LA CRISIS Y LA BANCA La Vanguardia 27/09/09

DINERO

Anselmo Calleja

Economista y Estadístico.

Ex Director General en Hacienda y Economía y jefe de prensa en el Banco de España.

 

La Unión Europea se ha desayunado con que la causa principal de la crisis financiera ha sido los incentivos perversos que se concedieron a los directivos de las entidades bancarias y para evitarlas en el futuro bastaría con que los bancos limitasen las remuneraciones de sus directivos.

Esa es la propuesta que ha hecho en la reciente cumbre del G-20 en Pittsburg que como era de esperar no fue bien acogida, pues aparte de que así no se iban a evitar las crisis en el futuro, Wall Street no comulga con la prudencia salarial.

No hay duda de que los bancos han sido los culpables de la más grave crisis económica de los últimos cincuenta años, pero no han sido los únicos. Los bancos centrales han contribuido a ello de forma importante, pues la política monetaria que se venía aplicando al ser demasiado acomodante incitaba a la concesión de créditos sin miramientos. Pero también los entes reguladores han tenido su parte importante de culpa.

El caso de España es elocuente a este respecto. En efecto, según el portavoz del PSOE en el Congreso, José Antonio Alonso, la política económica que subyace en los Presupuestos Generales del Estado para 2010 es la adecuada. Sigue las recomendaciones del G-20 de Londres y se apoya en la fortaleza del sistema bancario español y en el bajo nivel de la deuda pública.

El tema de la deuda pública se deja para otra ocasión. Sólo apuntar que su bajo nivel es la contrapartida de un incremento exorbitante de otra deuda más preocupante, la exterior que, en terminos de PIB (casi el 200%) es la más alta del globo y de la que nadie quiere hablar.

Al decir que se van a seguir las recomendaciones del G-20 el señor Alonso desconocía que según su comunicado el éxito de las medidas de apoyo fiscal exigían que vuelva el flujo de crédito. Pero eso es precisamente lo que no tiene visos de realizarse en el corto ni el medio plazo a juzgar por la ineficacia de las importantes medidas de apoyo a las entidades de depósito.

A pesar de las dos cuantiosas ayudas públicas recibidas en un pequeño espacio de tiempo y de la importante líquidez aportada por el BCE, el crédito al sector privado permanece prácticamente estancado. La razón de esta sequía se encuentra, por un lado en que parte de la líquidez recibida del BCE, se invierte en deuda pública española con lo que dicha institución está financiando el déficit público español, por otra en que las ayudas públicas recibidas se han destinado a recomponer activos defectuosos y hacer frente a las cargas por intereses y capital de la enorme (800.000 millones de euros) deuda exterior del sector.

Surge inmediatamente la pregunta de cómo se ha llegado a esta situación. En primer lugar, hay que decir que el deterioro de las entidades bancarias empezó mucho antes del inicio de la crisis financiera, o sea que la crisis bancaria española que arrastró a la economía tuvo un origen casero.

Después, que el crecimiento del crédito hipotecario a partir de 2005 había sido tan fuerte que las entidades de crédito han tenido que financiarse emitiendo cédulas, titulizando parte de los créditos concedidos y sobre todo endeudándose en el exterior.

Esto se hacía dentro de las normas de la Ley de Disciplina e Intervención de las entidades de crédito. Se cumplía el límite de la concentración de riesgo empresarial pero se iba creando una concentración sectorial en la construcción que era quizás más grave, pues acabó arrastrando la economía cuando explotó la burbuja inmobiliaria que se dejó formar.

Es incomprensible que el Banco de España dejara de publicar a partir de 2006 la información sobre la parte de la cartera crediticia que las entidades dedican a la construcción en todos sus aspectos y que a finales de ese año alcanza ya el 60%. Tampoco se comprende que el ente regulador llamara la atención justamente sobre la necesidad de ajustes en el mercado laboral pero no hiciera lo mismo sobre el riesgo en que ocurrían las entidades, cosa que encajaba más con su cometido. Este proceder hubiese sido, sin embargo, políticamente incorrecto, pues contrariamente a los deseos de los poderes públicos, habría frenado la expansión.

Así que hoy incluso suponiendo que en los próximos dos o tres años se aplicase la línea económica más adecuada, el ajuste que exige situar la economía en una tendencia creadora de empleo va a obligar a una política de “sangre, sudor y lágrimas” que nadie promete, naturalmente, pero que quien quiera que esté en el poder en el futuro no tendrá más remedio que aplicar. Con o sin G-20.

6 respostes a “LA CRISIS Y LA BANCA La Vanguardia 27/09/09

  1. Me refiero, Xavier, a la política social. La política social no es “beneficencia”. Cuando citabas a Felipe González, decir que, efectivamente, le metió mano a astilleros y siderurgia, pero no “olvidó” a las personas que hasta ese momento se ganaban la vida en empleos relacionados con esos sectores.
    Y no perdamos de vista, porque es lo que hay, que la crisis que padecen algunos de nuestros conciudadanos (no es mi caso hasta la fecha) no es comparable a ninguna de las anteriores. Por consiguiente, las recetas para salir de ella también deberían ser distintas. Y lo son. Felipe González congeló el salario de los funcionarios y con él se perdieron, a lo largo de sus trece años de mandato, del orden de quince puntos de poder adquisitivo. El señor Aznar, ya con España yendo muy bien, también lo hizo y los funcionarios seguimos perdiendo poder adquisitivo. Los empleados y trabajadores en general perdieron algo más que poder adquisitivo. En el último periodo de González se perdieron millares de puestos de trabajo, se introdujeron los llamados contratos basura, del que se aprovecharon algunos mal llamados empresarios, y se reformó la seguridad social y el sistema de pensiones para “adecuarlo” a los tiempos. Con Aznar los trabajadores empezaron a oir hablar de “movilidad geográfica”, “flexibilidad laboral, etc, O sea, ideología económica pura y dura.
    Zapatero está pilotando una de las peores crisis, si no la peor sufrida por el sistema capitalista, o de libre mercado, para no asustar, y no ha recurrido, hasta ahora, a ninguna medida excepcional. Planea sobre nuestras cabezas, es cierto, la subida de impuestos. Pero veremos en qué queda todo eso.
    Lo que doy por hecho es el aplazamiento del pago a la Seguridad Social por parte de empresas con problemas, una futura ley del trabajador autónomo, etc. Y por supuesto ayudas estatales, claro. Ayudas para las familias, para las empresas, etc, pero no cheques en blanco para los sinvergüenzas de siempre.

  2. El Sr. Calleja, desde un punto de vista totalmente profesional, él puede por cierto.. Tan sólo intenta explicar las causas de la crisis española y la basa en tres factores, banca, banco central y gobierno. Este señor, no dicta ninguna solución, tan sólo avisa de que tarde o temprano se tendrá que aplicar lo que el llama línea económica más adecuada, sin indicarla, aunque eso sí sabe que será una solución dolorosa y que nadie, pero nadie quiere prometer, pero que ve como evidente.
    No sé si este señor debe de temer por su status, seguramente no, pero creo y eso no me negarás que es clarísimo que Rodríguez Zapatero y su cuadrilla tampoco.
    Creo que solicitar una nueva relación laboral, con contratos especiales para parados y solicitantes de primer empleo, reducción de las cuotas de la SS, aunque eso conlleve para los nuevos contratos una reducción de las indemnizaciones por cese o despido.
    Por si no lo sabías hay “contratos de obra” que no suponen ninguna indemnización para el obrero, hoy en día, increible pero cierto Gonzalo.
    Incrementar la cuota de IRPF de una forma que pague el que más gane, no puede ser que algunos deportistas de élite paguen sólo el 25%, supresión de las SICAV. Eso es políica social, no dar 420 euros por seis meses a los parados sin prestaciones. Controlar y fiscalizar el dínero negro que circula en España, un 30%, eso es política social y lo demás no dejan de ser sino palabras sin sentido.

  3. La política de “sangre, sudor y lágrimas” de la que habla el ínclito Anselmo Calleja es aquella que siempre acaba afectando muy negativamente a la misma gente. No estaría nada mal que la sugerencia de “sangre, sudor y lágrimas” se aplicara con rigor a los auténticos culpables, a los que han provocado la crisis. Pero no. Como siempre, esa “receta mágica”, aplicada siempre en tiempos de crisis, si se aplicara ahora comportaría pérdida de empleo, despido casi libre, recorte de prestaciones, y dureza para los de siempre. El señor Anselmo Calleja y otros como él no deberán temer nada. El ajuste, la política de “sangre, sudor y lágrimas” no irá con él.
    Es curioso que los esfuerzos que está haciendo el gobierno de ZP, precisamente en contra de las “recetas mágicas” que proponen los de siempre, sean criticados y contrarrestados con un montaje vomitivo. Yo espero que el gobierno siga como hasta ahora, ayudando a los débiles y no tan débiles a soportar el impacto de la crisis. El summun sería que se atreviera a meterle mano a los culpables y les aplicara una severa política de “sangre, sudor y lágrimas” que se han ganado a pulso. Es evidente que no lo hará, porque algo así comporta, ipso facto, el final de quien lo intente.
    Sin embargo, sí espero que aguante la presión que ejercen los que hasta hace muy poco ganaban dinero a espuertas, que pretenden del gobierno una política que les devuelva cuanto antes a la senda perdida.

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