Mi punto de vista sobre la presencia del islam en Catalunya no es la de un sociólogo o un antropólogo que observan el tema desde fuera. Como musulmán catalán, mi visión se centra en la significación que puede tener el retorno del islam en relación a la construcción nacional de Catalunya, sobre lo que el islam ha significado en esta tierra, y sobre las oportunidades que el presente nos ofrece.
El islam no es una religión recién llegada. Como en el resto del Estado español, la presencia del islam en nuestra historia no es anecdótica. Encontramos cientos de pueblos y ciudades fundados por los musulmanes, que permanecieron en ellos durante ocho siglos. Dentro de esta larga historia, destaca la memoria de las taifas de Lleida y de Tortosa, o la historia de ciudades como Balaguer, la capital de la Noguera. Los musulmanes fundaron la mayoría de los pueblos que hoy en día podemos encontrar en las tierras del Ebro. En algunas comarcas, el porcentaje de topónimos de origen árabe o bereber llega al 80 %. Todo un legado que dejó una fuerte impronta en la administración, el comercio, la agricultura y la artesanía, pero también en la literatura, el arte y el pensamiento. No podríamos entender el pensamiento de Ramón Llull, patriarca de la filosofía catalana, sino es como el resultado de su convivencia con el islam, una relación sin duda conflictiva, en la cual su pensamiento se forjó. El ejemplo de Llull es extensible a toda la cultura catalana desde el siglo VIII hasta los albores de la modernidad.
¿Qué sucedió con la cultura islámica catalana? Simplemente, fue destruida. Como ejemplo, quiero evocar la historia de Medina Balagî, la Balaguer musulmana. En el siglo X, no únicamente era una ciudad próspera, sino culturalmente avanzada. El arabista Xavier Ballestín ha mostrado la existencia de una importante escuela de teología que se desarrolló durante la segunda mitad del siglo X, formada por un grupo de nueve sabios cuyo prestigio fue reconocido fuera de al-Andalus. La ciudad enviaba estudiantes a los principales centros de conocimiento del momento: Damasco, Bagdad, Túnez, Córdoba y Granada. Los estudiantes regresaban con los saberes más avanzados sobre medicina, ciencia o filosofía.
Con la conquista de la ciudad por parte del Conde de Urgell el año 1105, se implantó un sistema feudal de gobierno y de organización de la propiedad. Como en la mayoría de las ciudades conquistadas, los musulmanes dispusieron de un año para abandonar sus casas y establecerse en barrios de la periferia. Todas sus propiedades fueron repartidas entre los conquistadores. La conquista produjo despoblamiento y ruina, la reducción drástica de la superficie urbana, con el abandono de todo el núcleo urbano del Pla dAlmatà. Según explica Carme Alós, directora del Museu de la Noguera, aunque los cristianos se apoderaron de las posesiones de los musulmanes, muy pronto se dieron cuenta de que no sabían como administrar el patrimonio que habían expoliado. La derrota de los musulmanes significó la ruina del campo. Continue reading »



