A treinta años de la matanza de Atocha

cerralerdo.jpgAnteayer se cumplieron 30 años desde que un comando fascista asesinara en su bufete madrileño de la calle Atocha a cinco abogados laboralistas. Detenidos dos de los criminales, Fernández Cerrá (a la izquierda en la fotografía) fue condenado a 193 años de cárcel, de los que cumplió 15, accediendo a la libertad condicional en 1992, y Fernando Lerdo de Tejada (a la derecha en la fotografía) no llegó a ser juzgado: antes de que comenzara el juicio, aprovechó un permiso de fin de semana para ‘desaparecer’. Se cree que puede estar en Brasil, aunque podría regresar impunemente al Estado español ya que el crimen prescribió hace diez años.

Matanza de Atocha de 1977

Se conoce como la “matanza de Atocha” el atentado terrorista tardofranquista de extrema derecha cometido en el centro de Madrid la noche del 24 de enero de 1977. Marcó la transición española durante la nueva etapa después de la muerte del dictador Franco. En la actualidad hasta 24 pueblos de Madrid, en sus calles y plazas, recuerdan a las víctimas de Atocha del número 55[1].
 
El autodenominado comando Roberto Hugo Sosa de la Alianza Apostólica Anticomunista (Triple A) penetró en un despacho de abogados laboralistas de Comisiones Obreras (CCOO) y militantes del Partido Comunista de España (PCE), todavía ilegal, situado en el número 55 de la calle de Atocha, abriendo fuego contra los allí presentes, asesinando a cinco personas e hiriendo a cuatro.El periodico italiano Il Messaggero publicó en marzo 1984 que neofascistas italianos habian participado a la matanza [2]. Eso fue probado en 1990, cuando un reporte oficial italiano relató que Carlo Cicuttini, un neofascista italiano proximo a la organizacion Gladio (una red clandestina anti-comunista dirigida por la OTAN), habia participado a la matanza. Cicuttini habia escapado al reino borbónico donde tomo la nacionalidad española, después del atentado de Peteano de 1972, hecho con Vincenzo Vinciguerra [3].

El atentado

Los terroristas, al parecer, iban en busca del líder comunista Joaquín Navarro, dirigente del Sindicato de Transportes de CCOO en Madrid, convocante de unas huelgas precedentes que en buena medida desarticularon a la que llamaban mafia franquista del transporte. Al no encontrarlo, pues había salido un poco antes, decidieron matar a los presentes, concretamente dos jóvenes con armas de fuego, después de llamar al timbre del piso entre las 22:30 y 22:45 horas. Con ellos iba una tercera persona, encargada de cortar los cables del teléfono y registrar los despachos. En la misma noche personas desconocidas asaltaron también un despacho del sindicato UGT, que se hallaba vacío.
 
A consecuencia de los disparos resultaron muertos los abogados Enrique Valdevira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco; el estudiante de derecho Serafín Holgado de Antonio; y el administrativo Angel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz Huertas, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz, casada con Sauquillo, embarazada que perdió también a su bebé.

Legalización del PCE

El secretario general del partido comunista, Santiago Carrillo Solares, había regresado del exilio en febrero de 1976, en lo que a la luz del tiempo parece una operación pactada con el Gobierno.
 
En los dos días anteriores habían muerto otras dos personas relacionadas con movimientos de izquierdas, una a manos de la misma Triple A y la otra por un bote de humo lanzado por la policía a corta distancia durante una manifestación de protesta por la muerte del primero. Debido a todo ello, se temía una reacción violenta que ayudase a desestabilizar aún mas la transición política.
 
Al entierro asistieron más de cien mil personas, la primera manifestación multitudinaria de la izquierda después de la muerte del dictador Franco, y transcurrió sin incidentes. Al entierro le siguieron importantes huelgas y generalizadas muestras de solidaridad, además de una huelga general en todo el Estado el día después del atentado. 

En marzo, tres meses después, la legalización se oficializa durante el día conocido como Sábado Santo Rojo, por ser durante el sábado de la Semana Santa, festividad católica para así aprovechar y mitigar parte de la oposición política y militar en vacaciones. En febrero el gobierno de Adolfo Suárez ya habían comenzado a legalizar otros partidos como el PSOE o el PNV.
 
La Matanza de Atocha supone el momento más grave de una oleada de sucesos violentos, con atentados de la organización armada vasca ETA (responsable de 28 muertos en 1977), los comunistas GRAPO (en el mismo mes responsable de la muerte de dos guardias civiles y un policía nacional) o por ejemplo de otras organizaciones como el Movimiento Para la Autonomía e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC). En junio se convocan las primeras elecciones generales democráticas después de la dictadura franquista, en un ambiente de gran efervescencia o inquietud social y político que a muchos les recordó la proclamación de la Segunda República en 1931[4], pero que quedó en agua de borrajas.

Polémicas capturas

Los asesinos, creyéndose bien amparados por sus contactos políticos, no se tomaron la molestia de huir de Madrid. Desconocían que para el gobierno era una prioridad capturarlos, de tal modo que se confiase en el proceso de democrático.
 
En pocos días, la Policía Nacional detuvo a José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada en calidad de autores materiales de los hechos, y a Francisco Albadalejo Corredera -secretario provincial del sindicato vertical del transporte, estrechamente vinculado con la mafia del transporte– como autor intelectual. También fueron detenidos Leocadio Jiménez Caravaca por suministrar las armas y Gloria Herguedas, novia de Cerrá, como cómplice. Durante el juicio se llamó a declarar a conocidos dirigentes de la extrema derecha, como Blas Piñar y Mariano Sánchez Covisa. Sin embargo los propios agentes declinaron cobrar la recompensa por su captura.
 
No obstante, hubo dudas y polémica de si no habría alguien con una mayor responsabilidad en los atentados. La fuga de Lerdo de Tejada, que continúa en paradero desconocido a pesar de que su delito prescribió en 1997, antes del juicio durante un extraño permiso penitenciario en abril de 1979, contribuyó a profundizar estas dudas que han perdurado hasta la actualidad. Otro de los encausados, Simón Ramón Fernández Palacios, falleció el 23 de enero de 1979. La mayoría de los criminales estaban próximos a Fuerza Nueva y otras organizaciones políticas de extrema derecha.
 
La Audiencia Nacional condenó a los acusados a un total de 464 años de cárcel. José Fernández Cerdá y a Carlos García Juliá, autores materiales de los hechos a 193 años de prisión cada uno; 63 años a Francisco Albadalejo Corredero (fallecido en prisión en 1985); 4 años a Leocadio Jiménez Caravaca (fallecido en 1985 de cáncer de laringe), y a Gloria Herguedas Herrando, a un año. Uno de los heridos, Miguel Ángel Sarabia, comentaba al respecto en el 2005: Aunque ahora parezca poca cosa, el juicio de los asesinos de Atocha, en 1980 -pese a la arrogancia de los acusados, con camisa azul y muchos asistentes, también de uniforme-, fue la primera vez que la extrema derecha fue sentada en el banquillo, juzgada y condenada[1].
 
García Juliá se fugó también 14 años después, al serle concedida la libertad condicional con todavía pendientes más de 3800 días o unos 10 años de prisión[5]. Sería detenido a los dos años en Bolivia, esta vez por narcotráfico, y allí permanece en prisión, requerido por las autoridades judiciales españolas. Fernández Cerrá puesto en libertad tras 15 años en la cárcel, algunos lo sitúan trabajando en una empresa de seguridad[5]. Jaime Sartorius, abogado de la acusación particular, declararía años después: Faltan las cabezas pensantes. No nos dejaron investigar. Para nosotros, las investigaciones apuntaban hacia los servicios secretos, pero sólo apuntaban. Con esto no quiero decir nada[5].
 
Despues de las revelaciones del primer ministro italiano Giulio Andreotti en octubre 1990 acerca de la red Gladio, una organizacion secreta anticomunista durante la guerra fria, un reporte del CESIS italiano informaba que Carlo Cicuttini habia participado a la matanza de Atocha [6].
 
El 11 de enero de 2002, el Consejo de Ministros concedió la Gran Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort a los tres abogados y el estudiante fallecidos, mientras que a Ángel Rodríguez Leal, en tanto que administrativo, se le otorgó la Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort. Esta condecoración es la más alta distinción con la que se reconoce en la Justicia de España a quienes han destacado a lo largo de su vida por sus méritos profesionales y humanos al servicio del Derecho.
 

En el mes de diciembre de 2005 fallece Luis Ramos, uno de los abogados heridos en el atentado. Sus amigos y la Fundación Abogados de Atocha le rinden un homenaje que se celebra en el Ateneo de Madrid el 14 de enero de 2006. Como lema del homenaje figuró la frase de Paul Eluard Si el eco de su voz se debilita, pereceremos.

Adaptaciones

 

Los hechos se han adaptado al cine por Juan Antonio Bardem en 1978, en la película Siete días de enero.

Referencias

  1. a b Memoria viva de las víctimas de la matanza de Atocha por Rafael Fraguas, diario El País (25 de enero, 2005)
  2. Un neofascista italiano disparó contra los abogados de la calle de Atocha, según un arrepentido, El País 25 Marzo 1984
  3. Un informe oficial italiano implica en el crimen de Atocha al ‘ultra’ Cicuttini, relacionado con Gladio, El País, December 2, 1990
  4. a b c ¿Qué fue de los asesinos de Atocha? de Aníbal Malvar, diario El Mundo, Crónica número 327 (20 de enero, 2002)
  5. Un informe oficial italiano implica en el crimen de Atocha al ‘ultra’ Cicuttini, relacionado con Gladio, El País, December 2, 1990

Una resposta a “A treinta años de la matanza de Atocha

  1. José Guillermo Vélez Díez

    Para honrar la memoria de los asesinados y heridos y llevar un poco de justicia a sus familias y a los que fuimos sus compañeros y camaradas, deberiamos hacer lo posible, mover todos los hilos necesarios, para descubrir y llevar ante la justicia a los asesinos en la sombra, los que dieron apoyo logistico, económico y de todo tipo y los que tenian interes en que “cazaran” al camarada Navarro, que parecia ser su objetivo principal.

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