LOS DIEZ MANDAMIENTOS Y EL SIGLO XXI

Los diez mandamientos y el siglo XXI

 Carlos Fernández Liria. (Ponencia pronunciada en los Cursos de Verano de El Escorial 2006: “Occidente: Razón y Mal”).  

 En tanto que se cree en Dios, es plausible hacer el Bien PARA ser moral. La moralidad se convierte en un cierto modo de ser ontológico e incluso metafísico que nos es posible alcanzar. Y como se trata de ser moral a los ojos de Dios, para alabarle, para ayudarle en su creación, la subordinación del hacer al ser es legítima. Pues, practicando la caridad no servimos más que a los hombres, pero, siendo caritativo, servimos a Dios. (…) Es legítimo ser el más bello, el mejor posible. El egoísmo del Santo está justificado. Pero que muera Dios, y el Santo no será más que un egoísta: ¿a qué sirve que tenga el alma bella, que sea bello, sino a sí mismo? A partir de este momento, la máxima “actúa moralmente para ser moral” está envenenada. Lo mismo que “actúa moralmente por actuar moralmente”. Es preciso que la moralidad se supere hacia un objetivo que no sea ella misma. Dar de beber al sediento no por dar de beber, ni para ser bueno, sino para suprimir la sed. (…) [La moralidad] debe ser elección del mundo, no de sí.                                                              Jean Paul Sartre[1]     

Nuestro tema es “Occidente: Razón y Mal. El mal en la política”. Hay que comenzar constatando una desorientación moral muy profunda. Esto es algo que podemos apreciar fácilmente con tan solo que pensemos en lo que a mí me parece un misterio insondable. Diez millones de votantes del PP apoyaron la invasión de Iraq argumentando que Sadam Hussein disponía de armas de destrucción masiva. El misterio, lo que a mí  me parece el enigma moral más profundo de lo que llevamos de siglo, es que ahora que se sabe que jamás hubo en Iraq armas de destrucción masiva, y ahora que, además, se sabe que siempre se supo que no las había (ahora que se sabe que Bush, Blair y Aznar mintieron) de todos modos, esos diez millones de votantes van a seguir votando al PP (y muchos más millones a Blair y Bush). Se trata, como digo, de un misterio misteriosísimo que, por cierto, nosotros tenemos la obligación de abordar, pues para eso nos pagan a los profesores, investigadores, becarios  y catedráticos de ética. Nuestra obligación, si es que queremos cumplir con nuestra profesión, es abordar la cuestión de qué ha ocurrido con la consistencia moral contemporánea para que ocurran esas cosas tan extrañas: tiene que haber algo muy mal planteado en la manera en que entendemos los mandamientos para que nuestra conciencia moral haya enfermado hasta los límites nihilistas que traspasan todos los días nuestros medios de comunicación. El delirio moral en el que estamos sumidos es sólo comparable al descalabro que causó la Iglesia católica durante el franquismo en la conciencia de los españoles. Cuando yo era pequeño, era pecado ver Lo que el viento se llevó, y los adolescentes, según los padres de la iglesia, iban al infierno por masturbarse. Sólo una secta de psicópatas puede perder hasta ese punto el sentido de las proporciones, pues en esa misma época se consideraba cosa discutible si también deberían ir al infierno los policías de la dictadura argentina que (en el cumplimiento de su deber) violaban, torturaban y desaparecían a no pocos de esos adolescentes abocados a las llamas del infierno. Para ser realistas, hay que decir que la Iglesia no ha recuperado demasiado el sentido de las proporciones. Aplicando sus peculiares parámetros, el papa Woytila, al que ahora quieren canonizar, le daba la comunión a Pinochet y medio excomulgaba a los teólogos de la liberación, dejándoles con el culo al aire en una situación en la que muchos de ellos no tardarían en ser asesinados. Tan sabia decisión se tomó por consejo del cardenal Ratzinger, nuestro papa actual[2]. Ahora bien, no cabe duda de que el papel de los medios de comunicación respecto del nihilismo contemporáneo es mucho más importante que el de la Iglesia. Los periodistas y los intelectuales mediáticos son los nuevos sacerdotes y obispos de este mundo secularizado en el que se ha vuelto imposible distinguir el bien del mal. Y algo de responsabilidad tendremos también en el mundo académico. Probablemente, como consecuencia del bloqueo a Iraq a partir de la primera guerra del golfo, murieron un millón y medio de personas inocentes. Cerca de un millón más han muerto a causa de la guerra y de la destrucción de infraestructuras. El país está sumido en una guerra civil y sembrado de uranio empobrecido. En Iraq las embarazadas ya no preguntan al médico si es niño o niña, sino si viene o no con malformaciones. La gravedad de todo esto sólo es equiparable a la gravedad de que todo esto esté ocurriendo mientras conservamos nuestra tranquilidad de conciencia. Probablemente el nihilismo nunca había llegado tan lejos entre nosotros ni había gozado de tanta impunidad. Ni siquiera en esa situación tan vehementemente denunciada por  Hannah Arendt, lo que ella llamó “el colapso moral de la población alemana”, una población que más o menos sabía y no quería saber que sabía de la existencia de Auschwitz y que con su indiferencia y su banalidad se hizo cómplice del holocausto. Los campos de concentración sobre los que se levanta nuestra tranquilidad de conciencia europea son demasiado grandes para rodearlos con alambradas. Nos sale mucho más rentable rodearnos nosotros mismos de alambradas: encerrarnos en una fortaleza inexpugnable, materializar con púas y cuchillas la “solución final” de nuestras leyes de extranjería, y dejar que la economía internacional se encargue por sí sola de perpetrar el exterminio. No es sólo que esto salga mucho más barato. Es que sale muy rentable, tan rentable que sus efectos superan con mucho la audacia de los surrealistas. La realidad se ha convertido en un chiste, en una broma de mal gusto. Según el último informe de Naciones Unidas, por ejemplo, resulta que el 1 % de la población adulta del planeta acapara el 40 % de la riqueza mundial, mientras que en el otro extremo el 50 % de la población apenas cuenta con el 1 % de la riqueza.  Cuando lees estos datos piensas que están equivocados. Claro que, según un cálculo elemental, para que una de las 2500 millones de personas que subsisten al día con 2 dólares diarios, llegara a amasar, con el sudor de su frente, una fortuna como la de Bill Gates, tendría que estar trabajando (ahorrando todo lo que ganara) 68 millones de años. Otro chiste: por un anuncio de zapatillas deportivas Nike, Michael Jordan  cobró más dinero del que se había empleado en todo el complejo industrial del sureste asiático que las fabricaba. Por supuesto que para que un absurdo tan abyecto se encarne en la cruda realidad de cada día hace falta administrar mucha violencia, cortar el planeta con muchas alambradas, deslocalizar poblaciones, descoyuntar, en definitiva, el cuerpo entero de la humanidad. Es muy sintomático que Hannah Arendt esté hoy día tan de moda. Los estantes de las librerías están repletos de libros de Arendt, se cita a Arendt en el Parlamento, tenemos a Arendt hasta en la sopa. A todo el mundo le resulta interesantísimo que un pueblo entero, el pueblo alemán, colapsara moralmente en los años treinta del pasado siglo XX. En cambio, se lee muy poco (de hecho, ni siquiera se le traduce demasiado) a Günther Anders, quien fuera, por cierto, su marido. Anders se ocupó más bien de denunciar la continuidad de ese colapso moral entre nosotros, en la conciencia occidental en general. Lo que le preocupaba era que nos habíamos vuelto analfabetos emocionales y que eso nos abocaba a una abismo moral en el que todos nos hacíamos cómplices de un holocausto cotidiano e ininterrumpido. A mediados de los ochenta, Anders renegó del pacifismo en el que había militado toda su vida de forma tan activa y argumentó que la única solución era la violencia. “Hemos hecho todo lo posible por convencer al mundo y está claro que no vale de nada”. “El mundo no está amenazado por seres que quieren matar sino por aquellos que a pesar de conocer los riesgos sólo piensan técnica, económica y comercialmente”. La economía capitalista ha llevado el planeta a un callejón sin salida[3]. La situación es tan grave que, hoy día –plantea Anders- el recurso a la violencia por parte de los movimientos antisistema debe considerarse, sin más, legítima defensa. Estamos amenazados, la población mundial está amenazada de muerte, por vulgares hombres de negocios con aspecto inofensivo. “Considero ineludible que nosotros, a todos aquellos que tienen el poder y nos amenazan, los asustemos. No hay que vacilar en eliminar a aquellos seres que por escasa imaginación o por estupidez emocional no se detienen ante la mutilación de la vida y la muerte de la humanidad”. Estas citas están sacadas de un libro titulado Llámese cobardía a esta esperanza, que publicó una editorial marginal[4] que, por supuesto, no ha gozado de la fortuna comercial de los editores de Hannah Arendt. Günther Anders explica el insólito fenómeno de la tranquilidad de conciencia contemporánea aludiendo a lo que el llama “el desnivel prometeico”[5]. Es la idea de que, actualmente, somos capaces técnicamente de producir efectos desmesurados con acciones insignificantes. Aprietas un botón y una bomba cae sobre Hiroshima y mata a 200.000 personas. La desproporción entre la acción y sus efectos es tan grande que la imaginación se desorienta. Es imposible, por otra parte, vivir emocionalmente la muerte de 200.000 personas. Los seres humanos estamos hechos para sentir la muerte de un ser querido, incluso de bastantes seres queridos y  no queridos. Pero el número 200.000 no nos dice nada emocionalmente. Hannah Arendt contaba que, durante su juicio en Jerusalén, el genocida Eichmann explicaba con naturalidad que su trabajo consistía en aligerar el ritmo de la cadena de exterminio de judíos. Así pues, desde su punto de vista, era un éxito laboral el que, gracias a ciertas mejoras técnicas en la rutina del exterminio, se lograra  eliminar 25.000 personas al mes, en lugar de 20.000. Ahora bien, en una ocasión en que unos testigos le acusaron de haber estrangulado a un muchacho judío con sus propias manos, Eichmann perdió los estribos y se puso a gritar desesperado que eso era mentira, “que él nunca había matado a nadie”. Estrangular a una persona es insoportable para una conciencia moral normal, administrar la muerte de un millón de personas es pura rutina. Pero el problema es que siempre estamos ya, lo queramos o no, apretando esos botones que producen efectos demasiado grandes para nuestra capacidad de imaginar y de sentir. Susan George comparaba a los ejecutivos que teclean pacíficamente en su ordenador del Fondo Monetario Internacional con los pilotos de un B-52 que aprietan los botones de un tablón de mandos para dejar caer toneladas de bombas sobre una población civil. Probablemente los pilotos no pueden representarse fácilmente el desajuste que hay entre la insignificancia de su gesto sobre el tablero y la desmesura de sus efectos, ahí abajo, sobre la ciudad bombardeada. Con mucha menos razón, el ejército de ejecutivos que deciden sobre las medidas económicas que se aplican a lo largo y ancho del planeta (y el ejército de periodistas e intelectuales que les hacen el juego), no están en condiciones de hacerse cargo moralmente de este “desnivel prometeico” entre “su trabajo”, rutinario y pacífico, y el océano de miseria y de dolor sobre el que están produciendo sus efectos. Anders responsabiliza a la complejidad de la técnica y la industria de este “desnivel prometeico”. Yo diría que no se trata tanto de una cuestión de complejidad técnica como de una cuestión de complejidad estructural. Sea como sea, su intuición es acertada. Cuando la voluntad está separada de sus efectos por una complejidad muy grande, la voz de la moral se desconcierta por entero. En general vivimos en un mundo tan complejo desde un punto de vista técnico y estructural que todas nuestras acciones, incluso las más aparentemente insignificantes, tienen unos efectos colaterales imprevisibles. Dicho brevemente: estamos sumidos en una situación en la que no hay manera de saber lo que estás haciendo cuando haces lo que haces. Por supuesto, en estas condiciones, la voz de la moral no sabe a qué atenerse. Es demasiado complejo distinguir entre el bien y el mal. Voy a poner un ejemplo. Tengo aquí unas páginas de El País[6]. Son del 2 de septiembre de 2001, publicadas a todo color en la sección de los domingos. La gente debió de leerlas mientras lavaba su coche o desayunaba con su familia, a la salida de misa o durante una comida campestre. Quizás sintieron que su conciencia caía en un abismo ético… o quizás no sintieron nada. No se trataba de un panfleto de extrema izquierda, de esos que se leen con escepticismo. Era El País, un reportaje sobre la guerra del Congo, por cierto que muy bueno, de esos que se cuelan de vez en cuando en los medios. El titular de la noticia decía: “Según Naciones Unidas, el tráfico ilegal de coltan es una de las razones de una guerra que, desde 1997, ha matado a un millón de personas”. En las minas de coltan en la República Democrática del Congo, se nos decía, trabajan niños esclavos. Los ejércitos de Ruanda y Uganda se disputan el tráfico de este mineral sumiendo el país en una guerra civil en la que nadie quiere pensar. El caso es que este mineral es vital para el desarrollo de la telefonía móvil y de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, la escasez de este mineral había provocado otro efecto dramático: la videoconsola Play Station 2 tuvo que posponer su lanzamiento al mercado, provocando grandes pérdidas de beneficios a la casa Sony.Mirado fríamente, es insólito que eso salga un día en El País y al día siguiente todo siga igual. Es incluso enigmático. El otro día decían (también en El País)  que los muertos de la guerra del Congo se calculan ya en cuatro millones. Mientras tanto, la videoconsola Play Station 2 ya se quedó anticuada y los móviles siguieron desarrollándose vertiginosamente desde ese domingo en que salió la noticia. No es fácil saber hasta qué punto tenemos las manos manchadas de sangre cada vez que llamamos por el móvil o que nuestro hijo juega a la videoconsola. Sin duda que estamos metidos hasta las cejas en el entramado estructural que genera esas guerras. Sin embargo, llamar por el móvil es llamar por el móvil, no matar a nadie. Y por supuesto, dejar de llamar por el móvil tampoco va a salvar la vida a nadie. El móvil, bien mirado, es un invento magnífico ¿quién puede negarlo? Si cuando llamo por el móvil estoy teniendo una oscura e imprevisible relación intangible con no sé qué conflicto sangriento de África, la culpa, desde luego, no la tiene el móvil, ni yo por utilizarlo. No podemos evitar ser piezas de un engranaje muy complejo, en el que todo está ligado entre sí por caminos imprevisibles que nadie ha decidido. Esta complejidad, es cierto, hace que, como decía Günther Anders, nunca podamos estar seguros de lo que estamos haciendo cuando hacemos lo que hacemos. Nunca podemos estar seguros de los efectos indirectos de nuestra acción directa, como dice Franz J. Hinkelammert[7]. El problema es que cuando el mundo alcanza un determinado nivel de complejidad, la máxima de no violar los mandamientos se convierte en una receta envenenada. La propia moralidad se transforma en la gran coartada de un mundo criminal. Todo el mundo llama por el móvil y todo el mundo revienta en el Congo sin que nadie viole los mandamientos. Nadie tiene la culpa de que el mundo se haya convertido en algo tan complejo. En esta complejidad insondable, por ejemplo, se amparan los votantes del PP para considerar que algo bueno tendrá incluso algo evidentemente malo, como la invasión de Iraq. Al final, todo será para bien. Hay cosas que parecen muy dañinas para los seres humanos, pero que son muy buenas para que vaya bien la economía. Y no hay que olvidar que los seres humanos dependen a vida o muerte de su economía. Conviene, por lo tanto, hacer las cosas que convienen a los que tienen la sartén por el mango de la economía internacional. Conviene, pues,  apoyar la política de los Estados Unidos, y vuelta a empezar, así con cualquier tema imaginable. Mientras tanto, todo el mundo puede vivir con la conciencia tranquila: hasta donde nos llegan las narices, no se ve que nadie haya violado ningún mandamiento. Y sin embargo, por muy complejo que se haya vuelto en este mundo distinguir el bien del mal, hay una cosa que seguro que es mala, y esta cosa es, nada más ni nada menos, el hecho mismo de que exista un mundo así. Si vivimos en un mundo en el que “es imposible saber qué es lo que realmente estás haciendo cuando haces lo que haces”, entonces es que vivimos en un mundo muy malo. El lema de los  movimientos antiglobalización  –“otro mundo es posible”, “otro mundo tiene que ser posible”–  se convierte en un imperativo ético insoslayable. Es insoportable vivir en un mundo en el que basta meter los ahorros en una cuenta corriente de Caja Madrid para tener que preguntarte con cuántas ignominias y matanzas estás colaborando sin saberlo. Es intolerable un mundo en el que te tienes que alegrar de que en España se fabriquen bombas de racimo, pues al menos en eso parece que sí que somos competitivos a nivel internacional[8]. Sin duda alguna, el concepto más interesante que se forjó en la reflexión ética y moral del siglo XX fue el concepto de “pecado estructural”. Este concepto era la columna vertebral de la llamada Teología de la Liberación y los que se ocuparon de pensarlo eran fundamentalmente curas, obispos, cristianos de base que estaban directamente comprometidos en cambiar un mundo injusto y criminal. Mientras ellos se jugaban la vida y daban de lleno en la diana del problema ético de nuestro tiempo, la filosofía académica de izquierdas y de derechas estaba completamente en la Luna, haciendo tonterías con los textos de Deleuze y de Foucault, ideando genialidades para poner a discutir a Rawls con Habermas, a ver si así descubrían la pólvora, y, también, cómo no, leyendo a Rorty y cositas de parecido calado. En este mundo las estructuras matan con mucha más eficacia y de forma mucho más masiva que las personas. La capacidad de ser inmoral que tienen las personas es casi patética comparada con la inmoralidad de las estructuras. En estas condiciones, la cuestión moral pertinente es qué responsabilidad tenemos respecto a las estructuras. La pregunta ya no puede ser ¿qué puedo hacer yo para no violar los mandamientos en ese mundo que no llega más allá de mis narices? En un  mundo en el que las estructuras violan los mandamientos con una eficacia colosal e ininterrumpida, es inmoral limitarse a respetar los mandamientos… y las estructuras. El primer mandamiento, por el contrario, atañe a nuestra actitud respecto de las estructuras. Y para responder a esta cuestión, en primer lugar, hay que responder a esta otra ¿en qué consisten esas estructuras? ¿De qué son estructuras esas estructuran? Así pues, en primer lugar, deberíamos estar todos estudiando economía. El primer mandato moral debería ser: ponte a estudiar economía y no pares hasta que no averigües en qué consiste este mundo. Y mucho cuidado con dejarte engañar por la Escuela de Chicago, que de eso también eres responsable. Si, por ejemplo, acabáramos por concluir que la economía mundial puede ser llamada con rigor y sentido la economía capitalista, lo que no cabe duda es que nuestra máxima responsabilidad moral, inmediatamente después, sería volvernos comunistas (al menos si llegamos a la conclusión de que ser comunista es la manera adecuada de combatir el capitalismo). Por supuesto que ese fue el camino que, muy a menudo, siguió la Teología de la Liberación en Latinoamérica[9], el camino que tanto escandalizó al cardenal Ratzinger. Una serie de obispos latinoamericanos, de pronto, pusieron toda su red de catequistas a estudiar economía, especialmente, crítica de la economía política. Pusieron a todos sus feligreses a leer El capital y a estudiar marxismo. Lo demás se dejaba ya a la conciencia de cada uno. Aunque no por casualidad la conciencia de cada uno aconsejaba montar una guerrilla para combatir el sistema capitalista. El ejercito zapatista del subcomandante Marcos, por ejemplo, no cabe duda de que se montó desde la red de catequistas de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas. En un mundo en el que las estructuras son mucho más inmorales de lo que jamás pueden llegar a serlo las personas, la cuestión crucial no es saber en qué medida somos piezas de ese engranaje estructural o en qué medida podemos dejar de participar en él. Esto es lo que a veces sugería Günther Anders, pero no es ni mucho menos suficiente. Dejar de llamar por el móvil no vale absolutamente de nada y dejar de consumir coca-cola, de casi nada. Puede que negarse a trabajar en la industria del armamento valga para algo si se consigue que ese gesto sirva de propaganda a los programas políticos pacifistas. De lo contrario, ese gesto no sirve más que para que corra un puesto la lista de parados que esperan a trabajar en cualquier cosa y a cualquier precio. Retirar el dinero de una cuenta de Caja Madrid si sospechas que esa entidad invierte dinero en la producción de armamento no sirve de nada si luego es para meterlo en el Banco de Santander, es decir, para confiar en el humanitarismo de un sujeto como Emilio Botín. Y tampoco es buena idea esconder tu birria de sueldo debajo de una baldosa.  La verdadera cuestión moral es qué responsabilidad tenemos en que determinadas estructuras perduren y qué estaría en nuestra mano hacer para sustituirlas por otras. Es obvio que eso pasa por la acción política organizada y no por el voluntarismo moral que intenta inútilmente apartarse de la maquinaria del sistema. No es a fuerza de no mover las fichas o de moverlas lo menos posible como se consigue dejar de jugar al ajedrez, si eso es lo que se pretende. Para dejar de jugar al ajedrez y comenzar a jugar al parchís hay que cambiar de tablero. Si no, lo único que se logra es perder el juego, y el juego del ajedrez, no del parchís. No sé si se capta el mensaje: vivimos en un mundo tan inmoral que no tiene soluciones morales, aquí no valen más que soluciones políticas y económicas muy radicales. Y la única cuestión moral relevante que todavía tenemos sobre la mesa es la de qué tendríamos la obligación de estar haciendo políticamente para que el mundo dejara de jugar en este tablero económico genocida. La cuestión no es la de si puedo beber menos coca cola o llamar menos por el móvil para participar lo menos posible en esta matanza. La cuestión es cómo y de qué manera atacar los centros de poder que la generan. Mi responsabilidad en la matanza no es la de llamar por el móvil. Mi responsabilidad es la de aceptar vivir en un mundo en el que llamar por el móvil tiene algo que ver no sé con qué guerras en el continente africano. Es el mundo lo que es intolerable, no nosotros. Pero sí es intolerable que aceptemos de brazos cruzados un mundo intolerable. Es grotesca la indiferencia que ha habido en la reflexión ética de los medios académicos europeos y estadounidenses hacia el concepto de “pecado estructural” y, en general, respecto a toda la filosofía de la Teología de la Liberación. Se trataba de lo único interesante que parió el siglo XX en el campo de la ética, pero la Academia estaba demasiado ocupada en intentar comprender a Derrida y en hacer el payaso con el dilema del prisionero. Para ser justos, hay que recordar que mucho antes de que la Teología de la liberación planteara el problema, lo teníamos ya abordado con mucha contundencia en la historia de la filosofía por filósofos como Jean Paul Sartre o  Bertolt Brecht. Claro que Sartre no está tan de moda como Hannah Arendt, porque Sartre era comunista, así es que se le lee bastante poco actualmente. Sartre había explicado muy bien por qué la elección moral no tenía que ver con elegirnos buenos a nosotros mismos, sino con elegir un mundo bueno. Elegir ser bueno en un mundo en el que no se necesita pecar para vivir de la injusticia que se comete sobre los demás, es, sencillamente hacerte cómplice, no de un crimen, sino, como decía Anders, de “todo un sistema de crímenes”


[1] Cahiers pour une morale, Editions Gallimard, Paris, 1983, pág. 11.

[2] Ratzinger, J. Libertatis nuntius Instrucción sobre algunos aspectos de la “teologia de la liberación”  (Congregación para la Doctrina de la Fe, 6 Agosto 1984) / “Presupuestos, problemas y desafíos de la Teología de la Liberación.” Paramillo 5 (1986): 574-580. También en La Segunda, Santiago de Chile, jueves 5 de enero de 1984, pp. 15-16; Tierra Nueva 49/50 (abril-julio 1984): 93-96 / 95-96. Edición digital preparada por Holly Ann Hughes. Marzo de 2004.

[3] El desánimo de Günther Anders respecto al pacifismo recuerda al de Dennis Meadows en el campo del ecologismo. Meadows, como se sabe, fue el coordinador del informe del Club de Roma sobre los Límites del crecimiento, el estudio que en 1972 daría el pistoletazo de salida al movimiento del ecologismo político. Mucho tiempo después, en una entrevista de 1989, al ser preguntado si aceptaría realizar hoy un estudio semejante, respondía: “Durante bastante tiempo he tratado ya de ser un evangelista global, y he tenido que aprender que no puedo cambiar el mundo. Además, la humanidad se comporta como un suicida, y ya no tiene sentido argumentar con un suicida una vez que ha saltado por la ventana” (Der Spiegel, nº 29, 1989, pág. 118.

[4] Günther Anders, Llámese cobardía a esa esperanza, Besatari, Bilbao, 1995.

[5] Cfr., en castellano, Nosotros, los hijos de Eichmann y Más allá de los límites de la conciencia, Paidos. La obra más importante de Günther Anders es Die Antiquierheit des Menschen.

[6] La fiebre del coltan (Ramón Lobo, Diario El País, domingo, 2 de septiembre de 2001).

[7] Franz J. Hinkelammert (Berlín, 1931), economista y teólogo de la liberación, ganador del Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2005 del Ministerio de Cultura de la República Bolivariana de Venezuela, con su libro El sujeto y la ley. El retorno del sujeto reprimido, Euna, Costa Rica, 2005.

[8] Algunas referencias para el seguimiento del tema: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43604 / http://www.rebelion.org/noticia.php?id=43581 / http://www.rebelion.org/noticia.php?id=44188

[9] Quizá resulte interesante la siguiente entrevista con un comandante colombiano del ELN, guerrilla que se reclama heredera del pensamiento del sacerdote pionero de la teología de la liberación, Camilo Torres: Cuatro intelectuales españoles se reúnen con el Ejército de Liberación Nacional de Colombia (Santiago Alba, Carlos Fernández Liria, Belén Gopegui y Pascual Serrano entrevistan a Milton Hernández, comandante del ELN) Cfr.: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=9100   

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20 respostes a “LOS DIEZ MANDAMIENTOS Y EL SIGLO XXI

  1. Salvador, un saludo. Nuncamais, haces un retrato perfecto de la situación. No obstante, percibo un cierto pesimismo en él. No sé si es falta de fe en el ser humano o una sobrevaloración de los méritos y capacidades del sistema, pero percibo, repito, un cierto pesimismo. Me quedo con el brillante análisis y, aunque no acabes de creértelo, eso me hace ser más optimista que nunca, porque cada vez es mayor el número de personas que ven las cosas como tú. Y eso no deja de ser bueno para nosotros y malo para los encantadores de serpientes. Un saludo.

  2. nuncamais

    Que el sistema está totalmente agotado es algo que se presume desde nuestra situación aventajada economicamente de pobladores de un continente explotador.
    Pero, en las carnes de aquellos que, en este mismo continente viven con enormes estrecheces económicas y sobretodo en las carnes famélicas de los africanos y gentes de muchos otros paises que viven (¿?) sumergidos en un mar de inmundicias, sin pan, sin alimentos, sin agua potable, sin medicamentos, con toda clase de carencias de elementos básicos, muriendo de hambre y de miseria en cantidades horripilantes, sometidos a dictadores propios desde que sus países alcanzaron la independencia (¿?), es donde de manera más acuciante se siente, querido Gonzalo, que el sistema no da para más.
    El capitalismo SIEMPRE encuentra, y si no lo fabrica, un enemigo exterior para “cerrar filas” pero, además, sabe explotar en ansia de poseer del ser humano. Sus súbditos (sic) se han convertido en propietarios, condenados a hipotecas más duraderas que una condena de cárcel por asesinato, pero, propietarios al fin y a la postre, y ya tienen un motivo para alinearse con el bando explotador. Puede un propietario votar un partido de izquierda sin sentir ningún temor a que verá disminuir su ilusorio poder económico? Solo un sistema diabolicamente perverso es capaz de un montaje como este.
    Mientras, con la publicidad crea nuevas necesidades a un ritmo galopante, de tal manera que, mediante este mecanismo “chupa” ávidamente todo el dinero de los esclavos encadenados a un trabajo que, en verdad, en la mayoría de las ocasiones no tiene nada de agotador, pero si de embrutecedor por su monotonía insufrible, a ritmo de máquina, que trabaja manejando máquinas que multiplican el producto del esfuerzo personal.
    El territorio se degrada por la simple razón que hay que vender viviendas a precios caros, y, por tanto, el 90 por cien de la construcción se lleva a cabo, bien en la franja litoral, bien en las grandes ciudades donde se puede sacar una sabrosa tajada. Los polígonos industriales se construyen en los alrededores de las grandes urbes pero a distancias considerables, con accesos dificultosos y muchas veces mal comunicados lo que exige la posesión y uso de un vehículo propio, y un considerable aumento de la contaminación.
    Lejos de las ciudades nos espera el paraíso, el campo o el bosque, para las escapadas de fin de semana o de vacaciones. Allí también se ha construido para que, aquellos que todavía tienen algun dinerito lo suelten para quedarse plumados totalmente y se sientan doblemente propietarios y, por tanto tengan sus objeciones para votar a la izquierda. Los pequeños pueblos que tienen la desgracia de tener un bello paisaje u otros motivos de atracción, sufren la presión de urbanizaciones que a veces doblan el censo del municipio y, claro, no pueden asegurar unos sevicios públicos eficientes, y así, la sanidad, la extinción de incendios, los suministros de agua, gas y electricidad tienen enormes deficiencias. Y un capítulo aparte, la seguridad, es totalmente inexistente. De ahí tantos robos a chalets.
    Antes se iba a comprar al tendero de la esquina, como se viene diciendo habitualmente, pero aquí también un cambio drástico ha posibilitado la construcción de enormes almacenes en los extraradios, con suelo comprado a precios relativamente bajos que permiten el amasado de considerables fortunas. Pero tiene que ir usted en coche a comprar con el considerable mal humor de una vías públicas que no dan para más y lanzando toleladas de CO2 a la atmósfera. El fin, que me voy a acostar y espero no tener ninguna pesadilla. Buenas noches.

  3. Coño Gonzalo, de verdad, me dejas sin poder escribir palabra alguna. Siento ser muy pobre en mis argumentos pero vuelvo a estar completamente de acuerdo contigo.

  4. Nuncamais, cada vez es mayor el número de personas que se da cuenta de que el sistema no da para más. Ahora éste ha iniciado una huída hacia delante, agotado, finiquitado, se ha buscado un enemigo del cual defendernos, ese terrible enemigo que pone en peligro “nuestras libertades”. Y aquí estamos discutiendo sobre Irak e Irán, sobre choque o no de civilizaciones, etc, etc. Sobre la lentitud del cambio de mentalidad de la gente no tendría mucho que añadir si no fuera porque las cosas, los hechos, suceden ahora a una velocidad tal, que juegan a nuestro favor, es decir, de los que estamos convencidos de que otro mundo es posible. Y no sólo posible o deseable, sino imprescindible, porque el actual se agota y amenaza con llevársenos por delante. Y ante afirmaciones tales como que el ser humano dispone hoy de la tecnología necesaria para abastecer de alimentos a toda la humanidad o para poner a disposición de la gente la medicina adecuada para evitar muertes innecesarias, no es posible aceptar los hechos que contradicen esta afirmación, por otra parte cierta. Y ya en “nuestra casa” cuesta aceptar que una inmensa mayoría esté empeñada hasta las cejas para goce y disfrute de una inmensa minoría. Y esta evidencia está provocando, como te decía al principio, quejas y malestar en la gente, aunque no toma de conciencia aún. Por eso creo que el cambio no vendrá por nuestra actitud de occidentales que, por el momento, sólo aportamos lamentos que no pasan de parecerse a los gritos de las ocas hambrientas y enfadadas. Una buena parte de la lucha se debe a la resistencia a perder el statu quo, no a un intento de cambiar las cosas. Porque, como decías, los lavados y planchados de cerebro del sistema son muy poderosos. Yo los he experimentado en carne propia. Empiezas por aceptar una frase de un líder socialista que dice que el capitalismo es el mejor sistema para crear riqueza, de modo que lo que hay que hacer desde posiciones de izquierda es repartirla adecuadamente. Y cosas parecidas. Abandonas tus referencias de toda la vida, te recluyes en casa y consumes aquello que te ofrece el sistema a través de sus poderosísimos medios de comunicación. Hasta que un buen día te descubres con la boca abierta ante el televisor escuchando el discurso liberal de unos cuantos líderes del PSOE. La cosa ha ido demasiado lejos. Y empiezas a buscar otras referencias. Algo que te cure el bombardeo propagandístico al que has estado sometido durante mucho tiempo. Y lo encuentras. Y sería optimista si no fuera por el rumbo que han tomado las cosas. Al capitalismo le quedarían dos telediarios si no fuera por el “enemigo exterior” que ha encontrado, muy convenientemente y en el último momento, en el “terrorismo islamista”. Saludos.

  5. Marceli, jajajaja, me sabe hasta mal, jajajajaja, pero tomo la última frase de nuncamais el de las 8.45, tiene mi amigo, toda la razón. Jajajajajajaja. Saludos.

  6. Sr. Xavier Comas, he leido el enlace que usted recomienda, hay cosas interesantes, pero hay grandes contradicciones que no da lugar a discutirlas en este foro por la densidad. De todas, todas, mi derecho a votar no me lo quita nadie. Ha costado muchos sufrimientos, victimas y represalias, continuaremos votando al mejor de los peores, ja ja.

  7. xavier comas

    Marceli, si has leido, la web, http://www.syti.net/ES/Citizens1.html -, como estoy seguro, ya que me hiciste un comentario sobre un escrito pasado por mí. Verás que la situación actual, está empezando a irse de las manos a los que nos mandan. Y no me refiero a estos corredores de comercio, los políticos, sino a la gente que va tomando conciencia de lo que está pasando, adonde nos van a llevar y las consecuencias a las que nos estamos encarando.
    También te recomiendo la lectura de un libro, La tercera ola de Alvin Toffler. Yo hace tiempo que voy diciendo en todos los foros en los que participo que los políticos, todos, repito todos, no son más que comerciales de las multinacionales. Me hablareis del PP, del PSOE, es igual, no son más que eso, hacen los que les dicen.
    El poder está realmente en otros sitios, nos hablan de exportar la democracia, es bueno, pero depende de quien la imponga y para qué.
    Cada día nos damos cuenta de que los que deciden no están bajo ningún control, no son elegidos ni están fiscalizados.
    Hay la posibilidad de hacer objección fiscal, nunca mais, lo ha dicho,¿ pero de qué?. Mi empresa paga la Seguridad Social, retiene y paga mi irpf. Si compro algo pago impuestos, no hay manera de hacer realmente una objección fiscal de verdad.
    Posibilidades para cambiar el sistema y de una manera pacífica, solo hay una, no votar.
    ¿Que pasaría realmente si en unas elecciones solo votara el 10% o menos de los electores? Pongo el 10% para incluir a políticos y los militantes.
    ¿Se aguantaría el sistema? ¿Podría estar el ciudadano preparado para ello?. ¿Quien en caso de producirse un colapso, tomaría el relevo?

  8. nuncamais

    De acuerdo, Gonzalo. Hay que destruir el capitalismo. El problema es como. Hace poco he hecho un alegato diciendo que tiene que desaparecer el ejército, cuestión tan necesaria como la desaparición del capitalismo. La comida de coco de la sociedad capitalista es tan brutal que, después de tantos años de sufrirlos, nos es imposible imaginar otro mundo, pero creo que otro mundo es posible aunque, dados los tiempos necesarios para una evolución que cambie todo de manera radical, se necesitan siglos para que la gente llegue a pensar de otra forma.
    Por otra parte, el sistema se las apaña para hacer coincidir los inreeses de los poderosos con el de los pobres diablos. A que viene sinó el mantener bajos los tipos de interés cuando lo que debieran es tener una rentabilidad POSITIVA. Si quieren proteger a las clases humildes, hay que poner el suelo y la construcción a precios asequibles, no tener atados los pobres de por vida, aunque sea con unos intereses bajos.
    Estructuras podridas. Hay que derribarlas. El mal es que para hacerlo eticamente, es decir, sin violencia, es muy difícil. El cambio de manera de pensar es muy lento y las comidas de coco del sistema tremendas. Un saludo.

  9. Hay que estudiar economía para que no nos engañen los economistas. Además del “pecado estructural”, los teólogos de la liberación comprendieron que una buena manera de entender el mundo actual (el mundo capitalista, quiero decir), es estudiando sus bases. Y eso se consigue aprendiendo economía. Y entendieron que no hay “fórmulas válidas” para conseguir hacer justo un mundo que es, estructuralmente hablando, injusto. El capitalismo es incompatible, absolutamente, con la democracia y con la justicia. De modo que el cambio de juego, de tablero, de modelo, o como queramos definirlo, pasa por finiquitar el capitalismo, por derruir las estructuras capitalistas. No es casual ni poco importante el enorme esfuerzo que hizo la Iglesia Católica, (me refiero a la jerarquía vaticana), para acabar con la teología de la liberación. Y aquello que no fueron capaces de conseguir los asesinos del Obispo Romero o del jesuíta Eyacuría, lo consiguieron el papa polaco apoyado por su fiel escudero Ratzinger, el actual pontífice. De todos modos, es muy posible que vuelva a resurgir la teología de la liberación y de que los movimientos antiglobalización, como la famélica legión a la que hace referencia la internacional comunista, no dejen de crecer hasta el punto de salir triunfantes de esta “guerra” desigual que sostienen contra los capitalistas y sus inmensos medios.

  10. nuncamais

    Marcel.lí: el que jo crec necessari no és maquillar l’exèrcit sinò SUPRIMIR-LO, UN CAMÍ LLARG I COSTERUT, PERÒ NECESSARI. I no ho dubtis, arribará, encara que tota els estem poblant ta terra en aquest moment estarem calbs.

  11. Marcel·lí

    Sr. Xavier Comas a modo de reflexión el comentario que estamos debatiendo dice ” El lema de los movimientos antiglobalización –“otro mundo es posible”, “otro mundo tiene que ser posible”– se convierte en un imperativo ético insoslayable. Es insoportable vivir en un mundo en el que basta meter los ahorros en una cuenta corriente de Caja Madrid para tener que preguntarte con cuántas ignominias y matanzas estás colaborando sin saberlo. Es intolerable un mundo en el que te tienes que alegrar de que en España se fabriquen bombas de racimo, pues al menos en eso parece que sí que somos competitivos a nivel internacional”
    No toma partido, sino que pone en evidencia una vez más que todo cuanto hacemos tiene un gran valor, que es necesario tomar conciencia de como estan utilizando nuestros ahorros o de como estan pervirtiendo con otros fines a los que se les llena la boca y que cabe denunciarlo, aqui y ahora. Es un ejercicio pedagógico de nuetra salud mental.

  12. Marcel·lí

    Sr. Xavier Comas, no es de recibo que Aznar no haga una severa autocrítica de la invasión de Irak, que tal como dice el artículo que estamos comentando “como consecuencia del bloqueo a Iraq a partir de la primera guerra del golfo, murieron un millón y medio de personas inocentes. Cerca de un millón más han muerto a causa de la guerra y de la destrucción de infraestructuras. El país está sumido en una guerra civil y sembrado de uranio empobrecido. En Iraq las embarazadas ya no preguntan al médico si es niño o niña, sino si viene o no con malformaciones. La gravedad de todo esto sólo es equiparable a la gravedad de que todo esto esté ocurriendo mientras conservamos nuestra tranquilidad de conciencia. Probablemente el nihilismo nunca había llegado tan lejos entre nosotros ni había gozado de tanta impunidad.” y el ex-presidente Aznar – que era presidente y tomo partido en la invasión de Irak – no da su brazo a torcer, ni se le cae la cara de vergüenza.

  13. Marcel·lí

    Sr. Nuncamais, es obvio cuanto usted comenta y que contra el exceso de consumo de agua debe de haber una nueva “Cultura del agua”, la lucha no debe de parar en ningún momento actualmente aún hay – si el PP no ha reducido su número con sus fantochadas y manifestaciones- diez millones de votantes del PP apoyaron la invasión de Iraq argumentando que Sadam Hussein disponía de armas de destrucción masiva y no hay una autocrítica del PP sobre el tema, pero los que apoyaron la guerra pueden haber cambiado su voto, eso lo sabremos si de forma pedagógica vamos dando a conocer la grave equivocación del gobierno de Aznar. Hoy aún hay terrorismo en España y el gobierno de Zapatero está empeñado en conseguir la anelada paz y los diez millones de votantes observan la inopia de los dirigentes del PP para aprovechar el momento político, veremos los resultados.

  14. Marcel·lí

    Celebro que el Sr. Nuncamais y el Sr. Xavier Comas, continuen con el debate, a fin de esclarecer conceptos y ampliación de miras.
    Sr. Nuncamais siempre ha habido gente comprometida en el cambio y en el ejército merece capitulo aparte la Unión democrática Militar y si me apura la Unión Democrática de Soldados de la que forme parte.
    Como usted ya conocerá el texto del ideario fundacional, elaborado por los tres comandantes y nueve capitanes fundadores, fue aprobado en Barcelona en una reunión celebrada el día 1 de septiembre de 1974. Si bien estaban operativos desde 1970. También se eligió en esa reunión el nombre y las siglas de la organización, así como una Junta Directiva formada por cuatro capitanes, uno por cada Arma.

    En este ideario se fijaban los objetivos de la organización tanto en el aspecto civil como militar.
    En cuanto a lo civil se proponía lo siguiente:

    Convocar una asamblea constituyente que elaboraría una Constitución homologable a la del resto de países occidentales europeos
    Restablecimiento de las libertades democráticas y de los derechos humanos.
    Lucha contra la corrupción
    Reformas socioeconómicas para la mejora de condiciones de vida
    Respecto a lo militar los puntos principales eran:

    Reforma de la Justicia Militar
    Reforma de la Ley del Servicio Militar
    Reorganización de los tres ejércitos
    Sin embargo una organización como la UMD, que significaba un grave peligro para la dictadura, no podía pasar inadvertida en el seno de un ejército donde eran mayoría los militares contrarios a su ideario y en el que el simple hecho de que un militar cursara estudios en la Universidad o diera una conferencia en la misma le hacía sospechoso. Por ello en cuanto los mandos franquistas tuvieron conocimiento de su existencia, actuaron de forma rápida y contundente y en el verano de 1975 fueron detenidos los principales líderes de la organización, que en aquel momento se calcula contaba con unos 200 miembros, aunque la cifra exacta nunca se conoció por el temor de muchos a reconocer su militancia en la misma, aún después de restablecida la democracia en España.

  15. nuncamais

    Es que, señor Comas, la solución no existe, o, al menos, es muy difícil. Es verdad que la violencia no resuelve nada, que el sistema no puede continuar así, con la mitad de la humanidad en la miseria, también es verdad. Que no se otea el el horizonte la solución por lo menos en un futuro próximo, también, y que, mientras tanto, con voluntarismo individual y colectivo, de tantos seres humanos conscientes y de tantas ONG, hay que aminorar la agresión contra los seres humanos que provoca el capitalismo salvaje y expandir la conciencia de que debe cambiarse, también.
    Como ejemplo de que debe de cambiarse totalmente el pensamiento y la acción de los gobiernos tenemos los ejércitos.
    Es inconcebible que se despilfarren en armamento los recursos NECESARIOS para luchar contra el hambre, las enfermedades, el cambio climático y tantos azotes de la humanidad como existen actualmente.
    Hay que crear nuevos hábitos en todos los ámbitos. Por ejemplo, es intolerable que, cuando ocurre la visita de un alto dignatario a un país, este, para honrarle despliegue una formación militar para recibirle “con todos los honores”. Es posible que NADIE, ni siquiera los más pacifistas, rechace este alarde de fuerza bruta? Porque NADIE se ha negado, que yo sepa, hasta la fecha, a ser recibido de esta manera vergonzosa. Tanto es así y tanto ha colado este hecho infame en el subconsciente colectivo que se acepta como la cosa más natural del mundo.
    Uno de los azotes peores de la humanidad – pero no el único – es el militarismo. En el pasado, jovenes valientes lucharon contra él haciéndose objetores de conciencia y, finalmente, consiguieron algo: que no se obligue a nadie a coger las armas. El paso a dar ahora es mucho más ambicioso: la desaparición, o por lo menos la reducciónj a la más mínima expresión, de los ejercitos, que son los matarifes profesionales en nombre de la Patria, una Patria ideal que exige la vida de los mejores de sus hijos: los más jóvenes, de aquellos que que son padres y esposos y que dejan tras de sí una ausencia atroz. En el altar de esta Patria, que no es sinó un monstruo terrible creado por la imaginación calenturienta de unos cuantos imbéciles y aceptada por la casi totalidad de los ciudadanos decentes. No está madura todavia la humanidad para conseguirlo, pero creo que el camino actualmente es empezar por la objeción fiscal. Confieso que carezco de valentia para dar este paso ahora, sin embargo, no me quedan muchas dudas de que también habrá valientes que lucharán, arriegando su tranquilidad contra el estado-monstruo que no solo permite la existencia del ejército sino que usa injustamente las armas, decretos y sentencias judiciales para obligar a los ciudadanos a derrochar una parte de sus ingresos en algo inútil si no se usa y tremendamente mortífero si se usa como son las armas. Antes he dicho que la violencia no resuelve nada. Pues este mismo principio lo aplico aquí para negar el derecho del estado a ROBAR a los ciudadanos parte de sus ingresos para tan turbios propósitos. Cambiar el actual conformismo suicida en este aspecto es DIFÍCIL PERO NECESARIO. El dia que el pueblo vuelva la espalda a los desfiles del ejército, auténticas patochadas criminales para que unos cuantos papanatas se extasíen contemplando con “orgullo patrio el poder de nuestras fuerzas armadas” se empezará a ganar la batalla (siento usar esta expresión militar para algo tan pacífico). Acaso no estamos los seres humanos decentes en contra de la apología del terrorismo? Yo me pregunto si existe terrorismo mayor que el de los ejércitos ORGANIZADOS PARA MATAR porque en la guerra se mata y se muere. Sin embargo CUANTAS PERSONAS DECENTES (¿?) PRESENCIAN LOS DESFILES MILITARES EN TODO EL MUNDO? Es necesario una toma de posición activa de la opinión pública en nombre de la decencia y de la vida.
    Pero esto, puede hacerse de golpe? Evidentemente que no, pero creo que va a llegar el día en que los ciudadanos, concienciados de las prioridades de las diferentes partidas de los presupuestos, presionen de manera firme a la administración para que vaya reduciendo el derroche en armamento. Y es evidente que la tarea puede durar siglos. De momento, creo que cada uno de los que estamos concienciados estamos obligados a difundir nuestro punto de vista. Nos va en ello el futuro de la humanidad.

  16. xavier comas

    Yo lo que veo, al menos en la última parte del escrito. Es que se hace una defensa de la violencia, para conseguir un mundo mejor.
    No sé si hace una defensa del anarquismo, pero si que está por cambiar el sistema.
    Sobre lo que se dice del comunismo, para mí el comunismo no deja de ser una continuación del capitalismo y su continuación natural. Teoricamente es perfecto, pero practicamente, es inviable.
    El problema que veo siempre en estos pensadores, es que nunca dan una solución. Plantean el problema, que existe, da con la formula para cambiar, pero y después ¿qué?.
    Me ha gustado mucho, da que pensar. Saludos Marceli.

  17. Marcel·lí

    Sr. J. Font, Sr. Xavier Comas, Sr. Nuncamais el objectivo de Carlos Fernández Liria. (Ponencia pronunciada en los Cursos de Verano de El Escorial 2006: “Occidente: Razón y Mal”). Es precisamente lo que ustedes estan haciendo, reflexionar. Gracias por leer el escrito largo y denso.

  18. nuncamais

    Muy largo, pero necesario. Es un alegato brutal contra la injusticia de la sociedad capitalista actual y la miseria moral del hombre como ser social. En algún momento parece que propone la violencia como solución para derribar las estructural inmorales de la sociedad. Pienso que en ningún momento y bajo ningún concepto es lícito atentar contra la vida o la integridaqd humanas.
    Creo que era el jesuita Mariana que se preguntaba si es lícito matar al tirano y se decidía en ciertas circunstantcias por la respuesta afirmativa. Yo creo que la respuesta debe ser siempre negativa.
    Suponiendo que la respuesta fuera afirmativa, habría que tener en cuenta que el daño que cause la violencia no fuera superior al que se intenta evitar y, si es posible evitar este daño. Yo creo que el daño de esta sociedad homicida es inevitable y que solo en la medida que se propaguen ideas morales se podrá contribuir a aminorarlo algo.
    Mi conclusión ciertamente no mueve mucho al optimismo pero creo que está fundada en una ideas realistas sobre la corrupción de la naturaleza humana por efecto del pecado original, que se transmite a todas las estructuras de la sociedad.
    Quien quiera entender el porque y el como del pecado original tal como lo concibe el Cristianismo no lo va a conseguir. Sin embargo, si admite esta idea como verdadera, ella le aclarará muchos comportamientos del individuo y, sobretodo, de la corrupción de las estructuras sociales derivados del mismo.
    A pesar de la total inhumanidad del capitalismo, no tengo la seguridad de que el comunismo haya resultado mejor en la práctica. La estructuras de la sociedad capitalista deben de sustituirse por unas estructuras nuevas, más humanas pero, después del fiasco del comunismo, la armazón ideológica de estas estructuras nuevas está por construirse.
    Uno no puede sentirse optimista en absoluto. Existen hechos incontrovertibles que llevan al pesimismo y que no son consecuencia en absoluto del sistema económico. Uno, por poner un ejemplo, es el fracaso de la campaña promovida, creo que por la ONU, de que los gobiernos cedan un 0.7 por cien de su presupuesto para ayuda al desarrollo del tercer mundo. El fracaso de la misma, casi total, nos da la idea de la capacidad del ser humano para la solución de las graves deficiencias de nuestro tiempo.
    A poco observador que sea uno se da cuenta de que el egoismo humano no tiene límites, y le vienen a la cabeza aquellas palabras de Baltasr de Gracián: “Créeme que no hay lobo, no hay león, no hay tigre, no hay basilisco, que llegue al hombre, a todos excede en fiereza.”
    Parece que esta desviación de la bondad del hombre, que se ha dado a lo largo de la historia de manera invariable y persistente, desmiente aquella idea de la bondad innata del hombre que propugnaba Rousseau. La verdad es incómoda y hay que luchar consigo mismo primero para admitirla y en segundo lugar para encontrar la manera de luchar a nivel individual y, si se tiene influencia social, a nivel colectivo, serenamente, sin grandes pretensiones pero sin complejos, para modificar un estado de cosas profundamente injusto. Aspirar a más tal vez sea contraproducente dado que, al ver la magnitud de la tragedia, nos puede invadir la tentación de no hacer nada.
    A veces los refranes resumen acertadamente ideas que, sin ellos, sería largo definir. Creo que, a pesar de la magnitud del problema, que yo no puedo resolver, el refrán “a Dios rogando y con el mazo dando” creo que resume acertadamente mi posición. No debo de vivir amargado ni que esta amargura me impida, no solo de ser moderadamente feliz, sinó también de hacer algo para, por lo menos, paliar el problema.
    No es ajena a la conclusión que he llegado el hecho de estar encuadrado dentro de la religión cristiana que, por lo tanto, hace que acepte de manera total una determinada ideología. En caso contrario es posible que mi posición al respecto tendría un cariz mucho más pesimista.

  19. Bona nit, Marcel.li. Tal y como yo lo interpreto, el hecho de cambiar de tablero, es puramente, hacer desaparecer el Estado. No es cambiar el juego, es hacer desaparecer precisamente el juego. Lo importante tal y como yo lo entiendo, es hacer a los ciudadanos, no participes, sino que ellos, nosotros, seamos los que realmente movemos las fichas. Es un texto algo complicado, me lo volveré a leer, pero creo que la solución que propone es lo que yo he interpretado.
    Como dice Font, has puesto un tema, complicado pero con fondo. Vale la pena. Salutacions.

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