Seguimos sin ser iguales

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EL CRISOL    -    Pascual Mogica Costa

      

    “Las funerarias facilitan a las familias la financiación de sus servicios como consecuencia de la falta de medios económicos que venimos padeciendo y están ofertando el pago de los gastos de un funeral a lo largo de cinco años”.

     Alguien, no recuerdo quien,  dijo que ante la muerte todos somos iguales pero que las pompas fúnebres siguen marcando las diferencias. Con los tiempos que corren esas diferencias se vienen acentuando mucho más. Morirse se está poniendo muy caro para la mayoría de los ciudadanos. Desde las mismas empresas funerarias se denuncia el hecho de que la crisis ha afectado de forma muy impactante al costo de un funeral para aquellos que no tengan un seguro y son muchos los que no lo tienen contratado. Morirse en la actualidad cuesta 2.000 euros, más o menos. Cuando resulta que la clase media española ha estado adquiriendo los distintos bienes de consumo, salvo los alimentos, mediante el pago aplazado, sigue dándose la circunstancia de que después de estar toda una vida bajo este “sistema” ahora se prolonga hasta después de haber fallecido. Las funerarias facilitan a las familias la financiación de sus servicios como consecuencia de la falta de medios económicos que venimos padeciendo y están ofertando el pago de los gastos de un funeral a lo largo de cinco años.

    Si la financiación la asume directamente la empresa funeraria la cosa puede ir medianamente bien a la hora de dar sepultura al finado, aunque no se sabe que puede ocurrir si la familia no cumple los plazos de amortización, pero si esa financiación tiene que ir por la vía bancaria me da la impresión de que a más de un difunto lo van a tener que enterrar en el puro suelo y en aquellos lugares del Camposanto destinados a los indigentes, pues ya sabemos cómo están los bancos a la hora de conceder un crédito o un préstamo.  Si la familia quiere ir, dadas las circunstancias, por la parte más “asequible, la más barata, alquilar un nicho para cinco años cuesta 260 euros, comprar uno supone una inversión muy elevada que no está al alcance de la mayoría, en la información aparecida en la prensa no se habla de que es lo que ocurriría si cumplidos los cinco años los deudos del extinto no pueden seguir pagando el alquiler, con lo cual se puede dar el caso, y no lo digo en tono gracioso, de que el fallecido haya sido desahuciado en vida de su piso y que después de muerto sufra la misma suerte. Si en vida se vio en la calle en la muerte se puede ver en un osario. Eso ya sería el colmo, pero puede ocurrir.

     Puede que tenga el ánimo un tanto decaído de ahí este comentario tan funerario, pero es que he leído esto en la prensa y la verdad es que nos da la medida de donde estamos realmente y de lo que estamos viviendo y pasando. Tal y como yo lo veo me da la impresión de que salvo los pudientes, los demás, el populacho, seguirá teniendo problemas económicos hasta después de muerto. Así están las cosas. Seguimos sin ser iguales.

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