OTOÑO DESOLADOR Antoni Puigverd La Vanguardia 30/10/09

OTOÑO DESOLADOR

Llueve sobre mojado, pero no es agua: son heces. Las inmundicias inundan el paisaje político español, pero causan tremendos estragos en Catalunya. En una Catalunya que se idealizó a sí misma en forma de patria ordenada, limpia y virtuosa. Y se descubre ahora tan viciosa, sucia y vulgar como cualquier otra. Se descubre mediterránea: con una mezcla de hipocresía pública, cinismo privado y estructuras políticas y sociales ideológicamente ensimismadas, tan jerarquizadas como los feudos medievales. No confundir esta descripción con el manido cliché del “oasis catalán” (pronúnciese con desprecio), que se habría transformado ahora en una “apestosa ciénaga” (pronúnciese con satisfacción). El catalanismo cultural, superviviente de una dictadura que duró cuarenta años, no tuvo más remedio que idealizarse a sí mismo como una destilación purista del Noucentisme (la Catalunya culta, laboriosa, carolingia). Este mito, después de contrastarse durante treinta años con la realidad, inevitablemente pringosa, se está rompiendo estrepitosamente, como un sueño de cristal.

 Utilicé meses atrás la metáfora del edificio que se derrumba. El derrumbe causa impacto emocional: desaliento, rabia, resentimiento. Y levanta una densa nube de polvo que dificulta extraordinariamente la visibilidad. Con los políticos bajo sospecha generalizada, los ciudadanos, no sólo experimentan el sentimiento de orfandad, también un gran desconcierto: nos estamos quedando sin referentes. Están desapareciendo los puntos cardinales establecidos desde la muerte de Franco. El momento es grave. La avería del sistema catalán de representación empezó con la desgraciada aventura del Estatut y culmina, en plena crisis económica, con los escándalos de corrupción. La corriente ya no puede pararse. De nada servirá los paños calientes -expulsiones, juicios sumarísimos internos- ni los movimientos a la desesperada de los líderes recordando la honestidad de la mayoría de políticos. Cuando el edificio cae de nada sirve recordar la buena fe del arquitecto o las tópicas virtudes del vecindario. Seguro que estallarán nuevos escándalos. Lo de Santa Coloma pone en evidencia algo muy habitual en todos los ayuntamientos de España: las recalificaciones. ¿Desembocará esta corriente de escándalos de corrupción en el mar del populismo? ¿O será el factor que desencadenará la refundación del sistema democrático? Lo único que está claro es la fuerza de esta corriente: su inevitabilidad. Una inevitabilidad que, paradójicamente, han impulsado partidos y medios de comunicación, que también serán arrastrados por ella. Maquiavelo recordaba la voracidad de algunas aves de rapiña que persiguen a sus presas descuidando su instinto de supervivencia. Lanzándose sobre presas fáciles, desoyen la llegada de aves mucho mayores, que caerán sobre ellas hasta matarlas.

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