El nuevo éxodo de Egipto a Israel

10.000 inmigrantes de Eritrea, Sudán y Etiopía han cruzado ilegalmente en 2010 a territorio israelí. Tel Aviv sólo aceptará a 500 como refugiados.

30 hombres han muerto en el último año por disparos de soldados fronterizos de Egipto. Las ONG hablan de trato “brutal” y humillaciones.

Netanyahu ha ordenado levantar otro muro con Egipto y va a construir un centro de internamiento en el desierto del Negev.

CARMEN RENGEL

Un nuevo éxodo viene de Egipto hacia Israel. Se asemeja al de aquellos judíos que deambularon por el desierto, en busca de la tierra prometida, de los campos de leche y miel, perdidos por el Sinaí, ansiosos por alejarse de la esclavitud.

Los que hoy caminan por la meseta hostil, desértica, pedregosa, tienen la piel negra y apenas unos jirones de fe en el alma, pero su ansia por alcanzar la meta es la misma de los tiempos de Moisés: tienen hambre de paz y de futuro.

Su esclavitud tiene mil formas: persecución política, sexual, étnica… Cada semana, unos 700 inmigrantes de Sudán, Eritrea y Etiopía tratan de pasar la frontera entre Egipto e Israel, en un ritmo acelerado un 300% en apenas un año.

2010 se ha cerrado con la entrada irregular de más de 10.000 personas –hasta 35.000 han llegado en cinco años- y, lo más grave, con 30 extranjeros muertos por disparos de soldados egipcios, los únicos que vigilan la zona, que carece de barreras y vallas. El nuevo año tiene ya en su cuenta la vida de dos jóvenes sudaneses.

Bill Van Esveld, colaborador de Human Right Watch (HRW) en Medio Oriente y Norte de África –las botas gastadas de visitar la frontera israelo-egipcia en estos meses-, denuncia que el comportamiento “violento en extremo” de las fuerzas policiales es la consecuencia de la inoperancia del gobierno de Hosni Mubarak en materia migratoria.

“Los sudaneses y etíopes empezaron a llegar al país hacia 2005. En Egipto pedían el estatus de refugiado y desde ahí eran enviados a los países de acogida, europeos la mayoría. Ahora hay muchas naciones que han dejado de considerar refugiados a los inmigrantes de Eritrea o Durban, y Egipto ha bajado los brazos, no busca ayuda ni salidas alternativas”, lamenta.

Al otro lado, en Israel, no encuentran tampoco el calor necesario para solventar la crisis humanitaria que vive en pleno desierto. Según el Gobierno de Tel Aviv, en 2006 se llegó a un acuerdo con Egipto por el que Mubarak se comprometía a frenar la llegada de inmigrantes a la frontera, acuerdo que El Cairo no reconoce.

“En eso se escudan para decir que quien actúa mal es su vecino, y no ellos mismos”, abunda Segal Rosen, voluntaria de una red de ayuda a inmigrantes sin papeles en Tel Aviv.

HRW sostiene que hay unos 200.000 inmigrantes africanos en Israel, de los que cerca de 80.000 son ilegales y, de ellos, 20.000 han entrado por Egipto; “gran parte de ellos” tienen suficientes pruebas como para pedir el asilo como refugiado y, aunque Israel -recuerda Van Esveld- firmó la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados y debería acoger a los perseguidos, “no les están dando ni la oportunidad de demostrar que lo son realmente”, critica.

Vistas del desierto del Sinaí, por el que cruzan los inmigrantes, desde Eilat (Israel)

Y es que Israel se acoge ahora a la política de las deportaciones masivas, con cupos de 50 personas,un hito en un país donde la inmigración nunca fue un problema, sino un valor añadido, el de la diversidad y la riqueza cultural de todos los judíos del mundo aquí reunidos. Ahora toca replantear sus políticas. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, ya anunciado que se legalizará como refugiados a unos 500 extranjeros venidos desde Darfur, una cifra mínima en comparación con los 6.000 se manejaba en sus primeros borradores. El resto retornará a sus países.

Mientras llega ese viaje de vuelta, su intención es la de tenerlos en un “centro de internamiento” a cielo abierto que comenzará a levantarse dentro cinco meses en mitad del desierto del Negev, que estará listo en 2013.

Su modelo es el de “España e Italia”. Las ONG ya avisan de que será más una “cárcel racista” que un refugio y tienen penosos precedentes para no fiarse, como el centro de retención y expulsión existente en Ketziot, donde las mujeres están en casetas prefabricadas de chapa y los hombres viven en tiendas de campaña, “a expensas del frío y el calor”, añade Rosen.

“Sabemos que es la primera vez que Israel tiene que hacer frente al desafío de la inmigración ilegal masiva, pero no puede afrontarla con arrestos violentos, detenciones arbitrarias y juicios injustos ante tribunales militares”.

Netanyahu nunca dice “no hay más trabajo” o “son demasiados”, sino que el resorte que le mueve a perseguir a los inmigrantes es su temor a que Israel pierda su mayoría judía. Su socio de gobierno, el utraortodoxo Eli Yishai, refuerza ese mensaje con un dato que las ONG tildan de “mentira”: sólo el 0,01% de los inmigrantes son legalmente “refugiados”. “Aceptarlos a todos, a los 30.000 que podrían llegar en un par de años si no tomamos medidas, sería el suicidio del alma de Israel”, sostiene.


Las excavadoras comenzaron en noviembre a levantar el muro de separación en la frontero egipcio-israelí. / Doron B. Hesse

Las medidas a que se refiere, más allá del centro de internamiento, incluyen también la construcción de un muro de separación con Egipto, que lleva un mes de obras.

La frontera discurre por 250 kilómetros entre Gaza y Eilat, de los que se van a tapiar 110, en una primera fase, con un gasto de 270 millones de euros. El resto del espacio se vigilará con alta tecnología, sensores y cámaras de vídeo, además de con patrullas constantes de policía y ejército.

Si es necesario, se cubrirán de hormigón los kilómetros restantes, con un coste estimado de 800 millones de euros. Al muro -uno más- se suma la nueva Brigada Oz, apadrinada por Yishai, dedicada en exclusiva a “apresar a los indocumentados que invaden el país”.

Los ciudadanos, mientras, están divididos entre los que se manifiestan contra este blindaje y la expulsión de refugiados (los menos) y los que abogan por el cierre de fronteras (los más). Entre los que piden un estado democrático laico (los menos) y los que piden cualquier medida que preserve la esencia judía del país (los más).

De momento, pesa el mensaje del primer ministro: “Mi deber es garantizar el carácter judío y democrático del país. Los inmigrantes causan a Israel un daño cultural, social y económico imponente y nos conducen al Tercer Mundo, así que pelearé contra ellos”.

Lo dijo Netanyahu hace un año. Hoy ya lo cumple, con hormigón y policía, mientras el vecino egipcio completa el dibujo a tiro limpio.

http://periodismohumano.com/migracion/el-nuevo-exodo-de-egipto-a-israel.html

Una resposta a “El nuevo éxodo de Egipto a Israel

  1. Retroenllaç: Bitacoras.com

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