El catalán, que se puede considerar ya formado en el siglo VIII, es el resultado autóctono de la evolución del latín que se hablaba en tiempos del Imperio Romano en la región comprendida aproximadamente entre el valle del río Isávena y el Mediterráneo y entre el Macizo de les Corberes y el del Garraf. Los primeros textos conocidos escritos plenamente en catalán datan del siglo XII. Con la conquista en el siglo XIII de las Islas Baleares y Valencia, tierras donde las hablas mozárabes románicas autóctonas ya se habían extinguido frente al empuje del árabe, el dominio lingüístico catalán alcanzó prácticamente las fronteras actuales (desde entonces, y dejando de lado ciertas modificaciones menores, solo ha sido importante el retroceso de la lengua por el sur, en Murcia y en el Bajo Segura, y el arraigo en el Alguero, en la isla de Cerdeña).

En la baja Edad Media, la lengua alcanzó su plenitud, ya que se utilizaba como lengua oficial y de cultura en todos los territorios de habla catalana que constituían la Corona Catalanoaragonesa. Esta situación continuó hasta comienzos de la Edad Moderna. En el siglo XVI, el castellano empezó a utilizarse cada vez más y a sustituir al catalán en la vida cultural y social catalana.

En 1659, la Cataluña Norte fue incorporada a Francia en virtud del tratado de los Pirineos, y las nuevas autoridades pusieron en marcha en un fuerte proceso de afrancesamiento. En el resto de la zona de habla catalana, excepto Andorra y Menorca, la creación del Estado español comportó una utilización creciente del castellano ya no solamente como lengua de cultura sino también como lengua oficial.

El desmantelamiento de la corona catalanoaragonesa hizo también que se acentuaran una serie de fenómenos: el debilitamiento de los vínculos entre los distintos territorios de habla catalana, el refuerzo de la visión compartimentada de la lengua y la dialectalización de la lengua escrita, que, a pesar de todo, continuaba existiendo. A lo largo del siglo XIX, la castellanización del país aumentó, ya que la imposición oficial del castellano, cada vez en más campos de la vida pública, hizo que gran parte de la población pasase a ser bilingüe.

La instauración, después de la Guerra Civil Española (1936-1939), de la larga dictadura franquista representó un duro golpe para la vitalidad del catalán: la prohibición absoluta en la administración, la enseñanza, los medios de comunicación, las asociaciones, la literatura, etc. de la utilización pública de la lengua, tolerada solamente en la vida privada, interrumpió totalmente el proceso de normalización lingüística que se había iniciado.

Hoy en día, la situación de la lengua catalana en el Estado español es la siguiente: a pesar de que el Reconocimiento legal del que goza es importante, es menor que el que tiene el castellano (que, a diferencia del catalán, es de conocimiento obligado y, además, es oficial fuera de su dominio lingüístico). La eficacia de la política lingüística desarrollada en los territorios de lengua catalana, bastante poco coordinados en este aspecto, se resiente de esta inferioridad legal y de la actitud de las autoridades estatales, desfavorable a la diversidad lingüística, pero también de las carencias de la actuación de las distintas administraciones (importantes especialmente en la Comunidad Valenciana).

Fuera del Estado español, la situación es diferente según el territorio del que se trate. En Andorra, a pesar de que el catalán es la única lengua oficial del Estado, las condiciones lingüísticas son similares a las del Principado de Cataluña.

El catalán estándar actual se empezó a formar a finales del siglo XIX y quedó definitivamente fijado en las primeras décadas del XX, con el establecimiento de la ortografía moderna (1913 y 1917) y la publicación de la gramática (1918) y del diccionario (1932) normativos. La proximidad que hay entre las distintas hablas catalanas permitió que la variedad estándar, que admite variaciones regionales de detalle, se basara en todos los grandes dialectos de la lengua y no únicamente en uno solo, a pesar de cierto predominio del dialecto central por razones de peso demográfico y cultural, y por este motivo se adoptó no solamente a todo el Principado, donde tuvo el apoyo de las instituciones de autogobierno de la época, sino también en el resto de los territorios de lengua catalana.

http://www10.gencat.net/pres_casa_llengues/AppJava/frontend/llengues_detall.jsp?id=16&idioma=6

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