Revuelta social: prohibir fumar es la gota que colma el vaso


Federico Quevedo – 08/01/2011

Yo no fumo. Lo hice, durante mucho tiempo y en cantidades ingentes -llegué a consumir más de dos paquetes diarios-, pero hace un lustro que lo dejé y, francamente, desde entonces soy mucho más feliz y los que me rodean también. No fumo, y reconozco que ahora el humo del tabaco me molesta, y me incomoda cuando alguien fuma cerca. No soporto el olor a tabaco impregnado en la ropa, la sola exposición prolongada al humo de un puro, por ejemplo, acaba consiguiendo provocarme un fuerte dolor de cabeza. No hay nada como dejar de fumar, después de haberlo hecho durante años, para darse cuenta de lo molesto que puede llegar a ser para los que están alrededor de uno cuando los fumadores hacemos ese gesto inconsciente de llevarnos la mano al bolsillo, extraer un cigarro y encenderlo aspirando esa primera bocanada de la que surge una inmensa cantidad de humo que esparcimos sobre nuestras cabezas sin haber preguntado -nunca lo hacemos- si a alguien le molesta. Yo me he hartado de pedir perdón, porque es cierto que durante mucho tiempo los fumadores ejercíamos nuestro derecho sin preocuparnos en absoluto del derecho de los no fumadores y, como digo, basta con dejar de fumar para darnos cuenta de lo increíblemente egoístas y antisociales que somos los fumadores, por más que el hábito de fumar sea precisamente eso, un hábito social.

Cuento esto porque, sin embargo, y a pesar de lo dicho, estoy profunda y radicalmente en contra de la ley que ha entrado en vigor y que está provocando ya no pocas situaciones un tanto esperpénticas, cuando no de auténtica revuelta social. Lo estoy porque creo que esta ley, como otras aprobadas anteriormente por este Gobierno, es una ley prohibicionista que atenta contra la libertad personal. Y a mi, francamente, la libertad me parece un bien que se ha de preservar necesariamente en toda su amplitud y, como por definición me considero radicalmente contrario a las normas prohibicionistas salvo cuando la prohibición se limita a garantizar que la libertad de unos se entrometa en la de otros, esa es la razón por la que esta ley me parece profundamente totalitaria y, lo que es peor, anuladora de la libertad individual y vulneradora del principio constitucional de la propiedad privada. Me dirán los partidarios de la misma que lo que pretende esta ley es precisamente eso, garantizar que la libertad de los fumadores no esté por encima de la de los no fumadores, pero eso es rotundamente falso, porque en este caso era perfectamente posible conciliar los intereses de los fumadores y los de los no fumadores. Continua llegint “Revuelta social: prohibir fumar es la gota que colma el vaso”