparición del catalanismo político, que sustancialmente es una propuesta alternativa a la vertebración centralista del Estado liberal español. No nacía de la nada, pues el catalanismo enlaza con el federalismo primigenio del siglo XIX, y en algunos aspectos con el carlismo. Continua llegint “¿QUÉ CLASE DE ESPAÑOLES SOMOS?”

Fue un mal día para Rajoy


EL CRISOL    –    Pascual Mogica Costa

                  

     El pasado miércoles, día cuatro del mes en curso, no cabe la menor duda que fue un mal día para Mariano Rajoy, no había más que ver su cara en la sesión de control al Gobierno que se celebra cada miércoles.

     En dicha sesión tuvo lugar el debate de los datos del paro hechos públicos ese mismo día y que daban la ilusionante y agradable noticia, no para Rajoy por la cara que ponía, de que el paro había descendido en abril en más de 64.000 personas.

      Es evidente que a Rajoy le han sentado estos datos como una patada en semejante sitio y que no los ha podido digerir porque se le han hecho una “pelota” que no ha podido tragársela y que más bien le provocaba una serie de “arcadas” que a punto debió estar de irse al baño para salir del atragantamiento de la mejor forma posible. Lo mejor que se le pudo ocurrir al jefe de la oposición fue decir que ello era debido a la Semana Santa y al buen tiempo que había hecho a lo que su “segunda”, Soraya Sáenz de Santamaría, añadió que esto se daría también en mayo y junio.

      No nos debe caber la menor duda del constante hormigueo que Rajoy debe estar sintiendo en su estómago para que esto de la bajada del paro no se alargue demasiado y para que la economía no se levante, de ahí su constante letanía de que Zapatero debe convocar elecciones generales antes de que las cosas puedan mejorar, que pueden, y que mejorarán sin duda alguna, y se le venga abajo el sombraje formado por estas dos incidencias ya que el tercero, el del terrorismo, se le ha venido abajo ya, no hay más que ver que en la última encuesta del CIS, en la del pasado mes de abril, solo a un 6% de los españoles les preocupa el terrorismo por lo que cada vez le van quedando a Rajoy menos argumentos para derribar al Gobierno. Rajoy, no es tonto, puede que los españoles, con la calificación que le dan en las encuestas, no le consideren con capacidad suficiente para hacerse cargo del Gobierno de España, pero tonto no es y sabe que cada día que pasa el tiempo juega en su contra ya que lo normal es que todo mejore porque de las crisis, antes o después, siempre se sale. Los que ya sumamos años sabemos mucho de eso.