Author: xaviercomas

ESPANYA CONTRA “ESPAÑA” de Santiago Trancón

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El título: “Espanya contra Catalunya, una mirada històrica”. Subtítulo: “Espanya contra España, o Catalunya contra Cataluña, una provocación histriónica”.

Se celebra en Barcelona un congreso o simposio bajo ese título. Sus organizadores son el Centro de Historia Contemporánea de Cataluña (CHCC), organismo que depende del departamento de la Presidencia de la Generalidad, y la Sociedad Catalana de Estudios Históricos (SCEH), integrada en el Instituto de Estudios Catalanes (IEC), institución subvencionada por la Generalidad desde el restablecimiento de la autonomía en Cataluña. ¡Cuánta sigla, cuánto pícaro y cuánto oportunista metido en el negocio independentista! Porque esto cuesta dinero, y el dinero sale de las arcas públicas. Arcas públicas que están vacías, pero que deben de tener un doble fondo de reptiles del que se van sacando, como conejitos blancos de una chistera, esos dineros escurridizos. Y mientras tanto, los hospitales, los colegios, las farmacias… Bueno, pero dejemos esta manida consideración y vayamos al meollo.

Dime lo que obsesiva y compulsivamente niegas y tratas de destruir, y te diré lo que inconscientemente admiras. Llegeix la resta d’aquesta entrada »

DÓNDE ESTÁ LA PREGUNTA, “MATARILE, RILE, RO”

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Aumenta la fragilidad interna de la coalición de hecho de CiU y ERC, como también le pasa al proceso independentista. ERC reclama infructuosamente la fecha y el texto de la pregunta, mientras Mas calla y “hace el indio” (en la India), por decirlo usando una frase hecha.
Oriol Junqueras y Artur Mas

Oriol Junqueras y Artur Mas / FOTO: parlament.cat
Alfons Quintà
Miércoles, 27 de noviembre de 2013 - 07:58

El genial Mark Twain escribió que predecir el futuro es muy complicado porque tiene que ver con lo que todavía no ha pasado. Aun así, creo que predecir siempre es un gran reto periodístico. El pasado miércoles lo asumí, en base a varias fuentes, con la crónica “La consulta puede acabar antes de empezar”.

Ahora el triste final de la locura independentista es más probable que hace una semana, a pesar de que siempre hay que tener en cuenta el irónico adagio de Mark Twain.

En todo caso, la payasada creada por el ausente, o huido, Artur Mas ha llegado a un nuevo paroxismo. En síntesis, los independentistas se han vuelto “independen-tristes”. Están más cerca de las lágrimas que de su viejo, petulante y satisfecho reír. Ya no saben ni si son de los suyos.

Pocas posibilidades de una consulta

Le pido a un cuadro de ERC que estime, valorándolo en porcentaje, las posibilidades de que no (sic) haya acuerdo entre CDC, UDC y ERC respecto a la fecha y la pregunta de la consulta independentista. Me responde: “Creo que sobre cien hay un ochenta y cinco por ciento de posibilidades de que no (sic) se celebre por falta de entente, ya aquí, en Cataluña”.

La fuente de ERC me dice que Mas nunca ha sido independentista, sino que ahora hace un año (el 25 de noviembre) día de las elecciones catalanas decidió hacer una huida adelante para ganar tiempo, creyendo que ya encontraría un buen momento para echarse atrás. Le ha pasado lo contrario. Aquella derrota electoral, en unas elecciones que él ya había planteado como plebiscitarias, ha sido seguida por continuadas pérdidas en la estimación de su voto. Ahora perdería la mitad de los escaños que tiene CiU. Josep Pla diría (dado que a menudo usaba esta frase hecha ampurdanesa) que “le han hecho canario”, expresión propia de un viejo y peligroso juego de cartas de envite.

Mas ha jugado y perdido. Ahora sólo quiere retrasar el final de su carrera política. Prefiere el suicidio colectivo al individual. Pero, por razones antagónicas, UDC y ERC no quieren acompañarle, y sobre todo no quieren hacerlo juntos. ¿Esto puede cambiar? Quizás sí, pero probablemente no. De momento, ahogados por prácticas opacas y cínicas, podemos ablandar nuestros males dedicando a la consulta la canción: “Dónde está matarile, rile, ro”.

El churro de la consulta

La misma fuente de ERC cree que Junqueras no aflojará respecto a que la pregunta, me dice, “tendrá que ser clara, concisa y permitir decidir entre la independencia o bien continuar como ahora, nada más, nada de respuestas inclusivas, que entiendo que quiere decir elegir entre varias opciones, como la federal o algunas otras. Saldría un churro, amorfo por definición”.

Hablo separadamente con dos fuentes de CiU, una de CDC, pero no talibán, y otra de UDC. La primera me dice: “Perder voto, como indican las encuestas, ya es un gran problema, pero que haya sido por una consulta que resulte, además, ser imposible que sea tan sólo aprobada por el Parlamento autonómico catalán, puede ser demasiado. Pronto surgirán voces que pedirán que Mas lo deje. No puede ser de otra forma. Cómo tú predijiste -en base a fuentes, le replico- surgirá algún cuadro de comarcas que levantará la bandera antiMas”.

De momento, el pretendido camino hacia la utópica consulta merece entrar en el libro Guinness, en cuanto que se trata de un ridículo cósmico. Ver como Mas osa querer, impunemente, una adhesión fervorosa a una pregunta inexistente nos deja mal a todos. Moralmente, hemos caído en una letrina.

¿Cómo se le puede pedir a Mas qué tipo de Estado preconiza, cuando solo es capaz de presentar dos proyectos de ley en un año, recortarlo todo (diciendo que no lo hace) y ahora rehuir el precisar qué pregunta (seguramente de sólo dos líneas) quiere hacer aprobar en un plebiscito tronado? ¿Llega a ser capaz de mirarse en el espejo, cada mañana? ¿Nunca se le cae la cara de vergüenza?

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CATALUNYA Y LA PASIÓN POR LA CAUSA

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Cuando la historia se pone al servicio del nacionalismo, pierde credibilidad

Decía Ranke, creo recordar, que el objeto de la investigación histórica es llegar a conocer los hechos tal como fueron. Ya sabemos que eso es, en su literalidad, imposible: pero el trabajo del historiador consiste en acercarse el máximo y además colocar los hechos en un contexto que permita entender lo que realmente pasó.

El artículo de Gabriel Tortella sobre el nacionalismo catalán de octubre de 2013 ha tenido una algo airada respuesta de Joaquim Albareda y Borja de Riquer en la que los segundos en algunos asuntos dicen cosas razonables, pero en general es difícil que convenzan a nadie que no sea nacionalista. El interés del artículo de Tortella está en que refleja un estado de opinión muy difundido que quienes le responden creo que no han sabido captar.

Tortella argumenta que el nacionalismo catalán ha crecido como resultado de un plan de adoctrinamiento de la Generalitat, y que en ese plan la interpretación sesgada de la historia de Cataluña ha tenido un papel importante. Creo que tiene toda la razón, pero no entraré a polemizar sobre la primera parte, ese plan cuya obviedad es indiscutible, para centrarme en la segunda parte, la interpretación sesgada de la historia por los historiadores nacionalistas. Y lo hago con propósito cívico, en la convicción, tan ingenua como importante: si los historiadores no son capaces de discutir entre sí sobre el pasado con argumentos no pueden exigir a la clase política que lo haga, como sucede.

La historiografía nacionalista catalana que yo alcanzo a conocer y leer adolece de algunos defectos de credibilidad, de los cuales el primero y más importante es el vaciado metodológico, que, aplicado a Cataluña, consiste en defender la idea de que los hechos del pasado catalán solo son explicables en virtud de factores que operan desde dentro de su comunidad política, y que acaban en ella misma, prescindiendo de todo lo demás. Si como sencillo ejemplo aplicamos esto a uno de los mitos nacionalistas: la derrota de 1714 y la pérdida de los fueros, encontramos que el propio Joaquim Albareda titula un reciente (e interesante) libro suyo La Guerra de Sucesión, como si realmente lo que contiene fuera la guerra, y solo eso. Todos saben, y el autor también, que fue una guerra internacional, una guerra dinástica, y una guerra civil, pero en el libro la guerra se presenta como un enfrentamiento entre Cataluña y el resto de España. Y visto así, sin más, esto simplemente no es cierto: el contexto es fundamental para entender los hechos narrados, y si se prescinde del contexto, estos no se entienden.

Los historiadores nacionalistas han de decidir si quieren convencer

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CONMIGO, O CONTRA MÍ de Arturo Pérez-Reverte

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Un lector me preguntó el otro día por mi escepticismo político: mi falta de fe en el futuro y mi despego de esta casta parásita que nos gobierna, sólo comparable a la desconfianza que siento hacia nosotros los gobernados: sin víctimas fáciles no hay verdugos impunes. Siempre sostuve, porque así me lo dijeron de niño, que los únicos antídotos contra la estupidez y la barbarie son la educación y la cultura. Que, incluso con urnas, nunca hay democracia sin votantes cultos y lúcidos. Y que los pueblos analfabetos nunca serán libres, pues su ignorancia y su abulia política los convierten en borregos propicios a cualquier esquilador astuto, a cualquier lobo hambriento, a cualquier manipulador malvado. También en torpes animales peligrosos para sí mismos. En lamentables suicidas sociales.
Hace dos largas décadas que escribo en esta página. También, en los últimos dos años, Twitter me ha permitido acercarme a lo más caliente de nuestro modo de respirar. Y no puedo decir que sea confortable. Inquieta el lugar en que una parte de los lectores españoles se sitúan: lo airado de sus reacciones, el odio sectario, la violenta simpleza -rara vez hay argumentos serios- que a menudo llegan a un desolador extremo de estolidez, cuando no de infamia y vileza. Cualquier asunto polémico se transforma en el acto, no en debate razonado, sino en un pugilato visceral del que está ausente, no ya el rigor, sino el más elemental sentido común. Llegeix la resta d’aquesta entrada »

EL DOGMA DE LA HOMOGENEIDAD

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La tendencia a considerar a la comunidad catalana como una realidad homogénea constituye una de las premisas fundamentales del discurso nacionalista. Esta premisa afecta de lleno a lo que se suele denominar dimensión identitaria del país y sus gentes. La tendencia a la homogeneización empuja a los individuos a ir conformando su identidad al modelo que se muestra como el único aceptable públicamente. De tal forma que se da por descontado que todo catalán que se precie de tal debe, entre otros rasgos, vibrar con los colores del Barça, ser un espectador fiel de TV3 y, por supuesto, amar la lengua catalana (queda únicamente tolerado hablar castellano, pero en ningún caso amarlo, cosa que —fuera del actor Ramón Madaula, en un gesto que le honra— prácticamente nadie por estas latitudes se ha atrevido a manifestar en público en los últimos tiempos).

Tanto da que los seguidores catalanes del equipo de fútbol madrileño rival del Barça constituyan una minoría muy significativa (por encima de un tercio de la totalidad de aficionados al futbol locales, leí en cierta ocasión), que sean muchos los que prefieren ser informados por otros canales de televisión y emisoras de radio ajenas a los medios públicos o, en fin, que haya un tanto por ciento muy elevado de ciudadanos catalanes que tiene el castellano como lengua materna (algo más de la mitad, tengo entendido), etc. Por muchos que sean, todos esos individuos resultan sospechosos.

El problema, ciertamente grave, para el nacionalismo es que este tipo de ciudadanos no homogeneizados se encuentran también, y en número no menor, en las propias filas nacionalistas. Pensemos, por centrarnos en un rasgo, en el asunto de la lengua. Es algo sobradamente conocido que no solo en general muchos simpatizantes del nacionalismo, sino incluso muchos dirigentes del más alto nivel de partidos soberanistas, han utilizado y siguen utilizando el castellano en el ámbito privado.

Se malinterpretaría la afirmación anterior si fuera leída como una denuncia que pretende desenmascarar la impostura, el cinismo o la hipocresía de quienes incurren en tan llamativa contradicción. Dejemos tales denuncias —o las chanzas acerca de unos inquisidores de la lengua que, tras tantas gracietas a costa de Aznar, resulta que hablan ellos castellano en la intimidad— para los tertulianos de la caverna mediática, que han encontrado en este punto un filón inagotable. A los efectos de lo que estoy intentando plantear, me parece muchísimo más importante entender tal contradicción como un indicio de lo insostenible que resulta la tesis de la homogeneidad identitaria de los catalanes. Llegeix la resta d’aquesta entrada »

UN DIÀLEG POSSIBLE de Valentí Puig

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Valentí Puig

 

Dimarts, 15 d’ octubre del 2013 - 09:23

Les reflexions de Gaziel i Claudi Ametlla són -en general- dels anys 30. La història política, certament, no es repeteix però és molt il·lustrativa, indica tendències. Tal vegada existeixin uns cicles emocionals, una idiosincràsia emotiva del populisme nacionalista que bé pot generar frustració i conflicte. Un antídot efectiu i que avui sembla oblidat és, senzillament, el catalanisme crític que representen Gaziel, Ametlla i molts altres.

Gaziel: “Per això el separatisme ha estat sempre a Catalunya una pura negació estèril. El poc que es va obtenir, va venir en tot moment per vies d’intervencionisme. I el separatisme no va fer res més que desfer el fet, implicant l’anul·lació o destrucció del que s’havia aconseguit, i deixant Catalunya desolada i inerme, sense la més vaga, sense la més remota, sense la més quimèrica compensació”.

Ametlla: “Que em perdonin les colles de catalanistes cridaners i llurs epígons: els qui creuen que els catalans només tenen un problema, el nacional, i que un cop resolt la felicitat serà indefectible, o que la plaça de Catalunya és el centre del món”.

Gaziel: “El català, a més, és un home que, acostumat a no tenir al costat el tapet governamental, i a que altres juguin per ell constantment, es cansa aviat del joc. Quan les coses no caminen com ell voldria, en comptes de lluitar per redreçar-les al seu gust, s’emprenya de seguida, protesta i es marxa. El que costa menys en aquest món és inhibir-se. I així, d’empetitiment en empetitiment i d’inhibició en inhibició, el català descontent cau sense adonar-se en el separatisme”.

Ametlla: “Són els del tot o res, que s’han quedat amb no res. Els qui ballant sardanes i cridant ‘Visca Catalunya lliure!’ han cregut fer el summe catalanisme, el catalanisme únic. No havent-lo arraconat a temps, hem trobat aquest catalanisme sense substància fent malvestats en tots els moments crucials de la nostra història”.

Gaziel: “La nostra obra mestra en política és l’art de la protesta explosiva”.

Ametlla: “Són els qui han amat més el símbol, la bandera, que el fonament i l’essència; més l’estridència que la realització”.

Gaziel: “L’autonomia comporta, per sobre de la seva major comoditat, una major responsabilitat. La comoditat, en tot cas, vindrà a mesura que la responsabilitat s’accepti i els deures que imposa s’exerceixin més àmpliament. Per buscar només comoditats no adquiriu responsabilitats”.

Ametlla: “I no obstant això, cada dia em sembla més clar que la nostra solució, dins la fatalitat geogràfica i històrica en què cal viure, és d’influir políticament Espanya, insuflar-li el nostre sentit directe i realista en una hegemonia més o menys tàcita”.

Gaziel: “Conèixer-se a fons, compenetrar-se, transigir, pactar”.

(Diàleg construït amb cites de Tot s’ha perdut, de Gaziel, i Memòries polítiques, de Claudi Ametlla).

 

http://www.cronicaglobal.com/ca/notices/2013/10/un-dialeg-possible-1426.php

MAS, RADICALISMO, CONFUSIÓN Y FALSEDADES

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Lo que son mentiras groseras entrarán en la cabeza de muchas personas honorables como victorias claras, por obra y gracia de un aparato mediático falsario como no hay en ninguna democracia. Las sandeces dichas por Jordi Pujol siempre me parecieron disonantes, ridículas y de mero oportunismo. Ahora Mas hace lo mismo gracias a su control mediático, que ejerce a todas las horas del día, imponiendo una línea informativa de manera casi generalizada, para enmascarar sus falacias.
El presidente de la Generalidad, Artur Mas, durante el Día de Convergència de 2013
El presidente de la Generalidad, Artur Mas, durante el Día de Convergència de 2013 / FOTO: CDC
 
 
 
Alfons Quintà

 

Jueves, 3 de octubre de 2013 - 08:57 

Mas quiere hacer creer que todos los catalanes están de acuerdo con él. Pero a menudo la verdad se impone. Entonces, Mas se irrita. Hace unos días, le tocó recibir a lo que denominó “las élites”. Semánticamente, dio a la palabra un significado muy comparable al que lograba bajo el nazismo la palabra plutocracia, o en el comunismo la expresión capitalismo internacional.

De hecho, Mas pensaba en los dos únicos bancos catalanes (CaixaBank y Sabadell), en Fomento del Trabajo Nacional, en el Círculo de Economía y, muy en general, en los empresarios y financieros. Todos tienen que vivir de realidades y, en efecto, están escandalizados por los delirios de Mas, como lo tendría que estar todo el mundo con un poco de inteligencia. Los que todavía no lo estén, lo llegarán a estar, seguro. De momento, Mas berrea como si fuera un caudillo unánimemente amado, mientras más y más sectores de opinión -no confundir con TV3 o sus panfletos- le dan la espalda, empezando por UDC.

“Cambiar el curso de la historia” (¡solo!)

Creyéndose que es un gran hito histórico, Mas dijo el martes que las élites “no tienen que pretender cambiar el curso de la historia”. Él lo ha pretendido hacer, a pesar de que está más solo que la una, incluso dentro de CDC, respecto a UDC y ERC. Este último partido se lo está merendando. No digo nada del delirio que encarna cuando quiere hacer creer que la Unión Europea está con él.

En realidad, Mas ha optado por aumentar el ritmo de sus insensateces. Una tras otra, creciendo también en virulencia. Aumenta la radicalidad y el tono intolerante, con intermedios comerciales, auténticos spots televisivos, puntuales y nada creíbles, diciendo que todo el mundo, en especial el PSC, se tiene que poner detrás suyo. Burro quien se lo crea. Mas ha hecho tanto daño que ninguna coalición ni ninguna cooptación resulta aceptable.

Durante un tiempo, la radicalidad le puede servir para mantener el clímax sentimental de sus seguidores, pero ni estos lo podrán mantener demasiado tiempo. En cuanto a atraer más bobos, precisamente el aumento de la radicalidad lo está llevando a todo lo contrario. Los moderados se asustan, legítimamente, y los del morro fort acabarán muertos, aplastados por el Principio de la Realidad, formulado por Freud.

En el reciente debate parlamentario, Mas incluso se quiso cargar más de un siglo y medio de catalanismo ponderado, diciendo que no ha funcionado. Adiós Aribau, Prat de la Riba, Cambó, Almirall y Macià, que ha llegado Mas. En realidad ha llegado la rana de la fábula que se toma por un buey y acabará reventado, de tanto querer sacar pecho. Mas va camino de encarnar el fin del catalanismo político, no el inicio. Es el omega, no el alfa. Llegeix la resta d’aquesta entrada »

DESMEMORIA DE UN BANQUERO

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XAVIER VIDAL-FOLCH 

Hasta los grandes libros de memorias, como los de Churchill o De Gaulle, albergan exculpaciones autoembellecedoras y atribuyen fallos propios a terceros. Pero contienen datos, conversaciones y hechos relevantes o inéditos. El lector sabe descontar la autodefensa y procesar el relato, porque es de parte. Es la regla de esas lecturas.

El segundo y flamante tomo de las memorias del ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, Temps de construïr, acarrea kilos de comprensible vindicación propia. Y de victimismo. Apenas datos. Y pocas explicaciones imbatibles. Al menos en los capítulos sobre la crisis de Banca Catalana, que él fundó y de la que fue primer accionista.

Sostiene Pujol que la suya “era una entidad sólida”. Obvia que el grupo Catalana exhibía en 1982 un déficit patrimonial o agujero de más de 661 millones de euros (según los gestores), de 677 millones ( Price Waterhouse) o de 797 (según el Fondo de Garantía). Se apoya sólo en que el presidente del Vizcaya, Pedro Toledo, le dijo en 1988 que había hecho un buen negocio comprando su banca. Et pour cause. La adquirió limpia. Para sanear el grupo se habían aportado ya 340.000 millones de pesetas (2.043 millones de euros) de fondos públicos. Llegeix la resta d’aquesta entrada »

¿DINAMITANDO PUENTES?

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Un expresidente del Gobierno de España dado a hacer declaraciones extemporáneas explicó en una universidad americana que nuestro país tiene un problema con el terrorismo islámico desde hace 13 siglos. Desde la batalla de Guadalete en 711, la España cristiana se encuentra en lucha multisecular contra ese fundamentalismo islámico empeñado en doblegarla para convertirla en parte del mundo musulmán. Produjo escándalo esa visión tan epidérmica, tendenciosa e irresponsable de la historia. Ahora, son historiadores los invitados a la llamada del Centre d’Història Contemporània vinculado al Departament de la Presidencia de la Generalitat de Cataluña para ser voces autorizadas en un simposio que con el título España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014) pretende analizar la acción política “casi siempre de carácter represivo del Estado español en relación con Cataluña” en esos tres siglos, según reza su anuncio.

Quienes han programado el encuentro pareciera que utilizan el mismo discurso histórico de quienes piensan que seguimos en cruzada contra el islam, porque tratarían de convencer a la ciudadanía catalana de que su enemigo histórico es desde hace siglos el Estado español. Cual si fueran dos bolas de billar compactas, España y Cataluña llevarían enzarzadas en un combate de boxeo desigual, durante 300 años, como si hubiera un plan geoestratégico multisecular diseñado para dominar a la nación catalana.

Suponemos que no quedará en el olvido ni la opresión ejercida por los señores feudales catalanes ni la explotación del proletariado industrial por sus muy catalanes patronos o, incluso, los recientes expolios cometidos por algunos clanes políticos tan patrióticamente catalanistas… Convertida en un baúl repleto de agravios, la historia se convierte así en un fácil recurso para crear identidades antagónicas y para alimentar discursos demagógicos que tanto hacen peligrar la convivencia ciudadana, haya o no haya fronteras. Cabe imaginar la impaciencia con la que la Generalitat aguarda los resultados del simposio, pero cabe que los resultados no sean los previstos y la Generalitat se encuentre con un análisis crítico, opuesto a lo que pretendía cosechar. En todo caso, el mal ya está hecho.

Crear una audiencia de patriotas y no de ciudadanos es jugar con fuego

Lo más triste no es este enésimo y burdo abuso de la historia. Siempre ha existido gente manipuladora o convencida de que, por ejemplo, los irreductibles vascones ya combatían a las legiones romanas al modo en que los “heroicos gudaris” atacaban cuarteles de la Guardia Civil. Lo triste reside en que este congreso lance enunciados que ya de por sí son consignas, como hablar de “España contra el País Valenciano” o del “arranque del expolio económico en el siglo XVIII”. Les endosan estos temas a algunos de los mejores historiadores de esta generación: profesionales de extraordinaria solvencia intelectual, que han renovado el conocimiento histórico, rompiendo con los antiguos moldes de la historiografía franquista y escribiendo obras de las que hemos aprendido mucho.

Confiemos en sus análisis. Si, como decía Marc Bloch, la historia es una ciencia de preguntas, seguro que estos prestigiosos colegas no se van a someter a la consigna de poner el enfrentamiento entre nuestras respectivas “comunidades imaginadas” como leit-motiv. Los organizadores del evento puede que pretendan crear una audiencia no de ciudadanos, si no de patriotas, pero están jugando con fuego. La búsqueda de los ultrajes que se remontan a la noche de los tiempos no puede más que excitar las emociones más primarias en un tema tan altamente inflamable. Si se insiste en ahondar estas fallas con propuestas como estas, la ruptura se ampliaría a crecientes sectores sociales. A algunos, esta posibilidad les parece una bendición: todo cuanto sea dinamitar puentes favorece sus aspiraciones políticas. No parece probable que tal sea el deseo de gran parte de los historiadores que participan en este encuentro, porque sabemos que siempre han invocado el compromiso social del historiador como santo y seña de su labor, y no parece razonable pensar que ese compromiso deba detenerse en el valle medio del Ebro.

Naturalmente, nada de esto implica que las reivindicaciones que la sociedad catalana está haciendo de forma cívica y democrática con respecto a su configuración política no deban ser tenidas en cuenta. Existe un serio problema de encaje de Cataluña con España que, lejos de haberse atemperado, en los últimos años ha subido a un nivel de alta tensión. La pésima gestión que el nacionalismo español ha hecho de esta situación nos obliga como ciudadanos e historiadores a buscar respuestas a esas legítimas aspiraciones, explorando todas las posibilidades sin descartar ninguna que tenga un respaldo democrático. Pero en un debate que debería ser riguroso y sosegado, que debería fomentar el respeto recíproco y que debería establecer cuáles son las consecuencias para cada una de las dos partes de las decisiones que democráticamente acaben tomándose en el futuro, no deberían tener ningún lugar los fantasmas del pasado, y menos aún cuando estos fantasmas son agitados como guiñoles que transmiten un mensaje tan sometido a la coyuntura política del momento.

En un debate riguroso no deberían tener lugar los fantasmas del pasado

Hemos aprendido de maestros como Pierre Vilar que la historia es la ciencia que estudia los cambios sociales en el tiempo y que, por tanto, nada es estático en nuestras organizaciones. Por eso, como historiadores debemos explicar los continuos cambios de esa realidad que llamamos España y que ya no puede ser encorsetada en ideas decimonónicas de Estado-nación. Los lazos que constituyeron los Estados-nación en el siglo XIX fueron y son cambiantes. Conviene conocer, por tanto, cómo se fabricaron y alentaron unas u otras identidades. Eric Hobsbawm, otro gran maestro, nos ha enseñado mucho sobre el modo de “inventar tradiciones”, sean españolas, catalanas o andaluzas…

Aunque cada historiador es muy libre de seguir una u otra consigna, escribimos esta tribuna porque pensamos que la nación no es un concepto amorfo ni neutro, por encima de diferencias ideológicas o de clase. Al ser un concepto directamente político, nos exige un doble compromiso. Posicionarnos como ciudadanos y, sobre todo, usar los recursos de la historia como ciencia para desentrañar cómo se ha construido esta realidad plurinacional española en la que hoy vivimos. No peligra España por reconocer que somos plurinacionales, pero tampoco es una entelequia maquiavélica que existe solo para producir opresión en Cataluña. A propósito de esa opresión, conviene recordar, como ciudadanos, que no es Cataluña la que tributa, sino que son las personas fiscales y que estas se definen en primer lugar por su clase social, no por ser catalanes. Lo contrario es mitificar la palabra Cataluña para obviar las diferencias de clases, viejo ardid de todo nacionalismo, también del español.

Eduardo Manzano Moreno es profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Juan Sisinio Pérez Garzón es catedrático en la Universidad de Castilla-La Mancha.

http://elpais.com/elpais/2013/06/28/opinion/1372415435_331064.html