“LAS UVAS DE LA IRA” UNA OBRA QUE ES VIGENTE EN LA ACTUALIDAD

 

La “ira” no pierde vigencia

Escena de "Las uvas de la ira"

A raíz de la crisis Tom Joad y su familia pierden su granja en Oklahoma.

“Las uvas de la ira”, la novela del estadounidense John Steinbeck, cumple esta semana 70 años de publicación.

Ambientada en 1930, cuando Estados Unidos sufre la crisis económica conocida como la Gran Depresión, la novela ha cobrado hoy día una relevancia inusitada.

Esta épica novela narra el angustioso éxodo de Tom Joad y su familia, expulsada de su granja en Oklahoma, por la carretera 66 que atraviesa el suroeste estadounidense hacia lo que -equivocadamente- creen que será un futuro mejor en California.

Para muchos lectores, ésta es la obra literaria que mejor refleja la época de la Depresión y una suerte de “historia al revés” en relación al típico relato sobre un hombre pobre que se vuelve rico, que tanto fascina a muchos estadounidenses.

La ira de Steinbeck

“Las uvas de la ira” trata la ola de ejecuciones hipotecarias, el desplazamiento y la pérdida de empleos provocada por los desastres económicos y ambientales como una epidemia nacional.

La década de los ’30 fue una de un elevadísimo índice de desempleo en EE.UU. que alcanzó el 25% en 1933, y que continuó en un 19% en 1938, año en que Steinbeck situó la novela.

El escritor no dudó en atribuir parte de la culpa de estas catastróficas condiciones a los “Bancos”, las “Compañías” y el “Estado”, es decir, a corporaciones sin alma y sin un rostro visible, organizaciones institucionales y burocráticas.

Así, la novela tiene esta cualidad furiosa, dura, pero no ofrece una respuesta práctica a la población desplazada por el cambio de una economía agrícola a una industrial.

Steinbeck se sentía indignado por las deplorables condiciones en las que vivían y trabajaban los migrantes y sus familias (se estima que había al menos unos 300.000) al llegar a California, su propio estado.

Sin par

John Steinbeck

Steinbeck se sentía indignado por la forma en que eran tratados los trabajadores migrantes en California.

Pero quien a hierro mata, a hierro muere. Si lo que buscamos es poder de evocación, sentido de urgencia emocional e impacto sostenido, son pocas las novelas estadounidenses que están a la par de “Las uvas de la ira”. Setenta años después de su aparición, se siguen publicando nuevas ediciones y sus ventas no han disminuido.

Se suele pensar que para que un libro se convierta en un clásico debe trascender su origen y permanecer intacto al paso de los años. Sin embargo, es más correcto pensar que un libro alcanza el estatus de clásico precisamente porque logra reflejar los más recientes desarrollos históricos.

Un clásico de la literatura se vincula directamente con las preocupaciones de los lectores en sucesivas eras históricas y culturales.

En este sentido, “Las uvas de la ira” es una novela profética, arraigada en las tragedias económicas y medioambientales de la Gran Depresión, que hablan a su vez de la dura realidad de nuestro tiempo.

En momentos en que el mundo sufre una crisis global, amenazado con una recesión severa -causada en gran parte por la ambición desmedida, los delitos fiscales y la arrogancia corporativa-, cuando distintos grupos en el planeta migran por distintas causas, cuando la brecha entre ricos y pobres parece imposible de cerrar, y cuando las expropiaciones y las ejecuciones hipotecarias aumentan en EE.UU. y otros países, es posible pensar en “Las uvas de la ira” como una novela contemporánea.

“Se los dije”

Pero el impacto de Steinbeck no termina allí. Durante toda su carrera -que se extendió hasta bien entrada la década de los ’60-, Steinbeck fue un escritor de una conciencia notable que demostró un profundo respeto por las normas morales.

Él mantuvo una relación particular con EE.UU., llamando la atención sobre el materialismo, el imperialismo institucional y la ambición desmedida, productos lamentables e inevitables de una sociedad capitalista industrializada y avanzada.

Es imposible saber cómo Steinbeck hubiese reaccionado a los males que el mundo sufre hoy día, aumentados en parte por la especulación financiera sin límites y la falta de control de los gobiernos, pero me inclino a pensar que, dados los resultados, él podría haber dicho, “se los dije”.

Robert DeMott es profesor de Literatura Estadounidense en la Universidad de Ohio y ex director del Centro de Inevstigación Steinbeck de la Universidad del estado de San José, en California.

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