La Masonería

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 La Francmasonería Moderna es una institución de casi 300 años de antigüedad.

De manera simbólica, desciende de los albañiles constructores (en inglés masons) de la Edad Media, quienes durante varios siglos se desplazaron por toda Europa para construir edificios religiosos o civiles cuya mayor parte perdura hasta hoy. Si bien en la actualidad vuelve a ponerse en tela de juicio el fenómeno de transición de la Masonería Operativa hacia la Francmasonería Especulativa, las herramientas de los albañiles se han convertido en los símbolos de los Francmasones.

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En 1717, miembros de la Royal Society de Inglaterra, una sociedad erudita de la época, camaradas de Isaac Newton, crearon la Gran Logia de Londres.

De esta manera comenzaba el período de lo que hoy conocemos como Francmasonería Especulativa, aquella en la que se dialoga libremente sobre las ideas.

A través de marinos y comerciantes, la Francmasonería, que se había difundido rápidamente en Inglaterra, pasó al continente donde se instalaron las primeras Logias Masónicas en Francia entre 1726 y 1730, en especial en puertos tales como Bordeaux o Dunkerque.

En este período en el que nacerían las nuevas ideas de libertad e igualdad que conducirían a la Revolución Francesa y a la República, Francia entra en el Siglo de las Luces. Las Logias Masónicas que se expanden rápidamente por ese país dejan de ser un “club”, como lo eran en Inglaterra, para convertirse en la caja de resonancia de esas grandes y nuevas ideas, hasta transformarse en foros de debates de ideas emancipadoras para los Hombres y las Sociedades.

El Gran Oriente de Francia, nacido en 1728 y constituido con ese nombre en 1773, sería la única Obediencia Masónica en Francia hasta fines del siglo pasado, y aún continúa con su labor.

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16 respostes a “La Masonería

  1. J. M. Sole

    Tots,bla,bla,bla i el que és clar que; SPAIN IS DIFFERENT ” Sense un minin de rigor intelectual”.Al contrari del que succeeix en altres països,on la maçoneria és una associació molt respectada,a Espanya segueix envoltada en el misteri,i la seva mencio encara desperta recels,odi i temor. I, de fet en pocs llocs ha estat tan perseguida i reprimida com el territori Espanyol,s`he que des l`1 D`abril de 206 el actual Gran Mestre de la Lógia d`Espanya és el José Carretero Domench.

  2. La logia Heracles comenzará su andadura este fin de semana en un punto secreto de la provincia. Su maestro abre sus puertas a SUR
    TEXTO: IGNACIO LILLO / FOTO: SUR / MÁLAGA/
    PERSEGUIDOS por sus ideas revolucionarias, temidos por su supuesto poder, y, ante todo, desconocidos, la masonería se ha desarrollado a escondidas en toda Europa desde la Edad Media. Pero los tiempos han cambiado y los masones empiezan -tímidamente- a salir a la luz. Este fin de semana nacerá una nueva logia en la Costa del Sol -bajo el nombre de Heracles- y Galo, su venerable maestro, se ofrece de guía por este enigmático mundo.

    El grupo comienza su andadura hace tres años. Tiene 20 miembros -entre maestros, compañeros y aprendices- en su mayoría de Málaga. Hasta ahora funcionaban como triángulo (orden anterior a la logia), bajo los auspicios del Gran Oriente de Francia, esto es, una de las ramas masónicas existentes en Europa. «Nos permite compatibilizar la reflexión simbólica y filosófica con la proyección hacia la sociedad y la actualidad», explica Galo.

    Han cumplido la mayoría de edad, y llega el momento de «Levantar la columna o Encender las luces», de pasar de triángulo a logia, explican. Pero hasta llegar aquí han pasado meses de aprendizaje y evolución. Según relata el maestro, «surge de cero, una persona contacta con el Gran Oriente y se inicia en Alicante, en Constante Alona, nuestra logia madre, con visitas cada dos o tres meses. Otros se unen, y nos damos cuenta de que podemos crear un triángulo. Entonces había un maestro, ahora somos nueve». De esta forma, se convertirá en entidad soberana, confederada con el resto de logias y bajo la obediencia del Gran Oriente de Francia.
    Fuente:http://elmason.blogspot.com/2007/03/el-damero-masn-llega-mlaga.html

  3. Retroenllaç: La masonería « Jon Kepa

  4. Su organización

    El Gran Oriente de Francia es una federación de Logias, y no una federación de miembros. Cada francmasón es miembro de una Logia que, a su vez, está afiliada a la Obediencia. La base del ejercicio de las funciones, en el interior de la Logia y al nivel nacional de la Obediencia, es la elección. Tanto las Logias como la Obediencia funcionan de manera totalmente democrática.

    El Presidente de la Logia, llamado Venerable, y todos los otros responsables, llamados Oficiales porque ocupan distintos puestos (Orador, Tesorero, Hospitalario, etc.), son elegidos por un año por los miembros de la Logia llamados Hermanos, ya que la Francmasonería es una Fraternidad.
    La Asamblea General Anual, el Convento, es el cuerpo legislativo de la Obediencia compuesto por un delegado por cada Logia. Ésta elige un Consejo de la Orden de 33 miembros que constituye el poder Ejecutivo y una Cámara de Justicia que constituye el poder Judicial. Estas instituciones funcionan según el modo de separación de poderes. Una institución adicional es la Comisión Nacional de Solidaridad, cuyo papel es ayudar a los Masones que lo necesiten.

    El Consejo de la Orden elige en su seno una Comisión Directiva cuyo Gran Maestro es el Presidente nacional de la Obediencia y es su único representante en el exterior.

  5. Sus métodos de trabajo

    El Gran Oriente de Francia aspira ser un espacio de libertad y de diálogo, contra todo integrismo. La base de su funcionamiento y del progreso de sus miembros es el trabajo.

    Para su perfeccionamiento personal, el Francmasón dispone de un método de aprendizaje basado en el razonamiento que se asemeja al método analógico y que recurre a la interpretación de los símbolos. Los símbolos que utiliza son las herramientas de sus predecesores, los Masones Constructores: la escuadra y el compás, y el progreso se realiza según la organización de éstos últimos: Aprendices, Compañeros y Maestros Masones.
    Para trabajar en pos del perfeccionamiento de la sociedad, las logias del Gran Oriente de Francia estudian todos los años diversos temas de actualidad, cuestiones sociales o económicas, escogidas por la Asamblea General Anual (el Convento), de las cuales se realiza una síntesis para el Convento del año siguiente.

    Puesto que el Gran Oriente de Francia agrupa a personas (cerca de 48.000) provenientes de distintos horizontes -y ámbitos profesionales, sociales, culturales, filosóficos y políticos, es posible tener un punto de vista altamente creíble y realizar sugerencias de mejoramiento, a menudo aplicadas al país, con algunos años de diferencia.

    La gran fuerza social de la Francmasonería es esta fuerza de propuestas nacida del poder del trabajo colectivo de sus Logias.

  6. Su implantación

    El Gran Oriente de Francia está formado por aproximadamente 48.000 miembros, repartidos en 17 regiones que agrupan unas 1.200 logias en el territorio francés pero también en otros numerosos países en donde representa a la Francmasonería liberal.
    En España, desde que en el año 2000 se regularizara la primera Logia, se han constituido 7 Logias y dos triángulos, en lo que ha sido un proceso de importante crecimiento, agrupando en la actualidad a cerca de 200 miembros. Las Logias de España participan activamente en la región 17 del Gran Oriente de Francia formada por más de 60 Logias de la zona sur.

    El Gran Oriente de Francia ha firmado Tratados o Convenios de amistad con numerosas Obediencias francesas y del resto del mundo con las cuales intercambia garantes de amistad y acoge la visita en sus Logias de todos los miembros, hombres o mujeres, de dichas Obediencias. Aunque el Gran Oriente reconoce plena regularidad a la iniciación femenina y sus logias reciben libremente la visita de miembros de obediencias femeninas o mixtas, está configurada como una Obediencia masculina.

  7. Sus ideas

    La Francmasonería, institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresiva, tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la moral y la práctica de la solidaridad.
    Trabaja para del mejoramiento material y moral, en pos del perfeccionamiento intelectual y social de la humanidad.

    Artículo Primero de la Constitución del Gran Oriente de Francia
    Es así como La Fayette recibió una espada de Honor de George Washington en agradecimiento por la participación de los Francmasones franceses en la guerra por la Independencia de los Estados Unidos.

    Es así como la preparación de las ideas de Libertad e Igualdad por parte de las Logias Masónicas contribuyó a las grandes reformas de la Revolución Francesa.

    Es así como las respuestas a una pregunta estudiada por las logias del Gran Oriente de Francia antes de la guerra precipitaron la instauración de la Seguridad Social en Francia.

    Pero éstos son sólo algunos ejemplos, ya que desde hace casi tres siglos la historia de la Francmasonería francesa está mezclada con la historia de Francia y de las grandes conquistas sociales en el contexto humanista en el cual se encuentra.

    Ya sea la abolición de la esclavitud, con Victor Schoelcher, la construcción de la escuela pública gratuita laica y obligatoria, con Jules Ferry,

    y más cerca en el tiempo la obra de Arthur Groussier con la legislación del orden de lo social, la protección del trabajo de la mujer y de la infancia, además de la reducción del tiempo de trabajo, las vacaciones pagas, etc., así como tantos otros temas, fueron problemas estudiados en las Logias Masónicas del Gran Oriente de Francia y transformados en Leyes de la República por hombres iluminados y en la cima del progreso de su época.

    El Gran Oriente de Francia vive su siglo y lidera las luchas emancipadoras de su época.

    (…) Sus principios son la tolerancia mutua, el respecto a los demás y a uno mismo, la libertad absoluta de la conciencia. Al considerar las concepciones metafísicas como pertenecientes al ámbito exclusivo de la apreciación individual de sus miembros, la institución rechaza toda afirmación dogmática (…).

    Artículo Primero (continuación).

    El Gran Oriente de Francia practica la Tolerancia Mutua, que es el hecho de ser tolerante hacia aquellos que son tolerantes, lo que implica luchar contra todos los dogmatismos que quieren imponer políticas y creencias que nieguen a los hombres sus libertades en cualquier ámbito.

    Mientras que en otras formas de Francmasonería – especialmente en las que descienden directamente de la masonería inglesa y que conservan sus dogmas- es obligatorio ser creyente para ser francmasón, el Gran Oriente de Francia es institucionalmente una sociedad que practica la Libertad Absoluta de Conciencia. Es así como en las Logias Masónicas cohabitan creyentes de todas las religiones junto con ateos, agnósticos y libre pensadores. Es en el sentido de esta libertad de conciencia que el Gran Oriente de Francia defiende el laicismo del estado en todas sus actividades y no solamente en la enseñanza pública, que desea mantener gratuita, laica y obligatoria para todos. Esta nueva concepción de la Francmasonería – de libertad Absoluta de Conciencia nacida del Convento (Asamblea General Anual) de 1877 y que quiere actuar sobre los problemas de su época- ha dado origen a una nueva corriente de ejercicio de la francmasonería llamada la Francmasonería Liberal. Ésta se desarrolla muy rápidamente en todos los países del mundo donde los hombres aspiran a dejar

    de ser esclavos de dogmas y de obligaciones que les ordenan en qué creer, y quieren cambiar la sociedad en la que viven, para preparar la sociedad del mañana, mejor y más esclarecida.

  8. 5 – La Francmasonería contemporánea

    La Francmasonería francesa se pone de pie lentamente tras la Segunda Guerra Mundial. Las dificultades están vinculadas en gran parte al fracaso de la fusión del GODF y la GLDF (rechazada por la Asamblea de ésta última), al envejecimiento de los grupos dirigentes de las Logias y de las obediencias y a la gravedad de los problemas. Confinada entre el gaullismo y el comunismo (cuya expansión al Este reduce aun más su territorio de influencia en el exterior), a menudo percibida como retrógrada, tironeada por fuerzas centrífugas, tardará más de cuarenta años en reencontrar a los miembros que tenía antes de la guerra.

    Este período está marcado por un lento retorno al simbolismo, iniciado a principios de siglo bajo la influencia de hermanos tales como O. Wirth o Gloton. Esta corriente gana las órdenes en el último tercio del siglo XIX, aunque el GODF menos que otros. Es un fenómeno nuevo por sus contenidos, con referencias históricas (los “antiguos misterios” evocados a partir del siglo XVIII) y aportes esotéricos ya conocidos antes del pensamiento masónico, pero que igualmente forman parte de los nuevos datos. Esta evolución genera efectos positivos y aspectos

    negativos. Los aportes extraídos de las ciencias sociales, el carácter introspectivo de ciertos testimonios y algunos de los ecos de las nuevas corrientes esotéricas contribuyen al enriquecimiento. Pero también constatamos que aquello que al principio estaba destinado a ser un complemento, en una cultura fuerte marcada por muchos otros aspectos, a menudo tiende a erigirse como verdad exclusiva. La Vulgata simbolista ofrecida a menudo tiende al monopolio y a evitar lo real. Para compensar una pérdida de identidad y de utilidad, le niega a la masonería la posibilidad de figurar en la Historia, argumentando que es imposible encontrar su Tradición. La tentación es grande en esta óptica de hacer del ritual una fórmula mágica, algo definitivo.

    En la segunda mitad del siglo XX surgen numerosas evoluciones. La aceptación de mujeres en la masonería francesa, el envejecimiento de la institución, la expansión del reclutamiento de clases medias más instruidas (que habían evolucionado bastante en su relación con las ideologías y la política), y el fin de los roles tradicionales (tanto educativos como integradores) de las logias, son fenómenos de larga duración. Vale aclarar también que durante algunas décadas ha existido un complejo de “regularidad” hacia la masonería anglosajona (actualmente en decadencia) que ha conducido, de hecho, a que una parte de la Francmasonería sea captada por tendencias mercantilistas y reaccionarias. Finalmente, la división de la Obediencia que había comenzado a finales del siglo XIX se aceleró durante la segunda mitad del siglo. Tras la creación de la Grande Loge Féminine de France, en 1945, y de la Grande Loge Traditionnelle Symbolique “Opéra”, en 1958, la fragmentación en pequeñas unidades obedienciales ya no cesaría: Grande Loge Féminine

    de Memphis Misraim, Loge Nationale Française, Grande Loge Mixte Universelle, Grande Loge Mixte de France, etc. También surgen muchas otras estructuras más o menos masónicas. El Gran Oriente de Francia, órgano regulador de la Masonería desde un punto de vista histórico, reconoce hoy (en 2002) la OITAR (Orden Tradicional Iniciática del Arte Real), el Grand Prieuré des Gaules, la Grande Loge Française de Memphis Misraim y estudia la posibilidad de relacionarse con la GLISRU (Gran Logia Independiente y Soberana de los Ritos Unidos) y la GLMS (Gran Logia Mixta Suiza).

    A partir del año 2000, todas las obediencias francesas, a excepción de la GLNF, se reúnen en un espacio flexible denominado Masonería Francesa. Por último, durante este medio siglo en el cual la Francmasonería francesa se ha reconstruido y luego ha tomado forma paulatinamente en vísperas del siglo XXI, el perfil interno de las Logias cambia. Se enfatiza en especial la “calidad de vida” del grupo. Las logias, más numerosas en la actualidad que hace un siglo pero de menor tamaño, aún están movilizadas por la reflexión y las luchas humanistas, pero están menos involucradas en cuestiones directamente políticas Éstas insisten sobre la asiduidad y la calidad de la relación entre los miembros que las componen.

    La actualidad masónica en España.

    Tras la muerte de Franco se sucedieron los intentos por reconstruir la masonería, prohibida desde 1937. Los contactos realizados con los antiguos francmasones republicanos dieron un resultado negativo. El 90%, desengañados, se desentendieron de la organización en la que habían sido iniciados en su lejana juventud.

    A finales de 1976, se dieron los primeros pasos para legalizar el Gran Oriente de España, a pesar de la reticencias del entonces Ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, quien denegó en varias ocasiones la constitución de Grandes Logias. El gran maestre del Gran Oriente Español era Antonio de Villar Massó.

    El panorama masónico español actual ofrece la presencia de Logias y Obediencias muy diversas, en función de su tendencia liberal o conservadora, así como de su adscripción nacional o internacional. El Gran Oriente de Francia (GODF) es hoy uno de los principales exponentes de la masonería adogmática en España.

  9. 3 – El Gran Oriente en España

    Comúnmente se acepta que la Masonería nace en España en la ciudad de Madrid, con la formación de una Logia de breve existencia, llamada Las Tres Flores de Lys, conocida también como La Matritense. La fundó junto a otros miembros no españoles el Duque Phillipe Warthon, primer Gran Maestro del Gran Oriente de Francia (1728). La primera Logia de españoles se fundará a finales del S.XVIII en Brest (Francia) con miembros de la Armada española apostados en esta ciudad recibiendo dicha Logia el nombre de La Reunión Española. No aparecerán logias de españoles en territorio propio hasta principios del siglo XIX, de hecho en 1809 se funda la Gran Logia Nacional para todas las Españas que estará bajo los auspicios del GOdF y será su Gran Maestro José Bonaparte, llegándose a contar 34 logias en su seno. Posteriormente habrá otras como Triomphe de l´ Amitié; o Les Amis fideles de Napoleón, en cuyas logias conviven españoles y franceses.

    En 1816 tuvo lugar la fundación de la primera logia masónica de Canarias, que recibió el nombre de Los Comendadores del Teide, bajo patrocinio del conde de Saint Laurent, comisionado a la América española por el Gran Oriente de Francia para fundar logias y difundir en aquél continente las ideas y principios de la masonería. Esta Logia, dependiente de la suprema autoridad masónica francesa, el Gran Oriente de Francia, solicitó los auspicios el 30 de abril de 1820, cosa que obtuvo con el nuevo nombre de Logia Amistad en 1822, pasando al año siguiente a forma parte de el recién nacido Gran Oriente de España.

    Tras la época de Fernando VII, vuelve a ser solicitado el padrinazgo del Gran Oriente de Francia, por varios masones españoles, que constituyen en Barcelona la logia La Sagesse (1848). Posteriormente, en 1850, Asturias tuvo su porción de esta concepción masónica a través de la primera logia que se implantó en la región. Será en la ciudad de Gijón, cuando obreros especializados del vidrio y la loza de origen español, francés y belga, se unieron para levantar las columnas de la logia Los Amigos de la Naturaleza y Humanidad que trabajó bajo los auspicios del GOdF. Periplo que concluirá en 1853 con la prohibición de la masonería en España.

    Excepto en los períodos de persecución que coincidieron con las etapas absolutistas, la Masonería española se definió por su imbricación progresista con la sociedad, encontrándola al lado de la defensa de las libertades individuales, del laicismo, posesionándose ante la universalización de la educación, junto a los movimientos pacifistas y al lado de las capas más desfavorecidas.

    Este era el talante del Gran Oriente de Francia que va seguir teniendo en territorio español y a lo largo del siglo XIX, (1869-1894) diversas logias bajo su amparo: Fraternidad en La Palma; Alianza Fraternal en Mahón; Fe, Abnegación, Pirámides y Augusto Gaditana en Cádiz; España en Sevilla; La Virtud en Málaga; que junto con el trabajo masónico de otros orientes de carácter estrictamente nacional: (GODE, GONE, GOE), y el trabajo masónico de sus homólogos en Portugal, Bélgica darían carácter propio, a lo que hoy se conoce como Masonería Adogmática – que podría también definirse como la Masonería del Compromiso – rompiendo con sus homólogos anglosajones en posicionamientos como la Libertad absoluta de conciencia, lo que liberaba a sus miembros de la necesidad de creencia en un Dios revelado. Nunca la Masonería española mantuvo relaciones de reconocimiento con la Gran Logia Unida de Inglaterra, institución que otorga la “regularidad” a las Obediencias de la corriente dogmática. Grande fue el prestigio de la Masonería española, pues junto al denso ejército de hombres del común que ha formado las logias, se integraron personalidades del mundo de la cultura, la milicia, la ciencia, el arte y la política.

    La guerra civil española y la posterior represión franquista aniquiló totalmente a la Masonería, siendo el resultado el largo camino del exilio para muchos, el destierro para otros, la cárcel para aquellos que se quedaron y la pena de muerte para unos cuantos, amén de aquellos que sin ser masones sufrieron en sus propias vida el fanatismo antimasónico que ejerció el aparato franquista. Aún en esas difíciles condiciones del exilio, las grandes Obediencias francesas entre ellas el GOdF dieron cobijo a los masones españoles que crearon bajo su amparo diversas logias, como Esperanza en Marsella; Iberia en París; 27 de noviembre de 1943 en Mountauban; y la Toulouse en Toulouse.

    El trabajo de estos masones españoles dejó su fruto en el seno del GODF. No en balde se puede encontrar todavía hoy a la entrada del Museo del GODF en la rue Cadet, donde está su sede, una bandera del Ejército Popular de la República española.

    Con la muerte del dictador Francisco Franco y el restablecimiento de las libertades vuelve la Masonería, si bien 40 años consiguieron diluir y desfigurar la imagen de la institución, situación que lentamente se recompone con la ilusión de restituir un trayecto de Libertad y Progreso en el que durante casi 150 años la Masonería española fue vanguardia de la sociedad en la que vivía.

  10. 2 – Orígenes y fuentes filosóficas

    Desde la antigüedad, diversas corrientes filosóficas han favorecido la existencia de escuelas, grupos y afiliaciones basadas en ritos y en la transmisión gradual del conocimiento. Muchas de estas escuelas han promovido la igualdad entre sus miembros y han creado espacios de libre reflexión con respecto al mundo circundante.

    A lo largo del período medieval, ciertas tendencias del cristianismo, tanto en el mundo monástico como a través del resurgimiento cíclico de fuerzas “herejes”, dan cuenta de la permanencia de ciertos temas y de sus búsquedas. Son sus rasgos más frecuentes: el deseo evangélico de justicia social y de igualdad, la afirmación de la primacía del amor y el rechazo de la violencia, la perpetuación de ciertas reglas de grupos y una búsqueda del Conocimiento -incluyendo una parte de racionalidad- y la reivindicación del libre albedrío.

    La Francmasonería, de manera más o menos conciente, va a asumir esta herencia y a enriquecerla con el humanismo dinámico del Renacimiento y con las importantes evoluciones filosóficas de los siglos XVII y XVIII. En estas transmisiones capilares y esta elaboración, incorporará también elementos extraídos del imaginario caballeresco, tal como perduraban en Francia al final del Antiguo Régimen.

    Sin embargo, son los Gremios de constructores de la Edad Media los que han servido como marco y modelo a la Francmasonería. Estas estructuras medievales perpetúan entonces una cultura milenaria de la piedra que se manifiesta en la manera de organizarse y de transmitir el Oficio, en la importancia asignada a la solidaridad interna, en los signos y ceremonias específicas de admisión y de reconocimiento.

    La Francmasonería Especulativa nació de este contacto como un proyecto propio. Conservará y adaptará una parte de las costumbres corporativas, como los elementos de vestimenta, las representaciones emblemáticas, los términos de vocabulario y ciertas bases rituales. Será concretamente en el siglo XVII y en las Islas Británicas donde se crearán células de este nuevo tipo. La antigua teoría de “la aceptación”, que atribuía esta mutación a un aumento progresivo de la cantidad de miembros no-manuales (los “aceptados”) en el seno de las logias, fue corregida para dar lugar a una explicación localizada, fechada y comprendida en un contexto preciso: el de la Escocia e Inglaterra del siglo XVII. En este contexto, esas logias se consolidaron, aprovechando las condiciones de seguridad y los preceptos pacificadores y ecuménicos que hallaron.

    Una de estas evoluciones, a saber, la fórmula inglesa que se impuso a comienzos del siglo XVIII, se separará completamente de los orígenes operativos, cuya referencia -especie de simulacro- ya no sirve más que para darle legitimidad por antigüedad. Esta fórmula se impondrá con la reunión de cuatro logias londinenses en 1717, que crearán la primera obediencia, y la publicación de las Constituciones de Anderson en 1723, actos ambos considerados fundadores de la Francmasonería.

    3 – La Francmasonería francesa en el siglo XVIII

    El interés de las elites anglófilas produjo una rápida creación de logias en Francia y en Europa. La curiosidad del público ya era considerable. La predisposición de numerosos miembros eruditos de la sociedad hizo que la nueva institución se desarrollase y se expandiese por el mundo entero en unas pocas décadas. Al principio sólo comprendía dos grados: aprendiz y compañero aceptado. El grado de Maestro, fue adoptado en los años 1730/40.

    Mucho antes de la mitad del siglo, la Francmasonería francesa, aunque permaneciendo fiel en lo esencial a los usos importados, elaborará un modelo propio que tendrá una influencia continental. En esta época goza también de una autonomía total. La franche maçonnerie (“libre masonería”) de Francia se mantiene fiel a los usos simbólicos y las

    fórmulas que caracterizan -paradójicamente bajo el nombre de Rito de los Modernos – las prácticas más antiguas que se conocen. No obstante, confiere a la ceremonia de recepción innovaciones fundamentales: gabinete de reflexión, viajes y pruebas por los elementos, el mandil, etc, universalmente utilizados hoy.

    Durante todo el siglo XVIII, la Francmasonería, aunque se impone efectivamente como un “Centro de Unión y el medio ideal para conciliar una sincera amistad entre personas que de otra manera jamás hubieran podido relacionarse entre sí”, como lo expresan las Constituciones de Anderson, sigue siendo un lugar de sociabilidad mundana y festiva. Red cosmopolita, desde muy temprano marcada por rasgos solidarios e igualitarios, a veces tocada por chispas innovadoras y visionarias, aparece no obstante teñida por una tonalidad moral y cultural que se mantiene durante mucho tiempo conformista y elitista.

    Fue necesario esperar hasta el último cuarto del siglo para que evoluciones filosóficas más importantes fueran sensibles, en forma de preocupaciones humanistas o incluso de enfoques que hoy calificaríamos de simbolistas. Estas evoluciones llegan al término de una crisis centrífuga que afecta la masonería francesa en los años 1760, marcada por la división de la primera obediencia (creada a fines de la década de 1730 y llamada “Primera Gran Logia”) en varios bloques rivales, por la abundancia de grados adicionales, la estructuración progresiva de nuevos ritos y la afirmación de corrientes más místicas, paralelamente a la corriente racionalista mayoritaria.

    La estructuración del cuerpo masónico francés en Gran Oriente de Francia, en 1773, permitió federar, armonizar y codificar todas las estructuras y usos vigentes, lo que constituyó un avance considerable, decidido democráticamente por los delegados de las Logias. La gran mayoría de estos últimos se unifican bajo los auspicios de la Obediencia, excepto una “Grande Loge de Clermont” que, rechazando especialmente la elección democrática de los Venerables, seguirá sola su camino durante varios años para finalmente fusionarse con la Obediencia en 1799, tras los acontecimientos revolucionarios.

    Esta reorganización de la Francmasonería francesa permitió redactar y precisar el corpus ritual y administrativo practicado desde comienzos del siglo XVIII. Esta codificación, fijada en 1785 e impresa en un Reglamento Masón, toma el nombre de Rito Francés. Este período, durante el cual el Gran Oriente de Francia adopta un sistema de Altos Grados propios del Rito Francés, también se caracteriza por el nacimiento del Régimen Escocés Rectificado, en 1778, y, en 1804, del Rito Escocés Antiguo Aceptado, también reconocido por la Obediencia. Esta unificación en poco tiempo aseguró un buen funcionamiento de la obediencia al aportar soluciones a las principales dificultades anteriores, y constituyó la base del crecimiento y de la expansión continental experimentada en los años siguientes.

    En 1789, el Gran Oriente de Francia contaba con alrededor de 30.000 miembros y mil talleres. Era un cuerpo poderoso, influenciado por las Luces filosóficas y diversas culturas especulativas. Hoy sabemos que no existió un “complot masónico” en el origen de la Revolución, pero reconocemos que muchos francmasones han tenido participación en los eventos, y que la influencia de las ideas debatidas en las Logias fue significativa. Estas huellas masónicas en la Revolución Francesa también se reflejan en los modelos de funcionamiento y en muchos de los signos simbólicos adoptados por las nuevas instituciones. Además, será una canción compuesta por el Hermano Rouget de Lisle la que se transformará en el himno nacional francés. No obstante, entre 1793 y 1796 el Gran Oriente de Francia sufrió una paralización casi total durante el cual los francmasones en general han rechazado, y sobre todo sufrido, la época conocida como el “Terror”.

  11. Pequeña historia

    1 – ¿Qué es la Francmasonería?

    2 – Orígenes y fuentes filosóficas

    3 – La Francmasonería francesa en el siglo XVIII

    4 – El Gran Oriente en España

    5 – La Francmasonería contemporánea
    5 – ¿Qué es la Francmasonería?

    La reseña histórica contenida en esta página muestra que la Francmasonería es una esfera de influencia heterogénea, que ha servido en casi tres siglos como soporte (o revelador) de numerosos enfoques. El Gran Oriente de Francia basa su legitimidad y su regularidad en parámetros simples, como la antigüedad, la representatividad o la aceptación de nuevos miembros según métodos tradicionales probados.

    Todas las épocas han generado grupos a la vez distantes y presentes en el mundo, cuyos rasgos identificativos son la búsqueda del conocimiento y el uso de prácticas rituales. La Francmasonería y el Gran Oriente de Francia prolongan esta tendencia. La Francmasonería es sobre todo una Escuela de la Libertad. Para asumir esta misión, el Gran Oriente de Francia no se fija ningún límite. Su identidad está definida por rasgos tales como la importancia asignada al amor fraternal, la complementariedad entre las reflexiones simbolistas y sociales, la pluralidad de ritos en su seno y la libertad de la que gozan los Hermanos y las Hermanas en su trabajo en común. Muchos enfoques permiten definir la Francmasonería como una transposición, en el ámbito especulativo, del trabajo de los constructores. Desde esta perspectiva, el trabajo sigue siendo un valor central para la institución. También podríamos considerar que los francmasones siguen construyendo templos, tanto interiores ( a partir del famoso “conócete a ti mismo…”) como exteriores, para la humanidad en su conjunto. Debemos también tener en cuenta tres elementos constitutivos para definir la Francmasonería que, según proporciones variables, es una sociedad a la vez fraternal, iniciática y humanista.

    La Francmasonería es, en primer lugar y sobre todo, una Fraternidad, ya que sus miembros, Hermanos y Hermanas, forman una familia elegida, solidaria e igualitaria. Esta característica, que data del comienzo de su historia, hace que los miembros de esta vieja cofradía sientan la necesidad de reunirse en seguridad con respecto a las agitaciones del mundo y en autenticidad con respecto a sus supuestas imperfecciones (los “metales”). Esto implica una visión positiva del ser humano, a priori bueno y capaz de perfección, y acarrea numerosas consecuencias morales que se manifiestan de mil maneras en la Francmasonería.

    Es asimismo un grupo iniciático porque propone, tras un paso que simboliza un cambio de estado (del profano al masónico), un método de trabajo y una búsqueda filosófica, vividos en una disciplina de grupo libremente consentida. Todos estos procesos están destinados a ayudar, por un juego de analogías y de interpretaciones personales, a descifrar el mundo y a buscar el sentido de la existencia. Esta función es otro de los componentes esenciales de su identidad.

    Por último, la Francmasonería es una instancia humanista, un lugar de resonancia social y de reflexión, un asunto histórico, involucrado. La institución, y más frecuentemente los francmasones como individuos, están presentes y trabajan para la comunidad. Esto les conduce a mejorar tanto al Hombre como a la Sociedad, a extender los lazos de la fraternidad masónica por todo el planeta, a traducir en términos de luchas ideológicas la exigencia humanista, por la Libertad, la Paz y la Justicia. El Gran Oriente de Francia considera que la iniciación es sobre todo una liberación, no una revelación. Su compromiso se orienta a la emancipación de las conciencias, y no a la eventual salvación de las almas. Su concepción es un equilibrio entre el enfoque iniciático íntimo y el compromiso ciudadano.

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