EL PRECIO DE UN CAFÉ

No iba desencaminado el presidente del Gobierno cuando respondió a la pregunta sobre el precio de un café. El presidente respondió con arreglo a lo que él mejor conocía porque, desgraciadamente para él, solo puede saber lo que vale un café en la cafetería del Congreso de los Diputados y digo desgraciadamente porque ya le gustaría a Zapatero poder tomarse un café en cualquier cafetería de Madrid, pero ¿se imagina usted al presidente rodeado de guardaespaldas para satisfacer su deseo de tomarse un simple café en una cafetería ya fuera del centro o de la periferia? Menudo número y menudos comentarios y críticas desde el Partido Popular.

Pero lo mejor de todo, sobre este anecdótico hecho del café, son los comentarios de algunos políticos como por ejemplo Rajoy. Este ha dicho que el último café que el pagó le costó casi dos euros. Supongo que lo tomaría en una cafetería de cierto “nivel” donde él puede hacerlo con frecuencia pero Zapatero no. El diputado de IU en Andalucía, Antonio Romero, ha declarado si es que Zapatero “no sabe que los salarios han perdido capacidad adquisitiva a favor de la renta del capital”. Estoy seguro de que el salario que cobra el señor Romero como diputado no ha perdido esa “capacidad adquisitiva”. Lo que no me explico es que si tanto se preocupa por el salario de los trabajadores ¿porqué no reparte el suyo con un “mileurista” o con algún parado?

Capítulo aparte merece lo dicho por Zaplana. El portavoz del PP dijo que Zapatero “no está muy bien con la España real”. Puede que Zapatero no lo esté, no tengo ni idea de su grado de conocimiento al respecto, pero de lo que si estoy seguro es de que Zaplana sí está con la España real, con los que como él se compran pisos de más de 400 metros en el Paseo de la Castellana de Madrid cuyo valor se cifra en cientos de millones de las antiguas pesetas y que Zaplana podría decir exactamente que es lo que vale y en cambio, también estoy seguro de ello, no sabe lo que vale un paquete de chicles o una bolsa de patatas fritas ya que cuando era ministro compraba estas “chucherías” con cargo al ministerio de Trabajo del cual era titular. Recientemente se han confirmado estas compras mediante los correspondientes tiques que Zaplana entregó en su Ministerio. A lo mejor tampoco nos puede decir la marca del turrón por cuya compra el ministerio de Trabajo pago 23.000 euros siendo él ministro del ramo.

Parece mentira pero hay que ver como una respuesta con conocimiento de causa y totalmente intrascendente, puede poner en evidencia a ciertos políticos de la oposición

5 respostes a “EL PRECIO DE UN CAFÉ

  1. Sr. Jon Kepa, el precio de un café varia en las zonas, lo más común es un €, pero también los hay menos de un € y más de un €, depende de la calidad y de la zona, pero como podrá observar un café da para mucho, ja ja.

  2. A todo esto que comentais, que está muy bien yo quisiera añadir que el precio del café de ZP no anda muy descaminado.
    La mayoría de las cafeterías en las que entro a tomar café, yo soy muy cafetero, me suelen cobrar entre 0,80 y 0,90€ por café.
    La más cara me cobra 1,05€ el cafelito. No se como estarán los precios en Barna pero en Madrid deben estar a la reostia.

  3. No seré yo quien le niegue a Jesús Cerdán el derecho a formular esa pregunta ni cualquier otra que le venga en gana. Está en su derecho y fue su privilegio. Pero pretender que un presidente de Gobierno sepa cuánto cuesta un café en un bar es casi como tener hambre y tomar bicarbonato. Dependerá del bar, dependerá del café, incluso de la ciudad o, si me apuran, del barrio en el que se solicite. Pero también de que el interpelado haya conseguido pagar uno, tan solo uno, en los últimos cuatro años de su vida. Es una pregunta trampa. Si llega a acertar con el precio medio de un café, en esta tan excitada España, todos hubiéramos pensado que se trataba de una pregunta con arreglo previo.
    Lo que, bien por el contrario, sí resulta preocupante es que el asunto se convierta en objeto de titulares en portada, salvo que reconozcamos que por aquí pulula mucho fariseo. Hacer aspavientos ante tal cuestión recuerda mucho a la actitud de aquellos que se soliviantan ante la ignorancia del norteamericano que no sabe situar a España en el mapa, pero que luego, una vez debidamente consultados, son incapaces de hacer lo mismo no ya con cualquier país miembro de la UE sino, por ponerlo facilito, con mi natal provincia orensana que, quedando como queda justo encima del país hermano, a modo de boina o de sombrero, pues no creo que Portugal se la ponga por montera, no conlleva dificultad extrema a la hora de ubicarla.

    A TAL ACTITUD de farisaico asombro se le denominaba antes hacer de la anécdota categoría. Pero así están las cosas. Por eso, en aras de la igualdad de oportunidades y echando mano del fondo de compensación, podría sugerírseles a los asesores de don Mariano –como algo pomposamente se le llama en algún medio amigo, preguntándose si hubo alguna vez algún don José Luis, manda inteligente sutileza– que le informaran del precio de una ostra.
    Como don Mariano tiene la prodigiosa memoria del triunfante opositor a resgistradurías, el común de los españoles –tanto los portadores de la enseña constitucional, como los enarboladores de la pre; es decir, aquella en la que aún aletea el aguilucho– quedaría debidamente informado de que este depende de factores varios, a saber: si la ostra es de las rías o no y, siéndolo, si es de Arcade o viene siendo de otro sitio; si es bretona o escocesa, irlandesa o de Dios sabrá de dónde, porque las hay desde Arcachon a Grecia, pasando por Japón, por no citar las de Oakland, Nueva Zelanda; ítem más, si se adquiere en tiempo de veda o cuando esta se levanta –la veda, se advierte, dado el carácter afrodisíaco del molusco–, y si el nombre del mes en el que esta se consume lleva erre o carece de ella pues, de todo ello, seguro que don Mariano ha de salir triunfante y todos quedaremos satisfechos y debidamente convencidos de que el citado ha de ser buen gobernante. No sería poco. Vistos los precedentes actuales.

    DE TODAS formas y mejor pensado, no deja de resultar curiosa que la cuestión se haya planteado, en su segunda oportunidad, alrededor de las ostras, eufemismo de una forma de bofetada a la que el pensamiento, llamémosle de izquierda, ha estado bastante más acostumbrado, incluso se diría que resignado, durante tantos y tantos años, no se puede decir que porque las saborease. Mientras que, en su primera instancia, la cuestión haya sido planteada alrededor del café, excitante infusión que sirvió de consigna y contraseña durante años que ahora algunos pretender revivir (CAFÉ: Camaradas Arriba Falange Española) de momento con bastante empeño y deprimente logro. Pero así son y así están las cosas de extremadas.
    Se ve que hay que recurrir al sentido del humor, esa forma de cordura, como alivio de males que se pretenden ancestrales y que empiezan a ser, por fin, cantos del cisne que no fue patito feo; agónicos silbidos que pretenden ser lenguaje cuando solo son suspiros; resoplidos si prefieren, pero ya residuales. Ignorancia y vivir en Babia, aun siendo de León, no es desconocer el precio de un café. Es otra cosa. Ignorancia es creer que hay gente que sigue sin saber leer, sintiendo, sin saber pensar, y pretender que, como aún es necia, se la puede adoctrinar. Eso sí es ignorancia. Y nada anecdótica, por cierto.

  4. Si un marciano viniera estos días a este país con la misión de informar a los suyos sobre los temas que más preocupan a sus habitantes, sacaría una conclusión disparatada. En el informe ocuparía un lugar destacado el precio del café.
    Se informó ampliamente de la singular rueda de preguntas de la ciudadanía al presidente Rodríguez Zapatero, que fue inquirido sobre el precio de la taza de café, y después ha seguido el debate. Es el tratamiento que merecen los temas de importancia: primero, la información y la versión de las fuentes; después, la opinión de los discrepantes y el debate. En este caso, si la taza de café cuesta 0,80 euros, como señaló el presidente, o si redondean el precio en la moneda de la unidad. Una minuciosa exploración en el ramo de la hostelería y similares acredita al presidente Rodríguez Zapatero como persona bien informada de los costes en el gremio de la alimentación.
    Han sido informaciones extensas. En el régimen anterior se conseguían con una consigna de cumplimiento obligatorio. Ahora, cada medio ha dado al café la extensión que consideraba necesaria, y todas se pueden calificar de muy amplias. ¿Por qué esta coincidencia, ocupando un espacio que todo el mundo considera desmedido? Si llegara el marciano, le aconsejaría que no se dejara llevar por una falsa impresión. No importa gran cosa el precio del café, aunque puede parecerlo.
    Se ha magnificado un tema intrascendente para ridiculizar noticias que, día sí, día también, nos anuncian el apocalipsis. Las páginas dedicadas al café han de hacer subir los colores a la cara de tantos portavoces del cataclismo. Han de sentirse ahora ridículos. La falsa preocupación por el solo o el cortado resulta divertida.

  5. Nuncamáis

    Zaplana es el ejemplo más claro de donde puede llegar la corrupción. Inició su vida política accediendo a la alcaldía del ayuntamiento de Benidorm mediante la compra de votos a uno o más concejales del PSOE, reconoció que estaba en la política para forrarse, y se le conocen mil y una corruptelas que demuestran que en este caso decía la verdad. Si alguien es incapaz – con una incapacidad absoluta – de criticar al Presidente del Gobierno este ser atrozmente corrupto, pero ya se sabe, siempre hay quien ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio. Señor Zaplana: su atrevimiento no conoce ningún límite.

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