Quant vegis les barbes del teu amic cremà posa les teves a remullar


 

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Quantes persones relacionades amb el Mon polític deuen estar  sofrint aquets últims dies una mica  de  temor  o  de nits sense dormir   al veure com alguns companys dedicats a la mateixa tasca que ell, o sigui polítics i altres especialitats (alcaldes, secretaris, promotors, intermediaris i mes…),  que son   perseguits aquesta setmana  com conills per part del jutge Garçon , segur que molts d’aquets atemorits que encara no els han enxampat  no deuen descansa ni un moment m’entres deuen passar-se la nit desperts consultant telefònicament a advocats  i destruint   piles de documents que poden ser comprometedors  a fi de que si els enxampen no hi hagi proves documentals, quants també  ja deuen haver-hi que  tenen el passaport a punt a fi de per pogué embarcar-se al primer avió per anar a retirar els milions que tenen camuflats a paradisos fiscals i desaparèixer per una temporada, jo mateix també tindria molt cangueli si en el curs de la meva vida es tingut contacte amb algun d’aquets que estan sota sospita, ja que també jo tindria tots aquets temors i  potser mes , o sigui sospitaria de tothom  i fins i tot  de tenir el pressentiment de estar controlat a distancia tot moment, de tenir el telèfon punxat , de veure ombres que me segueixen, i de segur que tremolaria si el que truca el timbre de la meva porta va uniformat.    

 

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Esto es Celtiberia y lo demás son cuentos


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Celtiberia

Esto forma parte de la Prehistoria. Esto está comprobado y datado. Esto es Celtiberia y lo demás son cuentos chinos.

Cambia el discurso.

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LA DISTANCIA DEL PODER Francesc de Carreras La Vanguardia 31/10/09


¿Es bueno que los poderes públicos estén cercanos a los ciudadanos? Pues, depende.

En los últimos años, conforme se desarrollaba el Estado de las autonomías, la idea de que los poderes públicos, para ser eficientes y eficaces, debían acercarse lo más posible a los ciudadanos, se ha convertido en una creencia común, en un tópico más de lo que antes en lenguaje marxista se denominaba “ideología dominante” y hoy suele llamarse “pensamiento políticamente correcto”.

La función de las ideologías, como sabemos, es impedir que las personas piensen por su cuenta. Basta instalarse en el interior de una determinada ideología y esta ya tiene respuestas para todo. El esfuerzo de pensar se convierte, por tanto, en superfluo: la ideología piensa por ti. Con decir soy de derechas o de izquierdas, soy liberal o socialista, es suficiente, la conciencia ya se queda tranquila: uno sabe cómodamente quiénes son los suyos y quiénes son los otros. Basta alinearse en un bando cualquiera, no es necesario ejercitar el raciocinio ni molestarse en analizar la realidad: la ideología del grupo te lo soluciona todo. Pero la funesta manía de pensar sigue siendo imprescindible para averiguar el sentido de las cosas y así poder tomar una postura moral ante las mismas, para adecuar nuestra conducta a nuestros valores.

Apliquemos esto a nuestra manera de organizarnos políticamente. Desde los principios de libertad e igualdad que regulan nuestras relaciones de convivencia, qué es lo más adecuado: ¿que los poderes públicos sean cercanos o lejanos? La respuesta ya la hemos dado al principio: depende. ¿Depende de qué? Del tipo de poderes que sean.

Probablemente sólo podríamos dar una respuesta completa analizando caso por caso, cada poder en su contexto concreto. Pero, en líneas generales, quizás debería establecerse un principio: los poderes administrativos lo más cercanos posible, los poderes de control lo más alejados posible. Ejemplos que me parecen obvios: los servicios de recogida de basuras y funerarios deben ser competencia de los ayuntamientos, la planificación hospitalaria y la gestión urbanística de las comunidades autónomas, el poder judicial y la inspección de Hacienda del Estado, la política monetaria y las leyes de la competencia de la Unión Europea. El poder cercano, la autonomía si se quiere, no es un bien en sí mismo, sólo es un bien instrumental: depende para qué.

Para determinadas funciones la distancia del poder es imprescindible. Veamos los casos Millet y Pretoria (aún no sé la razón de este último nombre). Sea cual sea su desarrollo, el primero fue iniciado a instancia de la Agencia Tributaria, de carácter estatal, y el segundo a partir de un procedimiento de investigación en paraísos fiscales llevado a cabo por la Audiencia Nacional. Ambos casos tienen su centro en Catalunya y ambos habían sido denunciados y archivados. ¿No les da que pensar?

http://www.lavanguardia.es/politica/noticias/20091031/53814737997/la-distancia-del-poder.html

OTOÑO DESOLADOR Antoni Puigverd La Vanguardia 30/10/09


OTOÑO DESOLADOR

Llueve sobre mojado, pero no es agua: son heces. Las inmundicias inundan el paisaje político español, pero causan tremendos estragos en Catalunya. En una Catalunya que se idealizó a sí misma en forma de patria ordenada, limpia y virtuosa. Y se descubre ahora tan viciosa, sucia y vulgar como cualquier otra. Se descubre mediterránea: con una mezcla de hipocresía pública, cinismo privado y estructuras políticas y sociales ideológicamente ensimismadas, tan jerarquizadas como los feudos medievales. No confundir esta descripción con el manido cliché del “oasis catalán” (pronúnciese con desprecio), que se habría transformado ahora en una “apestosa ciénaga” (pronúnciese con satisfacción). El catalanismo cultural, superviviente de una dictadura que duró cuarenta años, no tuvo más remedio que idealizarse a sí mismo como una destilación purista del Noucentisme (la Catalunya culta, laboriosa, carolingia). Este mito, después de contrastarse durante treinta años con la realidad, inevitablemente pringosa, se está rompiendo estrepitosamente, como un sueño de cristal.

 Utilicé meses atrás la metáfora del edificio que se derrumba. El derrumbe causa impacto emocional: desaliento, rabia, resentimiento. Y levanta una densa nube de polvo que dificulta extraordinariamente la visibilidad. Con los políticos bajo sospecha generalizada, los ciudadanos, no sólo experimentan el sentimiento de orfandad, también un gran desconcierto: nos estamos quedando sin referentes. Están desapareciendo los puntos cardinales establecidos desde la muerte de Franco. El momento es grave. La avería del sistema catalán de representación empezó con la desgraciada aventura del Estatut y culmina, en plena crisis económica, con los escándalos de corrupción. La corriente ya no puede pararse. De nada servirá los paños calientes -expulsiones, juicios sumarísimos internos- ni los movimientos a la desesperada de los líderes recordando la honestidad de la mayoría de políticos. Cuando el edificio cae de nada sirve recordar la buena fe del arquitecto o las tópicas virtudes del vecindario. Seguro que estallarán nuevos escándalos. Lo de Santa Coloma pone en evidencia algo muy habitual en todos los ayuntamientos de España: las recalificaciones. ¿Desembocará esta corriente de escándalos de corrupción en el mar del populismo? ¿O será el factor que desencadenará la refundación del sistema democrático? Lo único que está claro es la fuerza de esta corriente: su inevitabilidad. Una inevitabilidad que, paradójicamente, han impulsado partidos y medios de comunicación, que también serán arrastrados por ella. Maquiavelo recordaba la voracidad de algunas aves de rapiña que persiguen a sus presas descuidando su instinto de supervivencia. Lanzándose sobre presas fáciles, desoyen la llegada de aves mucho mayores, que caerán sobre ellas hasta matarlas.