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POLÍTICA
“El PP es un partido de ciudadnos libres a los que no se puede poner un bozal”
Del Burgo: “Difílmente podremos tender la mano a otros si nos acuchillamos entre nosotros”
ESTHER JAÉN
Jaime Ignacio del Burgo, ex diputado de UPN y anterior miembro de la dirección del Grupo Popular, habla sobre la crisis del PP
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- Después de todo lo que se ha hablado en la pasada legislatura sobre Navarra y la polémica sobre si Navarra estaba o no en venta, ha decidido presentar el libro que ha coordinado, “Vascos y Navarros en la historia de España” ¿le quedaban cosas por decir?
Este libro no tiene nada que ver con la confrontación entre el gobierno y la oposición en la legislatura pasada. Es un libro de historia coordinado por mí en mi condición de presidente de la Sociedad de Estudios Navarros. Contiene las ponencias –una de ellas es mía- que un prestigioso grupo de historiadores e investigadores presentó a unas Jornadas que sobre el mismo tema tuvieron lugar hace unos años en Pamplona. Otra cosa es que sea un libro muy oportuno desde el punto de vista cultural, donde libramos una gran batalla con el nacionalismo vasco empeñado en deformar y manipular la historia. El nacionalismo vasco ha logrado imponer en el sistema educativo vasco y también en el navarro a través de las ikastolas una visión del pasado absolutamente deformada. Han corrompido la historia y debemos intentar restaurarla. A eso responde el libro. Vascos y navarros hemos contribuido a hacer España y sin esa contribución, vascos y navarros nos quedaríamos sin historia.
-Tras 31 años haciendo política, lleva apenas unos meses fuera de ella y ya ha presentado dos libros: además de “Vascos y Navarros”, ha promovido la publicación de “Mola frente a Franco” ¿Busca nuevos enfoques de la Guerra Civil?
Este libro es el testimonio inédito hasta hoy de uno de los directos colaboradores del general Mola que fue el “director” de la conspiración contra la República. Cuando en marzo de 1936 llegó a Pamplona pidió al capitán Moscoso, padre de Javier Moscoso y abuelo del diputado Juan Moscoso, que le buscara un ayudante civil de toda confianza. Moscoso señaló a Félix Maíz, se entrevistó con él, lo convenció y a partir de ese día se convirtió en su más directo colaborador. En 1976 publicó un libro sobre la preparación de la sublevación y comenzó a escribir otro que abarcaba su vivencia personal desde el 19 de julio hasta la muerte del general, muerto el 3 de junio de 1937, cuando estaba a punto de entrar en Bilbao, en un accidente de aviación cuya causa no está nada clara. Hace un par de años, la única descendiente de Maíz, Teresa, acudió a mí para que le ayudara a publicarlo. Lo leí, me pareció fascinante, le cambiamos el título para reflejar mejor su contenido y, a petición de la hija, redacté una “pequeña” introducción histórica sobre “La España de la guerra civil” de casi ciento cincuenta paginas. Maíz confirma los grandes desencuentros de Mola con Franco. El general había planeado un golpe relámpago, poner orden, volver a los cuarteles y permitir, con un gobierno civil, que el pueblo se pronunciara sobre monarquía o república. Todo salió al revés y Franco tuvo una gran parte de la responsabilidad. Mola, según Maíz, quería entrar en Bilbao para después ocuparse de la política. De haberlo conseguido se hubiera convertido en un Zumalacárregui victorioso y tal vez hubiera podido impedir la dictadura de Franco.
-Está pintando a un golpista con sentimientos y aspiraciones democráticas ¿No es eso contradictorio?
No necesariamente. Hay que situarse en una época de tremenda convulsión no sólo en España sino en Europa. De todas formas, Mola no valoró que su golpe podía fracasar y que eso daría pie al estallido de la revolución que pretendía evitar, como ocurrió en la zona republicana, y a una terrible guerra civil que culminó en una larga dictadura. No vale decir a toro pasado “no es eso, no es eso”.
-¿No le parece cuando menos un riesgo plantear que con Mola nos hubiese ido mejor que con Franco?
No, no. Yo no he dicho eso. Pero hay documentos del propio Mola que avalan su rechazo al totalitarismo. En mi libro además dejo constancia de mi pensamiento sobre la guerra que es de condena total a la violencia desatada y a la posterior represión. Recuerdo que cuando era un adolescente un día me contaron que en Navarra se había fusilado sin causa a 7.000 personas. Me quedé estupefacto y desolado porque yo creía que los “buenos” no habían cometido ninguna atrocidad a diferencia de los “rojos”. Indagué y resulta que no fueron 7.000, pero las cifras oscilan entre 700 y 3.000. No vale la pena debatir sobre las cifras. Aquello fue una cacería de izquierdistas con el agravante de que no habían empuñado las armas pues el alzamiento triunfó en Navarra desde el primer momento. Lo cierto es que mientras en una zona se asesinó en nombre de la Revolución proletaria en la otra se hizo lo mismo por Dios y por la Patria. Por eso, en 1977, en las Cortes constituyentes, nos empeñamos en enterrar para siempre esa página negra de nuestra historia para que nunca más volviera a suceder.
-Hace dos años anunció que no volvería a ser diputado y, cosa rara en un político, ha cumplido su palabra. ¿A qué se dedica ahora?
A escribir, entre otras cosas. Tengo a punto de enviar a la imprenta un nuevo libro titulado “Navarra: pasado, presente y futuro”. Además debo seguir ganándome la vida en mi trabajo como abogado, a pesar de que algunos me acusaron de mezclar la política y los negocios pues, según esas fuentes bien informadas, mi familia siempre ha estado en el campo de la energía y de las nuevas tecnologías, o algo así.
-¿Y no los tiene?
Qué más quisiera yo. Lástima que mi padre se fue a la tumba hace tres años sin revelarme cuáles eran esos negocios familiares y dónde estaban sus ganancias.
-Usted y otros dirigentes de UPN y PP dijeron durante la pasada legislatura que el Gobierno iba a vender Navarra y cosas parecidas. Eso no ha sido así ¿no deberían pedir disculpas o decir que se equivocaron?
No, no. Al contrario. Es Zapatero quien tendría que pedirnos disculpas por haber negado que Navarra hubiera estado en la mesa de las negociaciones cuando ahora sabemos que sí lo estuvo. La firmeza del PP y de Mariano Rajoy, a la que yo contribuí con todas mis fuerzas, hizo recapacitar al Gobierno y evitó que nos precipitásemos en el abismo. La verdad es que el Gobierno estaba buscando fórmulas en las reuniones de Loyola y ofrecieron alguna a ETA que apretó aun más las tuercas y acabó por levantarse de la mesa.
-Pero si creemos lo que ha reiterado ETA en sus comunicados es que el Gobierno trató de engañarles, que nunca tuvo voluntad de aceptar uno solo de sus planteamientos…
Vamos a ver. Lo que sabemos ahora es que el gobierno ofreció reconocer de facto la existencia de Euskal Herria mediante una doble fórmula. Constituyendo una eurorregión transfronteriza integrada por la Comunidad vasca, Navarra y los territorios vasco-franceses y mediante la creación de un órgano común de carácter confederal, con facultades ejecutivas y de propuesta legislativa, integrada por los gobiernos y representantes de los Parlamentos de ambas comunidades. De esa forma estaban tratando de satisfacer una de las exigencias fundamentales de ETA: decir al mundo que Euskal Herria existe. Por otra parte, el PSN proclamó que nunca se sentaría a negociar y resulta que uno de sus militantes más cualificados, como Javier Moscoso, fue designado por Zapatero como interlocutor de ETA. Luego tampoco nos dijeron la verdad. En todo caso, yo nunca he acusado al Gobierno de traicionar a Navarra. En mi libro “Navarra, el precio de la traición” concluí: sabemos cuál es el precio –Navarra-; la traición sería pagarlo. Espero que el gobierno nunca consume la traición. Por fortuna no nos precipitamos en el abismo. La pregunta ahora es ¿qué va a pasar? ¿Va Zapatero a retomar el preacuerdo de Loyola para pactar con Ibarretxe? Espero que Zapatero le diga a Ibarretxe que no va a permitir que convoque su referéndum de autodeterminación y que vaya a por él si pretende hacerlo.
-Zapatero ya le trasladó a Ibarretxe en su último encuentro que no cabía esa consulta…
Espero le siga diciendo lo mismo y le exija que no siga por ese camino. Pero no podemos olvidar que cuando Ibarreche presentó su plan en el Congreso, Zapatero le dijo dos cosas: que no traía suficiente respaldo del Parlamento vasco y que él estaba dispuesto a negociar un nuevo estatus o marco político para el País Vasco, un plan de todos y para todos, sin apellidos. Con este último ofrecimiento, Zapatero certificó la defunción del Estatuto vasco. Ibarreche tiene razón cuando se extraña que un gobierno que hizo propuestas a ETA no quiera hablar con él que no dirige ninguna banda terrorista sino que preside una institución democrática. Veremos qué pasa. En todo caso, al PSOE le han salido muy bien las cosas y es posible que tras las próximas elecciones haya un lehendakari socialista. Yo aplaudiré hasta con los pies si el próximo lehendakari es socialista siempre que haga lo que el PSOE cuando dice que va a hacer cuando se le aprieta: defender la Constitución y sostener, con hechos, que el País Vasco forma parte inseparable de España.
-¿Le preocupa a usted, que hasta la legislatura pasada formaba parte de la dirección del Grupo Popular en el Congreso, que Rajoy abandonado el discurso contra los nacionalistas y haya abierto la posibilidad de alcanzar acuerdos con ellos esta legislatura?
Yo creo que eso no es cierto. No se ha abandonado ningún principio básico. Ha habido filtraciones sobre la ponencia política en la que parece que se sostendría la conveniencia de llegar a un la posible entendimiento con los nacionalistas. Pero, por lo que yo sé, esas filtraciones no se corresponden con la realidad. Por otra parte, el PP ya pactó en 1996 con los nacionalistas, con luz y taquígrafos y sin renunciar a ninguno de nuestros principios. Y ahora tendría que ser igual a sabiendas de que una cosa es colaborar en temas de política económica y social y otra contemporizar con el proyecto soberanista o secesionista de un gran sector del nacionalismo catalán. Si el PP renunciara a sus principios esenciales para hacerse el simpático con los nacionalistas habría hecho un pan como unas tortas. Si yo percibiera que el PP, por conseguir dos o tres escaños más en Cataluña, renuncia a sus principios, sería el primero en denunciarlo y rechazarlo. Pero esa idea no está en el horizonte. Proviene de intoxicaciones interesadas.
-Usted ha sido el único, en los últimos tiempos, que ha conseguido reunir en un mismo acto público a Esperanza Aguirre y Rajoy ¿Cómo lo consiguió?
Porque sabía que a ambos les une el amor a España y el deseo de que el País Vasco y Navarra vivan en paz y en libertad en el seno de la nación española. La verdad es que no tuve que vencer resistencia alguna para conseguir que ambos, mano a mano, me presentaran el libro. Desde luego de sus discursos nadie podría acusar a Rajoy de flaquear ante los nacionalistas. Hubo una coincidencia total en su mensaje político. Yo me siento muy orgulloso de haber servido de punto de encuentro entre Rajoy y Esperanza Aguirre. Dicen que había un gran desencuentro entre ambos, pero yo no lo vi por ninguna parte.
-En todo caso, la renovación de Rajoy ha provocado una crisis en el PP ¿la ha detectado?
Estaría ciego si lo negara pero pienso que las aguas ya están más calmadas. De la noche a la mañana no se pueden convertir en adversarios o, aún peor, en enemigos quienes hasta hace cuatro días tiraban del mismo carro y aceptaban el mismo líder. No obstante, creo que en el relevo de la anterior dirección del Grupo se han fallado en las formas y así se lo he dicho a los interesados. Pero bien entendido que no se puede discutir el derecho de la portavoz del Grupo a formar su propio equipo, eso sí, sin relegar al ostracismo a quienes estaban en el anterior. Por poner un ejemplo, Ana Torme es una mujer muy valiosa, absolutamente leal al partido y a su presidente y a la que no se puede tildar de “diputada rebelde” como he leído por ahí. En cualquier caso, al nuevo equipo hay que darle un voto de confianza. Este partido acaba de empezar.
-Da la impresión que todas las caras de una estrategia de oposición, muy centrada en reivindicar una posible implicación de ETA en el 11-M, etc. están siendo apartadas del renovado PP de Rajoy…
Eso no es cierto. El Consejo de Dirección del Grupo Parlamentario es un órgano de dirección, pero el peso de la oposición recae, sobretodo, en los portavoces de área. Y yo sigo viendo en Justicia a Astarloa, a Gustavo de Arístegui en Exteriores y a tantos otros. Por otra parte, en todos esos asuntos en la legislatura anterior no se dio un paso sin tener el visto bueno de Rajoy.
-Precisamente Arístegui y Astarloa han reclamado a Mariano Rajoy que diga ya quién va a ser su equipo en la nueva dirección del PP. Y el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha dicho que no es bueno para el PP estar cuatro meses sin dirección…
Aunque no creo que esa fuera su intención, decir que el PP lleva cuatro meses sin dirección es tanto como negar a Rajoy la condición de director de la orquesta popular. Me parece bien que se sepa cuanto antes cuál ser la candidatura que va a presentar en el próximo congreso. Pero a Rajoy hay que darle el tiempo necesario para hablar con todos, verificar quién está dispuesto a compartir con él la dirección del partido para que su propuesta merezca el mayor grado de consenso. Dicho esto, aprovecho para decir que con declaraciones en la prensa no se resuelven las cosas, sino al contrario. Debiera cesar toda declaración que sirva para dividir y enfrentar. Hay que hablar con claridad y franqueza al propio Mariano Rajoy. A su vez el candidato, además de estar dispuesto a medir sus fuerzas con cualquier otro, debe llevar a cabo una política de apaciguamiento y de mano tendida. Difícilmente podremos tender la mano a otros si dentro de casa nos acuchillamos unos a otros. En cualquier caso, estoy absolutamente convencido de que la de Rajoy será una candidatura integradora renovación. No puede ser que entre unos y otros destruyamos ese gran activo que es el PP.
-Dicho elegantemente, esto suena a lo que le dijo Fraga a Esperanza Aguirre: que se calle…
No, no…yo no he dicho eso. Si alguien tiene algo que decir que lo diga. Pero que piense dos veces antes de hacerlo para valorar si lo que dice es bueno o malo para el partido, si va a unir a la gente o la va a desunir. Ahora bien, cada cual es muy libre de administrar sus palabras y sus silencios. En cualquier caso, el PP es un partido de ciudadanos libres a los que no se puede poner ningún bozal.
-Cree que Esperanza Aguirre se hizo esa reflexión antes de su conferencia en el foro ABC, o Mariano Rajoy, cuando dijo aquello de “el que no esté a gusto en el PP…”
Esa frase fue un error y así lo reconoció el propio Rajoy. Todos podemos cometer errores. Todos los militantes del PP, y especialmente sus dirigentes, debieran hacer un gran esfuerzo en este momento para evitar errores antes de que se produzca una división insalvable. Hay que serenar las cosas para que el Congreso sea un éxito y sirva para el relanzamiento del partido y la reafirmación de sus principios ideológicos sin perjuicio de la actualización de su pensamiento que no tiene por qué estar petrificado en lo que acordamos hace veinte años. Para eso está el debate en la ponencia política.
-¿Cree que será un Congreso pacífico y que de él saldrá un partido más fuerte y unido?
Eso espero del sentido de la responsabilidad de los compromisarios. Por otra parte, pienso que debemos evitar debates estériles como el de quién debiera ser el candidato para el año 2012. Estamos a casi cuatro años vista de las elecciones. Discutir sobre ello es estéril pues lo que ocurra de aquí a la convocatoria electoral es impredecible. En el Congreso de Valencia se elegirá una nueva dirección del partido para pilotarlo hasta el próximo Congreso que tendrá lugar un año antes de las elecciones generales. Será ese el momento de designar al candidato de acuerdo con las normas de elección interna que sería bueno que se pactaran en Valencia.
-¿Está el PP haciendo dejación de su labor de oposición, como apuntan algunos medios de comunicación, inmerso en su batalla precongresual?
Conozco muchas iniciativas parlamentarias que el Grupo Popular ya ha presentado y que no han tenido ninguna repercusión en la prensa. Me sorprende que se puedan hacer contra Rajoy algunas imputaciones como la de que ya no tiene idea de España, que ha renunciado a hacer oposición o, lo que me parece aún más grave, que ha traicionado a sus electores. Todo eso me parece desmesurado, sólo contribuye a destruir la confianza de los ciudadanos en el PP y a fortalecer al gobierno socialista. Quien asistió a la presentación de “Vascos y navarros” el otro día en la Puerta del Sol habría comprobado que entre Esperanza y Mariano no había ninguna diferencia de contenido y que el presidente del PP reafirmaba todo cuanto defendió en la pasada legislatura y en la campaña electoral sobre la idea de España. De todo esto no se ha dicho ni una palabra en los medios. Lo único que parece interesar es que fulano se va o se quiere ir a la empresa privada o que se ha reunido a almorzar con mengano o perengano.
-¿Está usted matando al mensajero?
No, pero el mensajero a veces pretende colar sus propios mensajes y alguna responsabilidad tendrá cuando magnifica unas cosas y oculta otras. Y ya sabemos que determinados medios de comunicación, de uno u otro signo, están en lo que están…
- Son los propios miembros del PP los que suelen facilitar las informaciones que ve usted publicadas y los que, en todo caso, les dan mayor importancia que a sus iniciativas parlamentarias…
Pues muy mal hecho. Me parece de una enorme cobardía filtrar noticias interesadas, para intoxicar…El que juegue a filtrar y a intoxicar en beneficio propio me parece un cobarde que no tiene ningún derecho a exigir nada.
-¿Cuando habla de los medios de comunicación que “están a lo que están…” está insinuando que “El Mundo” o la COPE están inmersos en una campaña contra Mariano Rajoy?
Hay una cosa cierta. El 10 de marzo, ese gran periodista que es Pedro J escribió que Rajoy tenía que irse. No necesitó para ello de grandes estudios sobre el resultado de las elecciones. Desde entonces no ha variado de opinión. En la radio el tono moderado de Pedro J sube de tono. Yo no sé si eso es una campaña o no, pero se le parece mucho. Como siempre he dicho lo que pienso, y estoy de acuerdo con el “somos libres”, lo digo en voz alta y estoy seguro, porque se trata de dos grandes defensores de la libertad de expresión, que mi discrepancia no me impedirá seguir colaborando en El Mundo y en la COPE.
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