¿Y SI EL CABO JOSÉ RICO HUBIERA MATADO A FRANCO?


Cabo José Rico

“Juré defender una España democrática y la defiendo porque soy español;
los traidores a la patria sois vosotros”»
José Rico, ante el tribunal que lo condenó a muerte.

“Los periódicos nada dicen de la vida silenciosa de millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna, esa labor que echa las bases sobre las que se alzan los islotes de la Historia”. Uno de esos hombres a los que la prensa nunca dedicó un renglón y que Miguel de Unamuno metía en lo que llamaba “intrahistoria” es el cabo José Rico, fusilado en Ceuta el 17 de abril de 1937. El periodista y escritor Carlos Fonseca (Madrid, 1959) recoge las palabras del filósofo español y las pone en la cabeza de uno de los personajes de Tiempo de memoria para desatar la pequeña gran historia del hombre que intentó matar al general Franco.

“Fue un plan ingenuo, pero no descabellado”, cuenta Fonseca, autor también de la obra adaptada al cine Trece rosas rojas, en una conversación telefónica con este diario. El periodista, que compagina la literatura con su trabajo en la revista Tiempo, retrata en su nuevo libro la intentona fallida de un grupo de soldados destacados en Ceuta y liderados por José Rico para matar a Franco en los primeros días tras el golpe de Estado militar. Un hecho real, incluido en los archivos militares de la época, que Fonseca tiñe de ficción para llevar al lector hasta la traición que condujo a Rico y sus compañeros de compló al paredón de fusilamiento.

¿Y si hubiera muerto Franco?

El cabo Rico, de tan solo 21 años y miembro del Batallón de Cazadores del Serrallo número 8 de Ceuta, periodista amateur en su tierra natal, Salamanca, y fiel a la República, ideó sorprendido por el alzamiento militar un plan para asestar un tiro a Franco durante su visita a Ceuta. ¿Y si hubiera triunfado? “No hubiera pasado nada”, explica Fonseca tras la consulta a varios historiadores. “La muerte de Franco no habría cambiado la guerra. Ni él mismo pensaba que iba a ser generalísimo -los cabecillas Mola y Sanjurjo murieron en accidentes aéreos-. La República no podía ganar sin Francia y Reino Unido”. Además, como aclara el autor en el libro, la premura del golpe llevó a Franco a no visitar el cuartel desde donde Rico quería iniciar la reconquista de las voluntades del Batallón, algo que Fonseca considera, en cualquier caso, “fantasioso”.

¿Por qué no se ha contado hasta ahora la historia de Rico? “Nadie sabía de su existencia” aclara Fonseca que inició su escritura a partir de un ensayo del investigador Francisco Sánchez Montoya sobre la República en el norte de África y que pretende con Tiempo de memoria pasar de los “grandes personajes” a partir de los que se ha desarrollado la Historia a los “anónimos que también tienen su relevancia”. Así es como el libro, que salta del calabozo en el que está Rico a la cabeza del profesor Ernesto López, personaje de ficción y trasunto en ocasiones del autor, deja un poso de miedo, cinismo, traición, pero también valentía, lealtad, sinsentido, ingenuidad e ignorancia.

Es esta ignorancia precisamente la que Fonseca descubrió durante su trabajo en el pueblo salmantino de Monleras, al que viajó para hablar con uno de los hermanos del cabo fusilado, Antonio Rico, y en el que averiguó que nada sabían sobre el compló contra Franco que llevó a uno de sus vecinos a la muerte por rebeldía. “¿A quién le importa ya?” pregunta Antonio sobrecogido en las últimas páginas de la novela.

http://www.elpais.com/articulo/cultura/intrahistoria/mato/Franco/elpepucul/20090424elpepucul_2/Tes

Amiguito del alma


EL CRISOL    –    Pascual Mogica Costa

                 

     “Feliz, feliz en tu día, amiguito que Dios te bendiga, que reine la paz en tu vida….” Me he acordado de esta canción de los célebres payasos Gaby, Fofó y Miliki al leer la conversación telefónica que Álvaro Pérez, conocido como el “Bigotes”, mantuvo con el presidente de la Generalitat Valenciana, Francesc Camps, y con la esposa de éste.

     He recordado esta entrañable canción al leer que en aquella conversación Camps, le decía a Álvaro Pérez: “Feliz Navidad, amiguito del alma”. Resulta que al propietario de Orange Market, a Álvaro Pérez, nadie le conocía en el PP y ahora nos encontramos con que son “amiguitos del alma” y que además Álvaro Pérez conoce muy a fondo a la esposa y a la hija de Camps, las cuales, según se desprende de la conversación, al igual que Camps, también por parte de Pérez, tuvieron su regalo navideño. Es evidente que los “amiguitos del alma” no se hacen, o nacen, por generación espontánea, eso se consolida a través de mucho tiempo de relación personal entre las partes. Porque para decirle a alguien, como Camps, le dijo a Pérez: “…ya lo sé, pero sobre todo para decirte que te quiero un huevo”  eso no se le dice a uno que ni tan siquiera conoce como decían en un principio. El aprecio y la estima y sobre todo el llegar a querer a otra persona “un huevo”, así de sopetón,  solo se produce cuando uno conoce a otra persona de diferente, o del mismo sexo, y se da aquello del “flechazo”.

    Hace falta ser muy amigos para decirle, como Camps le dijo a Pérez en esa conversación: “Perdona, ¿durante muchos años? No, hijo de puta, durante toda la vida. Ja, ja…” No se le llama “hijo de puta”, aunque sea en tono cariñoso, a nadie si no existe un vínculo de amistad muy fuerte y ya digo esto no se reafirma en unos días.

     De todos modos está claro que entre “amiguitos” anda el juego.