Cicerón: “Breve es la vida que la naturaleza nos ha dado, pero el recuerdo de una vida bien empleada es eterno”.

En su ensayo “El dogma de Cristo”, publicado hace ahora cincuenta años, Eric Fromm señalaba que si el problema del siglo XIX había sido la muerte de Dios anunciada por Nietzsche, el problema del siglo XX   era la muerte del hombre.

 Casi un millón de personas se suicidan en todo el mundo, tods los años. En general, ponen fin a su vida más hombres que mujeres, y la edad más proclive para el suicidio son la juventud y la vejez.

Estos datos demuestran inequívocamente que vivimos cada vez más, como llamó el profesor, escritoy filósofo Heleno Saña, en la sociedad suicida. En mayor o menor medida, todos llevamos dentro el riesgo de la autoliquidación, y cuánto más sensible es una persona, más expuesta está a este trágico desenlace. Muchos de los espíritus más preclaros de nuestro tiempo se suicidaron: Gérard de Nerval, Stefan Zweig, Ernst Töller,Klaus Mann, Walter Benjamín, Cesare Pavese,Kurt Tucholsky, Primo Levi, Ernest Hemingway, Max Rapfael, Guy Débord, y hace poco Lluís Marìa Xirinacs. Y los que no se suicidiaron pensaron muchas veces en hacerlo, como confiesa Herman Hesse en ” El lobo  estepario”:” ¿Qué espíritu superior no ha pensado algua vez en despedirse prematuramente del mundo?”. Y no fue ciertamente para hacerse el interesante que Albert Camus dijera en ” El mito de Sísifo”, que el suicidio es el único problema importante de la filosofía.

La civilización moderna nos ha dado confort material y toda clase de ventajas técnicas , pero ha engendrado también monstruos de los que hablaba nuestro Goya. De ahí que crezca a pasos agigantados el número de personas que llegadas a la desesperación suprema y al ” point of no return” de su existencia no vean otra salida que la de poner prematuramente fin a ella. Aterrorizado por la brutalidad de la I Guerra Mundial, Freud llegó a la consclusión de que el hombre está condicionado no solo por el principio del Eros- como él habia creido-, antes sino por lo que él dominó “Todestrieb” o instinto tanático.

Casi todos los dramas personales están vinculados directa o indirectamente a experiencias sociales o interpersonales de signo negativo, y el encarcelamiento es una de ellas. Pero lo son también el amor correspondido o la misera. La primera es una experiencia eterna, la segunda histórica. No es ciertamente una casualidad que los países europeos con los índices más elevados de suicidio sean los de la Europa de Este, que son también los que después de haber dejado atrás las dictaduras comunistas no han podido o sabido adaptarse todavía la dureza capitalista y a su implacable ley de la competencia y del tanto tienes tanto vales.

El auge del suididio desmiente en todo caso rotundamente la teoría buguesa del progreso indefinido. Más lúcidamente, Max Horkheimer y Teodoro W. Adorno sostuvieron en su obra ” Dialéctica de laIlustración” que el racionalismo moderno llevaba en su seno, como un cáncer escondido, la negación de sí mismo y el paso hacia nuevas formas de barbarie. Los campos de exterminio nazis han dejado de existir desde hace tiempo, pero no el sufrimiento humano y la muerte no natural. ¿ A qué grado de desesperación ha de llegar una persona para separarse prematuramente de sus semejantes y elegir el reino del no ser y de la nada? ¿Será el sistema vigente de valores es, en contra de lo que afrman los fabricantes de fórmulas optimistas y edificantes, un sistema altamente inhumano que confirma,una vez más, la pleamar del nihilismo anunciada en su día por Nietzsche?. ¿ Cómo explicarse sino  los millones de seres humanos decidieran decir adiós a la vida?. Quizá tengan ahora la paz que no encontraron aquí.

Luís M. Xirinacs no murió… se fue.

Xirinacs, no podemos seguirte a Ítaca:  vuelves al viaje de tu vida … 

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